¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LA SALUD, SANIDAD Y PREVENCIÓN DE ENFERMEDADES?

Recopilado por Ritchie Pugliese

El equilibrio entre lo natural y lo sobrenatural

La sanidad bíblica está asociada con palabras que nos ayudan a alcanzar un total entendimiento del plan redentor de Dios.

Marpé” significa que estamos recibiendo una cura o que la cura está llegando (Malaquías 4:2). Otra interesante palabra asociada con sanidad es “te’alah”, la cual significa abrir o construir un canal de irrigación. Debemos recordar que el río de sanidad está abierto para el pueblo de Dios. Esto también puede ser visto como algo externo (Vea Jeremías 30:13). “Kelah” es otra palabra que significa “aliviar, calmar, hacer algo benigno menos severo” (Nehemías 3:19).

Una de las características de Jehová, cuando se reveló a sí mismo como “Raphá o Rophé” significa “uno que restaura las funciones a su normalidad” (Jeremías 17:14; Salmos 6:2). Las acciones de Dios no solo revelan su carácter sino que también están ligadas a su nombre o título divino.

Una fresca revelación del nombre de Jehová fue antes del gran hecho redentor de Éxodo. Cuando vemos el nombre de Dios, vemos los hechos de Dios. Gran parte de nuestro problema con la sanidad es nuestra falta de conocer a Dios como Jehová-Rophé.  Él se reveló a sí mismo entre su pueblo en el medio de las murmuraciones, quejas, dudas porque ellos necesitaban un sanador que los ayudara en el viaje hacia su cumplimiento.

La salud es una condición en la cual los componentes del cuerpo, mente, y alma están libres de enfermedades. Cada parte llega a ser un todo que funciona juntamente para promover la paz de la persona. La salud  no tiene nada que ver con la edad. La sanidad es un proceso, muchas veces incluyendo a la medicina, cirugía, para ayudar a que nuestra condición se repare. Esto puede ayudar a que seamos regenerados. Una parte del cuerpo enferma o dañada puede ser restaurada.

Therapeuo” (ia) es la palabra asociada con el acompañante que  cura (Juan 5:10; Lucas 9:11; 12:42; Apocalipsis 22:2). Algunas veces necesitamos ser el sanador que Dios utiliza. Entonces existe una gracia divinamente impartida que puede ser utilizada para asistir a la persona y que esta sea sanada (Lucas 4:18; 1 Corintios 12:9). “Sozo” significa salvar a alguien de una enfermedad (Marcos 5:23) y “diasozo” significa producir que una persona se escape del poder destructor de una enfermedad (Lucas 7:3).

La sanidad está asociada a las funciones físicas de nuestro cuerpo (Salmos 6; Lucas 7:21) sin embargo, la sanidad es mucho más que el buen funcionamiento del cuerpo. Dios quiere que nuestro espíritu, alma y cuerpo estén en plenitud y sean santificados (1 Tesalonicenses 5:23), por eso es muy importante entender la dimensión espiritual de la sanidad (1 Corintios 12:9, 28, 30).

Los recursos naturales alrededor nuestro pueden ser sanados. Eliseo lanzó sal en la fuente de agua de Jericó (2 Reyes 2:21-22). La sal puede hacer algo fresco. Vemos esto en la profecía de Ezequiel sobre el fluir del río de vida (Ezequiel 47). Las naciones también pueden ser sanadas (Oseas 6). Las llagas del Señor traen sanidad.

La palabra “enfermedad” es un término que implica mucho más que enfermedad, dolencia, debilidad, achaques, trastornos. Está asociada al sufrimiento y la pena. En Mateo 8:16-17 leemos: “Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.” (Vea también Isaías 53:4). La enfermedad también puede referirse a la incapacidad de una clase u otra. La enfermedad puede venir como resultado de defectos morales o espirituales que han causado que nos hayamos alejado de la voluntad de Dios. La enfermedad también puede estar asociada a la influencia de malos espíritus (Lucas 13:11).

La enfermedad también puede estar asociada con ciertas debilidades en nuestros cuerpos o a algo que ha originado esa debilidad, como ser, la pena, aflicción, amargura, tristeza y sufrimiento. Romanos 15:1 declara “que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles”. En este contexto, la debilidad es enfermedad. No solo Cristo llevó nuestras debilidades y enfermedades, sino que fuimos llamados a llevar las debilidades y enfermedades de nuestros hermanos en Cristo. Esto se llama intercesión. Romanos 8:26 dice: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”. Hemos sido llamados a interceder por el enfermo, lo cual nos permite traer ante el Señor en oración, algo que es más débil que nosotros.

Como creyentes en Cristo, no debemos descartar la medicina, sin embargo si no sabemos cómo movernos con los profesionales de la medicina podemos terminar perdiendo todo nuestro dinero y caer en endeudamiento.  Por eso es muy importante la prevención. Esta era la dinámica en los tiempos bíblicos. Muchas de leyes que Dios estableció eran para prevenir o combatir enfermedades. La dieta es una de las más importantes facetas de la salud, de la cual la Palabra habla mucho (ej: Levítico 11).

El vino era utilizado para ayudar a detener problemas y aliviar la pena y el malestar (1 Timoteo 5:23). Varios ungüentos y bálsamos eran utilizados en los tiempos bíblicos para la sanidad (Isaías 1:6). Santiago instruye el uso combinado de aceite, confesión de pecados, y autoridad espiritual para producir una sanidad (Santiago 5:14).

En un mundo saturado de lo químico y el excesivo estrés, es realmente milagroso permanecer saludable. El estrés causa mucho impacto destructivo sobre el cuerpo y el espíritu, y sin las fuerzas del Señor sería imposible vivir en este mundo. Jesús nos dijo que estamos en el mundo pero que no somos del mundo (Juan 17:11,14).

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