EL SECRETO DE LA MULTIPLICACIÓN

Por Ritchie Pugliese

Cuando Jesús enseñó sobre la parábola de plantar una semilla, todos lo entendieron perfectamente. El enseñó acerca de sembrar en la tierra y el potencial que tenía la semilla de producir, de sí misma, cientos de semillas.

Dependiendo de las condiciones del tiempo y del suelo, sumado a un extremo cuidado, la semilla podría producir a treinta, sesenta y ciento por uno.

Un agricultor, en los tiempos bíblicos, sabía que tenía que hacer cuatro cosas con la cosecha que había recibido, para asegurarse una nueva cosecha al año siguiente.

  1. Cuando la cosecha daba su PRIMER FRUTO, se lo consagraba a Dios como una declaración de fe, creyendo que la cosecha total sería muy bendecida. Proverbios 3:9 dice: “Honra a Jehová con tus bienes, Y con laprimiciade todos tus frutos”
  2. Cuando toda la cosecha se recogía, el agricultor levaba la décima parte, o DIEZMO, de la cosecha al depósito del templo, y se lo entregaba al Señor. La décima parte o diezmo era lo único que Dios requería y pedía del agricultor.
  3. Luego, él podía elegir si daba una OFRENDA VOLUNTARIA. Al hacer eso, él estaba plantando una semilla en el Reino de Dios. Él podía dar voluntariamente todo lo que quisiera además del diezmo. Dios no especificaba una cantidad o porcentaje exacto para dar una ofrenda.

Nuestro DIEZMO ES LO QUE LE PERTENECE A DIOS en primer lugar. Cuando lo damos, protegemos el resto de nuestras posesiones. Por eso Dios dijo que cuando diezmáramos, el reprendería al enemigo por nosotros, para que no tocase lo que nos pertenece (Malaquías 3:11). PARA EL GRANJERO El DIEZMO ERA UN SEGURO PROTECTOR.

Cuando decidimos dar una OFRENDA, además de dar el diezmo, estamos plantando una semilla que tiene la capacidad para MULTIPLICARSE a treinta, sesenta y ciento por uno.

El problema radica en nuestra expectativa de lo que sucederá después… creemos que las ventanas de los cielos se van a abrir y Dios derramará bendición hasta que sobreabunde porque hemos diezmado y ofrendado, pero luego nos damos cuenta que no nos multiplicamos. ¿Que ha sucedido?

Es necesario saber que todo lo que hemos hecho es importante, pero… es necesario dar un paso más…

    4. Desafortunadamente, muchos no entienden que la bendición que quiere derramarse es aquella bendición que multiplica la semilla. Para que eso suceda, la semilla necesita ser plantada EN ALGUN LUGAR DE LA TIERRA.

El granjero sabía que el diezmo y la ofrenda que llevaba al templo no producirían nada directamente. ¡Él no podía volver al templo luego de un tiempo para recoger una cosecha de lo que había dado y llevado allí!

El diezmo protegía sus cosas y la ofrenda producía una multiplicación espiritual, pero SI EL NO PLANTABA ALGO EN LA TIERRA, NO HABIA NADA QUE PUDIERA SER MULTIPLICADO POR DIOS.

Después de dar el diezmo y la ofrenda, todo lo que quedaba de la cosecha era para el agricultor … pero si él se comía todo y no sembraba, NO HABRIA COSECHA AL AÑO SIGUIENTE.

Entonces, además del diezmo y la ofrenda, el agricultor siempre tenía otra bolsa de semillas para plantar en la tierra. El diezmo iba al depósito de templo, la ofrenda era plantada en el Reino de Dios, y la otra semilla era plantada en la tierra.

Malaquías capítulo 3, lugar donde se promete abrir las ventanas de los cielos, habla acerca de la bendición sobre las cosas plantadas en la tierra, como ser, viñedos, cultivo y frutos, no de las cosas traídas al depósito del templo.

Hoy vivimos en una época diferente pero el principio es el mismo. Para nosotros hoy “la semilla plantada en la tierra” es nuestro trabajo, el estudio o capacitación para desarrollarse, un emprendimiento, un negocio o una inversión. Si no tenemos algunas de estas cosas no podremos multiplicarnos.

Entonces, aun cuando tengamos asegurada la bendición espiritual por diezmar y ofrendar, si no hay nada plantado en la tierra, Dios no lo puede multiplicar. Debemos ser diligentes y considerar como si fueran semillas a nuestro trabajo, estudio; capacitación, emprendimiento, negocio e inversión. Debemos activar todo esto para poder multiplicarnos en la tierra.

 ¿Entiendes ahora que para prosperar no basta con solamente dar el diezmo y ofrendar?

 

 

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