EL SECRETO DE LA MULTIPLICACIÓN

Por Ritchie Pugliese

Del agricultor podemos aprender sobre la fidelidad a Dios, cosecha e inversión

Cuando Jesús enseñó sobre la parábola de plantar una semilla, todos lo entendieron perfectamente. El enseñó acerca de sembrar en la tierra y el potencial que tenía la semilla de producir, de sí misma, cientos de semillas.

Dependiendo de las condiciones del tiempo y del suelo, sumado a un extremo cuidado, la semilla podría producir a treinta, sesenta y ciento por uno.

Un agricultor, en los tiempos bíblicos, sabía que tenía que hacer ciertas cosas con la cosecha que había recibido, para asegurarse una nueva cosecha al año siguiente.

1. El llevaba la décima parte, o DIEZMO, de la cosecha llamada primeros frutos, al depósito del templo, y se lo entregaba al Señor.

Para el agricultor, darle a Dios la décima parte era la seguridad que tenía de que Dios protegería todo lo que él tenía. La décima parte o diezmo era lo único que Dios requería y le pedía del agricultor.

2. Luego, él podía elegir si daba una OFRENDA VOLUNTARIA. Al hacer eso, él estaba plantando una semilla en el Reino de Dios. Él podía dar voluntariamente todo lo que quisiera además del diezmo. Dios no especificaba una cantidad o porcentaje exacto para dar una ofrenda.

Esa semilla produciría una bendición espiritual que originaría MULTIPLICACION. La décima parte, o diezmo, nunca debía ser sembrada de esa manera, pues La OFRENDA cumplía ese propósito.

Nuestro DIEZMO ES LO QUE LE PERTENECE A DIOS en primer lugar. Cuando lo damos, protegemos el resto de nuestras posesiones. Por eso Dios dijo que cuando diezmáramos, el reprendería al enemigo por nosotros, para que no tocase lo que nos pertenece (Malaquías 3:11). PARA EL GRANJERO El DIEZMO ERA UN SEGURO PROTECTOR.

Cuando decidimos dar una OFRENDA, además de dar el diezmo, estamos plantando una semilla que tiene la capacidad para MULTIPLICARSE a treinta, sesenta y ciento por uno.

El problema radica en nuestra expectativa de lo que sucederá después… creemos que las ventanas de los cielos se van a abrir y Dios derramará bendición hasta que sobreabunde porque hemos diezmado y ofrendado.

Desafortunadamente, muchos no entienden que la bendición que quiere derramarse es aquella bendición que multiplica la semilla QUE HEMOS PLANTADO EN ALGUN LUGAR DEL MUNDO.

El granjero sabía que el diezmo y la ofrenda que llevaba al templo no producirían nada directamente. ¡Él no podía volver al templo luego de un tiempo a recoger una cosecha de lo que había dado!

El diezmo protegía sus cosas y la ofrenda producía una multiplicación espiritual, pero SI EL NO PLANTABA ALGO EN LA TIERRA, NO HABIA NADA QUE PUDIERA SER MULTIPLICADO POR DIOS.

Después de dar el diezmo y la ofrenda, todo lo que quedaba de la cosecha era para que el agricultor lo comiera… pero si él se comía todo y no sembraba, NO HABRIA COSECHA AL AÑO SIGUIENTE.

Entonces, además del diezmo y la ofrenda, el agricultor siempre tenía otra bolsa de semillas para plantar en la tierra. El diezmo fue al depósito de templo, la ofrenda fue plantada en el Reino de Dios, y la otra semilla fue plantada en la tierra.

En cierta manera, la ofrenda era una semilla espiritual y la semilla plantada en la tierra era una semilla material, aunque las dos estaban conectadas entre sí. La ofrenda espiritual daría lugar al crecimiento y multiplicación de la semilla en la tierra. Para tener éxito, el granjero necesitaba de las dos.

Cuando hoy damos una ofrenda, produce una bendición espiritual sobre todo lo que tocamos, pero si no hemos plantado nada en la tierra, si no hemos invertido algo por allí, no hay nada que pueda ser bendecido.

Malaquías capítulo 3, lugar donde se promete abrir las ventanas de los cielos, habla acerca de la bendición sobre las cosas plantadas en la tierra, como ser, viñedos, cultivo y frutos, no de las cosas traídas al depósito del templo.

Hoy vivimos en una época diferente, donde recibimos un cheque o dinero en vez de semilla por nuestro trabajo. Hemos aprendido a gastar cada centavo y muchas veces ni diezmamos. Ocasionalmente damos una ofrenda pero ni pensamos en ahorrar algo de nuestra semilla (nuestro dinero), para hacer alguna inversión. Como resultado, aun cuando tenemos la bendición espiritual, no hay nada plantado en la tierra para que Dios pueda multiplicarlo en favor nuestro.

Nos sorprendemos porque no vemos la abundancia que la Palabra promete, pero nos olvidamos que si bien hemos diezmado y dado ofrendas, nos hemos comido la semilla en vez de plantarla en la tierra para que se multiplique. ¿Habías pensado en esto?

Para la comprensión total de lo que se trata en éste artículo, le invitamos a leer otro artículo titulado “El poder que hay en una sola semilla”. Para leerlo, entre al enlace de abajo:

Check Also

EL DON DE FE

Recopilado por Ritchie Pugliese En 1 Corintios 12:7-9 leemos lo siguiente: “Pero a cada uno …

EL ABISMO SIN FIN DE LA PORNOGRAFÍA

Recopilado y ampliado por Ritchie Pugliese Uno de los principales instrumentos que utiliza Satanás para …

Leave a Reply

Your email address will not be published.