EL FÚTBOL, MESSI Y LAS SIMILITUDES CON LA VIDA

El fútbol se ha transformado prácticamente en una pasión mundial, donde la gente se llena de emociones viendo a su equipo predilecto y vitorenado a sus jugadores preferidos, como Leo Messi, flamente ganador del mundial con la selección argentina en Catar 2022 y recientemente incorporado al InterMiami para jugar la liga de fútbol/Soccer de los Estados Unidos. Es increíble lo que este jugador produce entre la gente, causando por donde vaya una “revolución de admiración”.

El fútbol es asi, apasionante, por eso se le llama “pasión de multitudes”. Aunque no lo pareciera a simple vista he visto que existe similitudes entre este bello deporte y la vida,  las cuales quiero compartirlas en este artículo.

Veamos algunas similitudes:

1. Un partido de fútbol consta de dos tiempos de 45 minutos. Es decir, está dividido en dos períodos: primer y segundo tiempo. El segundo tiempo es la oportunidad que tienen los equipos de: a) continuar haciendo bien lo que han planificado o 2) de revertir la mala táctica de juego, errores cometidos en los primeros 45 minutos, y trazar una nueva estrategia para cambiar el resultado.

En la vida sucede algo similar. A veces, en el “primer tiempo” de nuestra vida, las cosas no han salido como pensamos, quizás por errores cometidos o por circunstancias adversas, no tuvimos los resultados esperados. Pero, gracias al Señor, si caminamos con él, tenemos una segunda oportunidad para corregir los errores, las fallas y revertir los fracasos del “primer tiempo”. Dios es un Dios bueno, por eso nos ofrece una segunda oportunidad, un segundo tiempo en la vida, para cambiar la estrategia, mejorar las cosas y revertir los resultados negativos.

2. El campo de juego tiene ciertas medidas aprobadas por la Federación Internacional del Fátbol (FIFA). Es decir que un campo de fútbol tiene medidas o límites. Dentro de esos límites, el juego se desarrolla bien, fuera de esos límites el juego pierde su esencia.

De la misma manera, el campo de la vida está circundado por unas líneas imaginarias que marcan el límite. Los seres humanos fuimos concebidos para tener límites, aunque a veces no los reconozcamos o los transgredamos. ¿Cuáles son los límites del campo de juego de la vida?

1) Los valores

2) El respeto

3) El libre albedrío

4) El desarrollo o productividad.

Cuando no respetamos esos límites, nos salimos de lo establecido y tenemos todas las posibilidades de perder el partido de nuestras vidas.

3. El fútbol se juega en equipo. Más allá de algunos que se destacan por su destreza deportiva individual, el fútbol es un juego de equipo. Esto nos enseña dos cosas:

1) Existen personas que son más capaces que nosotros, a quienes debemos reconocer, sin envidia, porque cada uno tiene un potencial especial dado por Dios. Donde yo soy fuerte la otra persona puede ser débil y viceversa.

2) Es importante darse cuenta que para conseguir logros en el partido de la vida es necesario trabajar en equipo, es decir, rodearse de otros con habilidades diferentes a las nuestras en la búsqueda de un objetivo común: ganar el partido. Para eso se requiere respeto del uno por el otro, humildad para no creernos superiores a los demás, reconocimiento de las virtudes de otros que yo no poseo y capacidad para fluir u operar en mi capacidad distintiva.

4. El jugador que se destaca es aquél que ingresa a jugar el partido con un espíritu de valentía. Debe aprender a vencer el temor y la oposición para jugar con valor y certeza de que nada ni nadie podrá intimidarlo ni vencerlo. Necesita aprender a dominar sus miedos y a prevalecer sobre ellos.

A menudo vemos que ciertos jugadores bajan su  rendimiento, especialmente en los enfrentamientos determinantes como las estancias finales de un campeonato o copa porque no han tenido un espíritu de valentía a la hora de jugar. Son paralizados por el miedo y temor.

Lo mismo sucede en el partido de la vida: Debemos aprender a vencer los miedos y temores y decidir jugar con valentía. Vivimos en días donde es muy fácil caer en el temor. Por eso debemos enfrentar cada día el partido de nuestra vida con un espíritu de valentía que solo Dios nos puede dar.

5. La pelota o el balón es el objeto más importante e imprescindible. Es imposible jugar al fútbol sin una pelota o balón. El concepto del fútbol gira en torno a este objeto.

Los buenos jugadores se caracterizan y destacan por haber aprendido a dominar y manejar el balón: realizan buenos pases, ejecutan buenos tiros al arco entre otras cosas.

Para los que tenemos a Cristo en el corazón, sucede algo similar: para jugar bien el partido de la vida necesitamos aprender a tener dominio de la “pelota o el balón”, que es la Palabra de Dios.

Los principios de las Sagradas Escrituras, son mucho más que conceptos religiosos, son trascendentales para maximizar la vida cotidiana y vivir mejor. De allí la necesidad de aprender a tener dominio de ella, como se hace con la pelota en el fútbol, para aplicarla a nuestra vida cotidiana.

6. Un partido de fútbol se juega con dos arcos. Los arcos son los que dan alegría o tristeza a jugadores, entrenadores y simpatizantes. Si en nuestro arco han convertido más goles que los que hemos convertido en el arco contrario, significa que hemos perdido el partido y nos afligimos y nos llenamos de tristeza. Si sucede a la inversa, nos alegramos y estamos llenos de felicidad. Los arcos determinan el triunfo o la derrota (y en algunos casos el empate).

Cada equipo debe trazar una doble estrategia: Por un lado, evitar que le conviertan goles en su arco y, por el otro, intentar hacer más goles al arco contrario.

En el partido de la vida, también existen dos “arcos”. Entonces, si tenemos buen dominio de la Palabra de Dios (en la figura de la pelota o balón), haremos buenas jugadas que nos ayudarán a convertir goles en el arco rival. Los goles a favor en el partido de la vida son las bendiciones de Dios.

Sin embargo, si no tenemos buen dominio de la Palabra de Dios (en la figura de la pelota), la perdemos, y el rival la tomará para hacernos muchos goles. Estos goles en contra representan las maldiciones.

Debemos cuidarnos de que el rival (el enemigo de nuestras almas) nos llene el arco de goles (maldiciones), y a la vez ocuparnos de tener buen dominio de la pelota (la Palabra de Dios) para hacer buenas jugadas que terminen en goles (bendiciones) a nuestro favor.

7. El jugador necesita entrenar durante la semana. El entrenamiento continuo y sostenido de un jugador de fútbol es muy importante para su desarrollo físico y profesional, tanto a nivel individual como colectivo.

El entrenamiento le suministra al jugador la capacidad de maximizar sus virtudes y corregir sus deficiencias, pero quizás lo importante es que le concede la fuerza o potencia para rendir al máximo en los partidos. Un jugador bien entrenado es un jugador apto para realizar un gran partido.

Cuando un jugador es perezoso para entrenar o no se entrena muy bien, se perjudica no solo a sí mismo, sino que también perjudica a sus compañeros de equipo.

A nivel personal, es superado por otros compañeros, lo cual le impedirá ser jugador indispensable y, como tal, titular. A nivel grupal, la falta de un buen estado físico, hará que sus compañeros tengan que hacer un doble esfuerzo para compensar esa falta de estado físico.

De la misma manera, para jugar el partido de la vida necesitamos estar bien entrenados o capacitados espiritualmente para enfrentar las adversidades y superarlas.

El partido de la vida es como una carrera de resistencia. Necesitamos entrenar la mente con los principios victoriosos de la Palabra de Dios para llegar hasta el final del recorrido a pesar de los problemas y los desafíos que enfrentamos en las distintas etapas de la vida y no sucumbir a medio camino.

Para desarrollar una actitud mental ganadora, necesitamos trabajar en nuestra vida espiritual: invertir tiempo a solas con Dios para hablar con Él en oración y permitir que Él nos hable a través de su Palabra.

8. El jugador debe cuidarse más allá del campo de juego. El entrenamiento de un jugador debe abarcar no solo el aspecto estrictamente futbolístico, sino también el cuidado de su vida privada.

Todos conocemos historias de grandes jugadores con notables destrezas futbolísticas y un gran potencial, que no llegaron a la cumbre de su carrera futbolística debido al descontrol que experimentaban en su vida privada.

Algunos arruinaron sus carreras por ir detrás del alcohol, las drogas, el sexo pervertido; otros por llevar una mala alimentación; otros por tener “salidas nocturnas” y descuidar su vida matrimonial. Tales excesos perjudican el rendimiento del jugador y le restan fuerza para estar física, mental y anímicamente aptos.

De igual manera, para el partido de la vida debemos aprender a cuidar nuestra salud con buenos hábitos alimenticios y ejercicio físico, cultivar una vida sexual saludable dentro del matrimonio y seleccionar bien con quienes nos rodeamos.  Esto implica alejarse de gente nociva y negativa, y rodearnos de quienes nos inspiran con su vida y ejemplo a seguir en el camino de la fe.

9. Un partido de futbol está dirigido por un árbitro o réferi, acompañado de varios ayudantes llamados jueces de línea. El réferi tiene la misión de dirigir el partido y hacer que se juegue lo mejor posible. Está siempre listo para advertir o amonestar al jugador cuando comete una infracción con una tarjeta amarilla y, como último recurso, hasta lo puede expulsar del campo de juego con una tarjeta roja. Además, la función del réferi y sus colaboradores es asegurar que la pelota no se salga de los límites establecidos por las líneas laterales y detrás de los arcos.

En el partido de la vida, hay una figura similar al árbitro que nos ayuda, corrige, advierte de nuestras malas acciones, y además nos cuida de que no nos salgamos de los límites estipulados: el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es el legislador o árbitro de nuestra vida, el que nos advierte del error cuando no estamos haciendo las cosas bien, el que nos amonesta cuando cometimos algún error y el que aún tiene la potestad de expulsarnos si somos muy rebeldes por transgredir las leyes y no continuar por el buen camino en la vida.

10. Los tiros libres y la barrera son momentos importantes en un partido de futbol. Los tiros libres se originan cuando el avance de un jugador es detenido por el rival, quien comete una falta contra él. En ese momento, el árbitro cobra la falta y determina un tiro libre a favor del jugador afectado o golpeado.

Antes de ejecutarse el tiro libre, y con la intención de evitar que la pelota llegue al arco y se convierta en gol, el equipo rival tiene la posibilidad de poner una barrera de uno o varios jugadores para obstaculizar la visión del pateador, a fin de que la pelota rebote en la barrera y no siga su curso hacia el arco.

El propósito de la barrera es impedir que la pelota se dirija y entre al arco. Cuando un tiro libre es bien pateado y traspasa la barrera, tiene muchas posibilidades de convertirse en gol. Se necesita mucha práctica para ser un buen lanzador de tiros libres y superar la barrera.

De igual manera, en el partido de la vida, enfrentamos barreras que representan los obstáculos que impiden nuestros goles (las bendiciones de Dios). Por eso necesitamos entrenarnos bien para superar las barreras de la vida y ejecutar buenos tiros libres con la pelota (la Palabra de Dios) para hacer goles y obtener las bendiciones de Dios.

11. El “cabezazo”. Cabecear la pelota o el balón es otra manera de hacer un pase y hasta convertir un gol. Ya hemos visto que la pelota representa la Palabra de Dios. De modo que “cabecear” significa tener la pelota (la Palabra de Dios) en la cabeza (en la mente) para utilizarla tanto en la faz defensiva como ofensiva.

Cabecear en la faz defensiva sirve para impedir el avance del equipo contrario. En el partido de la vida, debemos aprender a “cabecear” cuando los pensamientos malos o negativos pretendan controlar nuestra mente. Debemos rechazar tales pensamientos con la “pelota”, es decir, con las promesas de la Palabra de Dios.

También es posible “cabecear” en la faz ofensiva para hacer un gol (bendición). La mente renovada por la Palabra de Dios nos conduce a convertir goles (obtener las bendiciones de Dios).

Para finalizar

Habría otras similitudes para señalar, como por ejemplo, la Biblia nos muestra al mejor Director Técnico de todos los tiempos para el partido de fútbol de la vida:

1) Dios mismo fue el “gran director técnico” del equipo de las doce tribus de Israel en el Antiguo Testamento.

2) Jesús fue el “gran director técnico” de los doce discípulos que constituían su equipo de seguidores en el Nuevo Testamento.

Esta no pretende ser una enseñanza doctrinal, sino simplemente una comparación y aplicación práctica entre el fútbol y el partido de la vida que a todos nos toca jugar, y que el Señor ha destinado que ganemos.

Nunca olvides que para eso fuimos diseñados, como declara su Palabra: “En todas estas cosas [en el partido de la vida] somos más que vencedores por medio de aquel [Jesucristo] que nos amó” (Romanos 8:37, énfasis agregado).

 

@2023 Ritchie Pugliese

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