EL ESPÍRITU DE MUERTE EN LA IGLESIA – Parte 2 –

A continuación quiero mostrarle lo que sucede sobre una persona y/o congregación, cuando operan los poderes de la muerte. Quiero compartir con ustedes los grados de la decadencia espiritual.

La idea es que a medida que vaya leyendo, pueda, examinarse como hijo de Dios, siervo del Señor y como congregación, si usted es pastor.

Estos grados que compartiré operan como un “efecto domino”: Uno da lugar al otro y así sucesivamente. Es similar a una bola de nieve que viene cayendo de lo alto de la montaña y cada vez se hace más grande.

Vayamos, entonces, a analizar los grados de decadencia espiritual:

  1. EL FORMALISMO

Cuando en una vida o congregación se descuida la frescura espiritual y la presencia del Espíritu, comienzan a operar los poderes de la muerte originando el primer grado de decadencia espiritual, que es caer en el formalismo. ¿Qué es el formalismo? “Es hacer lo mismo que se hacía cuando estaba la vida del Espíritu, pero sin el poder y respaldo de Dios.”  Esto significa que sigo haciendo externamente lo que hacía antes, cuando había poder y respaldo de Dios; nada más (¡y nada menos!) que ahora no reina el poder y la presencia del Espíritu Santo. Es una cáscara exterior sin sustancia interior.

Viene a mi mente el ejemplo de Sansón quien por descuidar su voto de santidad, perdió poder espiritual, y “él no se había dado cuenta.” (Jueces 16:20.)

Tenemos mucha gente así dentro de nuestras iglesias y aun en el ministerio. Muchos asisten y participan en reuniones de poder y avivamiento, pero no viven con poder y avivamiento en sus propias vidas. Hablan de poder, pero no lo viven realmente. ¿Y qué de nosotros? ¿Qué está pasando en nuestras propias vidas y congregaciones locales? Tantas veces hacemos cosas sólo para competir y figurar en los primeros lugares, para tener la mejor iglesia, o llegar a ser el predicador más famoso, cayendo en un activismo enfermizo que llega a ser contraproducente para la vida del Espíritu de Dios y la frescura espiritual. Quizás, quienes nos rodean no se den cuenta que hemos caído en el formalismo (o no se animan a decirlo) pero Usted y Dios sí lo saben… El Señor está esperando que hagamos un alto para que nos humillemos ante Él, reconozcamos este grado de decadencia y adormecimiento espiritual en el cual hemos caído, y volvamos arrepentidos hacia el sendero de la frescura espiritual. ¡Es muy fácil caer en el formalismo, pero podemos salir de allí si lo deseamos realmente!

  1. LA TRADICIÓN

Cuando en una vida o en una congregación se pierde la vida espiritual y comienzan a operar los poderes de la muerte, se origina el segundo grado de decadencia espiritual, que es la tradición. ¿Qué es la tradición?: “Hacer lo que dice el hombre en vez de seguir la guía de la Palabra y del Espíritu de Dios.” En este grado de decadencia espiritual, se le da más crédito a los decretos de una organización que a la Palabra de Dios.

Hace varios años escuché a un gran predicador y maestro de la Palabra hablando sobre las tradiciones de los hombres. Él mencionó que el término “tradición” derivaba del término latino, “tradere” que se traduce como “traición.” ¡Qué fuerte es esto! Allí recibí luz de parte del Señor y me di cuenta que la tradición operando en nuestras vidas y congregaciones traiciona el sentir de las Sagradas Escrituras y la presencia del Espíritu Santo, por lo tanto impide alcanzar la frescura espiritual.

Existen creyentes e iglesias que aun en medio de un avivamiento permanecen ciegos y se cierran al obrar del Espíritu, argumentando: “nosotros no acostumbramos a hacer esto,” o que “nuestras reglas no lo permiten.” ¿Sabe algo?  En los tiempos de Jesús había personas que eran la tradición caminando. Se llamaban fariseos o separatistas. Ellos tenían como característica que no sólo le agregaban las tradiciones a la Palabra de Dios, sino que también le daban más importancia y valor a esas tradiciones humanas que a la Palabra de Dios. Marcos 7:9 dice: “Invalidáis el mandamiento de Dios para GUARDAR VUESTRA TRADICIÓN.”  Colosenses 2:8 dice: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas SEGÚN LA TRADICIÓN DE LOS HOMBRES y no según Cristo.

¿Cómo somos individualmente y como congregación local? ¿Estamos dando lugar con nuestras tradiciones religiosas (en forma directa o indirecta) a los poderes de la muerte?  ¿Estamos descuidando la frescura espiritual que viene por la poderosa presencia del Espíritu Santo? ¡Guárdanos Señor!

Miremos ahora el tercer grado de decadencia espiritual:

  1. EL LEGALISMO

Cuando en una vida o congregación operan los poderes de la muerte, la tercera cosa que se origina es el legalismo. Éste es parecido al anterior pero tiene ciertos rasgos diferentes. En este grado de decadencia se comienza a hacer demasiado énfasis en las reglas, leyes o normas, como si fueran algo supremo y “más” espiritual, pensando que esto es lo que da lugar a la Vida de Cristo y a la frescura espiritual.

En este estado espiritual las cosas de Dios pasan por prohibiciones, “esto no se puede, esto sí se puede” o “la religión no me lo permite”. Toda la vida cristiana se basa en una secuencia de prohibiciones que se practican no por una decisión genuina de un corazón quebrantado, sino por obligación forzada. Si caemos en el legalismo, nos veremos impedidos de disfrutar la verdadera libertad espiritual que viene como resultado de dar lugar a la presencia del Espíritu Santo. Gálatas 5:1 dice: “Estad pues firmes EN LA LIBERTAD CON QUE CRISTO NOS HIZO LIBRES y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”

Aquí no estamos hablando del libertinaje que conduce al pecado, sino de la libertad del poder del Espíritu que se disfruta cuando fluye la Vida de Cristo. ¡Muchas veces hemos pensado y, aun enseñado, que santidad en la vida cristiana consiste en obedecer una larga lista de prohibiciones para agradar más a Dios, cuando, en realidad, estamos viviendo “un santo legalismo”, una vida cristiana lastimosa que no glorifica Su Nombre.

Legalismo es hacer las cosas por obligación, libertad es apartarse de todo lo malo por convicción absoluta del Espíritu Santo. ¡En Cristo hay libertad para vivir en pureza y santidad gracias a la presencia del Espíritu Santo! ¡En Cristo hay libertad para vivir en frescura espiritual y caminar en una dimensión sobrenatural! ¿No nos estaremos confundiendo dando lugar al legalismo en nuestras vidas, pensando que eso es verdadera libertad y frescura espiritual? ¡Guárdanos Señor!

  1. EL MATERIALISMO

Los grados de decadencia espiritual son como una bola de nieve que a medida que va cayendo de la montaña se hace más y más grande. Ésta “bola de nieve espiritual”, al caer arrastra más y más cosas que no glorifican al Señor.

En este grado de decadencia, su característica es que ya no se busca primeramente al Rey del Reino (Jesús), como dice Mateo 6:33, sino a los beneficios del Rey (sólo bendiciones y gratificación personal). Se vive la vida cristiana por el solo interés de recibir “bendiciones” y no por un genuino amor al Dador de las bendiciones. Esta clase de “creyente” ve a Dios como una especie de mago o Aladino, donde con sólo frotar la “lámpara espiritual,” pretenden tener a Dios a su servicio para que les dé todo lo que le pidan egoístamente.

El materialismo es un grado de decadencia que afecta nuestras vidas personales y ministerios e impide el fluir de la frescura espiritual. La vida en el Espíritu es la que nos proporciona el equilibrio justo para, por sobre todo, amar al Rey Jesús y, como resultado de ese amor, recibir Sus bendiciones. Mateo 6:33 nos exhorta, primero y principal, a buscar el Reino de Dios sabiendo que lo demás vendrá por añadidura. ¿Buscamos a Dios solamente para que satisfaga nuestras peticiones egoístas sin importarnos Su persona? ¿Nos interesa más obtener las bendiciones materiales, que alcanzar la frescura espiritual? ¡Qué el Señor nos guarde de semejante grado de decadencia espiritual!

El último punto de la decadencia espiritual es:

  1. EL LIBERALISMO

Este es el punto más bajo de la decadencia espiritual. A esta altura ya se pierde el concepto de lo que es verdadero y lo absoluto, se cree más lo relativo del mundo que lo absoluto e inamovible de Dios. Ya no se diferencia lo santo de lo profano. Se tergiversa la Santidad de Dios, llamando bueno a lo malo, y a lo pecaminoso aceptable. En este nivel se utiliza el ministerio o servicio a Dios como un trabajo o profesión y una pantalla de promoción personal, sin importar el santo llamado de Dios y vivir una vida de santidad e integridad. En este nivel da lo mismo mentir o hablar medias verdades, ya se ha perdido la sensibilidad y el freno del Espíritu Santo para decirle no y huir del pecado. La presencia de Dios queda imposibilitada y/o retenida de obrar debido a la constante actitud pecadora, y a la falta de sentir el deseo de un genuino arrepentimiento. A esta altura, los poderes de la muerte se mueven con total libertad. De este paso, a la apostasía y muerte espiritual, sólo hay un paso.

 

Todo nuestro ser debería estremecerse al conocer los grados de decadencia espiritual, en los cuales todos podemos caer si descuidamos la vida  llena del Espíritu Santo. Como dije anteriormente, esta decadencia es como una bola de nieve que viene cayendo desde lo alto de la montaña. Empieza pequeña, pero su estado posterior, descendente, es más y más grande y, a la vez, destructor de la genuina vida espiritual.

No importa cuán bajo hemos caído en nuestra vida espiritual. Lo más importante es que Dios está interesado en levantarnos para que experimentemos la frescura del Espíritu Santo y caminemos en una dimensión sobrenatural, si realmente queremos levantarnos espiritualmente.

Éste es un tiempo donde el Señor, a través de su Espíritu Santo, desea obrar como nunca antes en la Iglesia de Cristo. No pierda este tiempo especial de Dios viviendo en decadencia espiritual. Colóquese bajo la cobertura del Espíritu Santo, y prepárese a experimentar en su vida un cambio de rumbo hacia la verdadera frescura espiritual, ¡pues es tiempo de caminar en una nueva dimensión sobrenatural!

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