UN MAL DE ESTE TIEMPO: EL ANALFABETISMO BÍBLICO

Por Ritchie Pugliese

Según el diccionario de la RAE (Real Academia Española) un analfabeto es aquella persona que no sabe leer ni escribir; es ignorante, sin cultura, o profano en alguna disciplina.

Se dice que el analfabetismo es la “cualidad” de la persona analfabeta, aquella que no sabe leer ni escribir y tiene falta de instrucción elemental.

Los términos seculares de “analfabeto” y “analfabetismo”, espiritualmente hablando,  se pueden aplicar a una realidad que pareciera avanzar en nuestro Cristianismo moderno. En los días que vivimos existe un mal llamado “analfabetismo bíblico”.

¿Qué es el analfabetismo bíblico?  Lo podríamos definir de la siguiente manera:

“Es la carencia de conocimiento básico y elemental que padecen algunos cristianos debido a que no manifiestan interés por aprender, entender y profundizar los principios revelados en la Palabra de Dios.”

Hoy nos encontramos con cristianos que fundamentan su creencia más en experiencias, que en la sustancia de la Palabra de Dios. Quizás conozcan algunas de las historias bíblicas  pero si se les preguntara las cosas básicas o fundamentales acerca de su fe se verían en aprietos para responder porque carecen del conocimiento elemental.

Hoy estamos experimentando un problema de carencia y escasez de transmisión de los principios bendecidos de la Palabra de Dios. Resultado: El analfabetismo bíblico creciendo y el pueblo cada vez más ignorante… ¡Y esto es muy peligroso! Oseas 4:6 dice: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.”

Este pasaje es un llamado de advertencia donde se menciona que tanto el pueblo como los ministros (líderes) corren peligro si no le prestan la atención adecuada a la Palabra de Dios.

En cuanto al pueblo dice que puede ser destruido. ¿Por qué? Por la falta de conocimiento. ¿Cuál conocimiento? El de la Palabra de Dios.

¿Predicadores sin Biblia?

Se supone que el conocimiento del pueblo proviene principalmente a través de las enseñanzas de los siervos de Dios y la búsqueda personal. Se supone que los ministros deberían leer, meditar y estudiar la Palabra de Dios con regularidad. ¡Pero pareciera que esto no era así! Por eso la advertencia para los que ministran es “desechaste el conocimiento” y “olvidaste la ley de tu Dios”.

Este es el reflejo lamentable que vemos hoy día en algunos sectores de la Iglesia, donde algunos ministerios no se caracterizan por tener un plan sostenido para que sus miembros aprendan la Palabra de Dios.

Cuando leemos las características que deben tener los ministros de Efesios 4:11, leemos en Tito 1:9 una de ellas: “retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.”, dando a entender que los siervos de Dios deben ser hombres equipados y adiestrados en la Palabra para poder transmitirla bien a los demás.

En las Epístolas llamadas pastorales se hace mucho énfasis en la “sana doctrina” (1 Timoteo 1:10; 6:3; 2 Timoteo 4:3; Tito 2:1). Es interesante destacar que la palabra “sana” proviene de la palabra griega “hugiaino” que significa “higiene saludable”. Conocer las Sagradas Escrituras nos permite disfrutar de una higiene saludable espiritual.

En Hechos 6:4 los líderes de la iglesia eran hombres de la palabra: “Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.”

Es evidente que nuestra fe depende de la Palabra de Dios como lo dice Romanos 10:17 “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”

La Palabra y el Espíritu

Es importante aclarar que combatir el analfabetismo bíblico no significa solamente saber la Biblia de memoria o estudiar teología. Se hace necesario, además,  fusionar la Escritura con la presencia viva del espíritu Santo. Caso contrario lo único que habremos leído será un libro poético, de ética o religioso.

Jesús les dijo a los religiosos de su tiempo en Mateo 22:29 “Entonces respondiendo Jesús, les dijo: “Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios.” y en Marcos 12:24 “Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?”

Jesús se distinguió de los fariseos y escribas que conocían la Palabra de memoria, porque él hablaba con autoridad. Por eso les dijo en Juan 6:63 “las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.”La gente percibía la diferencia entre Jesús y los religiosos hebreos. Jesús hablaba con autoridad como dice Marcos 1:22:“Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.”

Cuando fusionamos la Palabra de Dios con la presencia del Espíritu Santo, la vida de Dios se manifiesta tangiblemente y las vidas son transformadas para mejor. Marcos 16:20 dice: “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.” ¡Esto es la sobrenaturalidad de la Palabra de Dios!

Note las palabras del pasaje“el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. ¿Qué hace el Señor cuando fusionamos la poderosa Palabra con la presencia del Espíritu? El confirmará la Palabra con señales. Note que no dice que él “confirma las señales con la Palabra” sino al revés. ¿Cuál es la diferencia? Cuando ponemos el fundamento correcto de la Palabra primero, las manifestaciones posteriores del Espíritu serán de procedencia divina. No poner el fundamento de la Palabra primero, no garantiza la autenticidad de lo milagroso.

Para eliminar el analfabetismo bíblico es necesario la participación activa del Espíritu Santo, que es el que le da vida a todo lo relacionado con la Palabra de Dios. En Juan 6:63 leemos:“…Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.”

El analfabetismo bíblico es un mal que puede afectar a cualquier creyente descuidado.

Que el Señor en este tiempo abra nuestros ojos para ver esta realidad espiritual latente que pretende impedir que seamos hombres y mujeres de la Palabra. Decidamos en este día hacer los ajustes necesarios (sea como creyentes o como líderes al frente de una congregación) para que podamos ser lo que hemos sido llamados a ser: ¡Hombres y mujeres de la Palabra de Dios!

Por todo lo que he comentado, hay un clamor ferviente y desesperado de aquellos que valoramos los principios de la Palabra de Dios que dice: ¡Ahora es el tiempo de volver a la Palabra de Dios!

Preguntas para la reflexión:

1.           A pesar de mis ocupaciones, ¿Invierto tiempo suficiente cada día y todos los días para leer, meditar y estudiar la Palabra de Dios?

2.            ¿He llegado a un punto en que no sé qué leer o meditar de la Palabra de Dios?

3.            ¿Conozco la diferencia entre leer, meditar y estudiar la Palabra?

4.            ¿Leo, estudio y medito en la Palabra por costumbre o por qué realmente siento en mi interior el deseo de hacerlo? ¿Lo hago más por costumbre o disciplina que por deleite?

5.            Antes de iniciar su tiempo de lectura, meditación o estudio de la Palabra, ¿le pide al Espíritu Santo que vivifique ese tiempo y que rompa de usted todo “espíritu religioso” en el proceso de “leer, meditar, estudiar la Palabra”? ¿Experimenta deleite y gozo al leer la Palabra de Dios?

6.            ¿Qué cambios o ajustes necesita hacer para tener un encuentro diario con Dios a través de Su Palabra?

7.            Como líder espiritual, que predica regularmente, ¿se ha puesto a pensar si lo que predica y enseña son más doctrinas de hombres o predicaciones de moda que los fundamentos de la Palabra de Dios?

8.            ¿Invierte mucho tiempo en sus prédicas para “adornar” el mensaje con historias y bromas que hacen reír a la gente? ¿La gente sale de la reunión donde usted predica impactada por la Palabra o más por las historias y bromas dichas desde la plataforma?

9.            ¿Su ministerio tiene un sistema de enseñanza para niños, adolescentes, jóvenes y adultos?

10.          ¿Le enseña regularmente a su congregación los puntos necesarios para que ellos sepan a quien le creen (Dios), por qué creen? ¿Los miembros de su congregación saben lo que creen y están capacitados para defender bíblicamente lo que creen?

11.          En el programa general de su iglesia local, ¿Cuál actividad debería cancelar para darle más lugar a la impartición de los principios de la Palabra de Dios?

12.          Usted como siervo de Dios, ¿ha sido presa también del analfabetismo bíblico sin darse cuenta hasta hoy?

¡Ahora es el tiempo de dejar de ser “analfabetos espirituales”, ahora es el tiempo de volver a la Palabra de Dios!

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