LA UNCIÓN DE CALEB

SI ERES PARTE DE LA TERCERA EDAD, ¡HAY UNA PALABRA ESPECIAL DE DIOS PARA TI!

La llamada “tercera edad” surgió como concepto por vez primera en Francia, en 1956. Su uso se atribuye al doctor Huet, entonces presidente del Centro Internacional de Gerontología Social, radicado en París. La denominación se aplicó a las personas que abandonaban el ámbito laboral al alcanzar la edad de jubilación. La ONU establece la edad de 60 años para considerar que una persona es adulta mayor, aunque en los países desarrollados se considera que la vejez empieza a los 65 años.

(Fuente: Google)

En nuestra sociedad tradicionalmente se ha presentado a la “tercera edad” como el cierre de un capítulo de la vida, donde el término “jubilado” comienza a sonar con frecuencia en la mente, indicando sutilmente que la persona “ya no sirve para mucho” o directamente “no sirve para nada”.

Más allá de la realidad de la vida y el paso del tiempo, en los últimos años los lapsos para considerarse “jubilado” se han extendido pues son muchos los de la tercera edad que con vigor no se rinden y siguen planificando sus vidas con actividades, por muchos años más.

Así como sucede en lo natural, creo que en este tiempo Dios quiere hacer algo especial con aquellos que son parte de la tercera edad. Dios tiene preparado para ellos una bendición especial.

Para ser sinceros, aun dentro del círculo cristiano existe el concepto de que la persona que ya tiene una edad madura, debería retirarse o dar un paso al costado para darle lugar a la juventud.

Quizás como resultado de esta forma de pensamiento, te ha sobrevenido el pensamiento que para las cosas espirituales y el servicio a Dios “ya estás viejo”. Esto te ha llevado a pensar que aun Dios mismo ya te considera “un viejo”, una persona que ya no puede servirle.

Si has sido uno de los que ha pensado de esa manera, tengo TRES cosas para decirte de parte del Señor:

La primera cosa es que Dios nos ve a todos, sin importar la edad, como personas útiles para cumplir su plan en la tierra y extender el Reino de Dios. Dios no descarta a sus hijos por la edad.

La segunda cosa que quiero que sepas en esta hora es que Dios tiene preparado para ti una unción especial. ¡El Señor quiere derramar sobre ti “la unción de Caleb”!

¡La tercera es que el Señor te abre caminos y te otorga un nuevo territorio para servirle!

¿Qué significa “la unción de Caleb”?

Para entender lo que significa la unción de Caleb debemos ir a un relato bíblico. Es mi anhelo que la palabra misma exprese lo que el Señor quiere hacer contigo en esta hora.

El pasaje de Josué 14:6-14 dice lo siguiente: “Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios. Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad. Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel.”

Este relato contiene lo que yo he llamado la “unción de Caleb”, que es la unción que Dios da para ministrar con poder y efectividad en la edad madura.

Caleb fue a ver a su compañero Josué y le dijo lo siguiente:

  1. A pesar de que soy de la tercera edad (85 años);
  2. Estoy con mucha fuerza (como la tenía a los 40 años);
  3. ¡Dame una tierra para conquistar! –

Resultado: ¡Recibió lo que pidió!

Caleb tenía la fuerza de Dios y, a pesar de su edad avanzada, se le asignó un territorio para conquistar.

Así como sucedió con Caleb en el pasado, el Señor te dice en esta hora:

“Hijo mío, a pesar de que el tiempo ha pasado, y ya eres una persona de la tercera edad; tengo planes contigo. Todavía quiero utilizarte con poder. Por eso en esta hora renuevo tus fuerzas con la unción de Caleb y te asigno un nuevo territorio donde podrás servirme efectivamente”

Esta palabra específica es para aquellos que estaban pensando en “tirar la toalla” por su edad madura; es para alguien que había sentido que ya no existían posibilidades de servir a Dios ni que se le abrieran puertas a esta altura de la vida debido a su edad madura; es para aquellos que estaban pensando renunciar a lo que estaban haciendo porque ya se consideraban “viejos”.

Dios en este tiempo suelta sobre tu vida la “unción de Caleb” para conquistar nuevos territorios. Esta unción está resumida en el Salmo 92:10 “tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; Seré ungido con aceite fresco.”

Con la “unción de Caleb”, serás en esta etapa gloriosamente utilizado por el Señor! Junto con la unción de Caleb se abren nuevas puertas y posibilidades concretas para servir al Señor.

Te animo en esta hora a no dudar, cree que el Señor te está dando esta palabra directiva, e impartiendo de su unción para ser utilizado con poder en una nueva dimensión!

Si has sentido el impacto de esta palabra en tu corazón, y crees que es una palabra para ti, te invito a hacer esta sencilla oración:

Gracias Señor porque pensaba que ya estaba para retirarme y que no habría nuevas posibilidades para servirte por mi edad, y tú hoy me dices que me impartes la unción de Caleb y me asignas un territorio para poder servirte. ¡Te creo Señor y lo recibo por fe! ¡Muchas gracias, oh Dios! ¡Amén!”

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