Recopilado por Ritchie Pugliese

La duda es con lo que todos los cristianos batallamos continuamente. Aún los mejores santos de Dios necesitan ayuda para fortalecer su fe.

Cuando vemos los ejemplos bíblicos, como ser el caso de Abraham en Génesis 15:6-8 la Biblia dice que el “creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra. Y él respondió: Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?”

Abraham le creyó a Dios pero aun así le pidió una señal. Quería una señal para fortalecer su fe. Lo mismo sucedió con Gedeón en Jueces 6:36-40. El creyó pero aun así quería una señal concreta para fortalecer su fe.

Lo mismo le sucedió a Juan el Bautista en Mateo 11:1-6. Vemos que el creyó pero quiso tener una señal concreta para afirmar más su fe. No era que él no creía. El creía pero quería una evidencia concreta, una señal concreta. Por eso envió a dos de sus discípulos a preguntarle a Jesús.

Muchas personas de la Biblia, considerados gigantes de la fe, tuvieron momentos de duda. Esto no significaba que ellos tuvieran menos fe sino que su fe estaba siendo desafiada de una manera nueva, hacia nuevos niveles. ¿A qué me refiero cuando menciono que tuvieron tiempos de duda? Que existieron situaciones en sus vidas que desafiaron su fe, cosas inusuales, poco comunes, muy difíciles que tuvieron que atravesar.

Si estamos genuinamente buscando una salida o solución de Dios a pesar de tener dudas, debemos saber que a Dios no le importa nuestra duda mientras ella nos acerque más a él.

Existen situaciones en la vida que desafían nuestra fe, cosas difíciles de atravesar. ¿Cuáles son aquellas situaciones actuales de nuestras vidas que están desafiando nuestra fe? Permitamos que esas situaciones nos acerquen a Dios y que no nos alejen de Dios.

En el caso de situaciones difíciles prolongadas, como ser una enfermedad, dolencia, pobreza, adversidades, puertas cerradas y cosas semejantes a estas, uno pareciera sentirse tentado a dudar de la capacidad de Dios y de su deseo de ayudarnos. Nuestra fe está siendo desafiada de una manera nueva. Todas esas difíciles situaciones originan en nosotros ansiedad, preocupación, pánico y duda que pretenden atacar nuestra fe en Dios. En esos momentos es donde uno empieza a preguntarse: ¿Por qué Dios no hace nada? ¿Podrá él sacarme de esta situación?

¿Recuerda en Mateo 14:27-31 como Pedro dudó cuando había comenzado a caminar sobre las aguas?: “Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”

¿Recuerda cuando Jesús también le dijo a Pedro que volviera a tirar las redes para volver a pescar luego de haberlo intentado sin resultados? A Dios no le importa la duda mientras ella nos conduzca a buscarle más a él para las respuestas de nuestros problemas…. Pero atención… la duda puede transformarse en un pecado si nos aleja de Dios, si nos hace caer en el escepticismo y la dureza del corazón incrédulo. La duda puede convertirse en un pecado si nos conduce a alejarnos de Dios y a no confiar en sus promesas.

En la medida que nos acerquemos más a Dios, en medio de nuestras dudas, encontraremos la fuerza para confiar en él.

Una de las tácticas del diablo es hacer que dudemos de la bondad de Dios y que pensemos que todo lo malo viene por su culpa. El enemigo intentará también que usted se olvide de todo lo que Dios hizo por usted en el pasado y hará que usted se enfoque solamente y exclusivamente en lo que no tiene. Si usted invierte demasiado tiempo pensando en lo que no tiene es muy probable que usted se deslice de su fe cayendo en una duda maligna, pecaminosa que lo aleje de Dios.

Cuando atravesemos momentos de duda, reconozcamos la bondad de Dios inmediatamente. A veces caemos en el error de que luego que hemos recibido algo de Dios, nos olvidamos de lo que hizo por nosotros. Nunca más lo recordamos y hasta llegamos a creer a veces que no fue “una gran cosa” que hizo Dios… ¿se da cuenta como trabaja en su mente el diablo para hacerle dudar de Dios y para minimizar lo que el Señor ha hecho por usted en el pasado?

El enemigo nos hace pensar que la sanidad que recibimos, no fue algo tan grave, cuando usted sabe que por la misma enfermedad muchos han muerto o están postrados en una cama en el hospital. A pesar de que hemos recibido esa bendición de Dios, la menospreciamos y no la recordamos. ¡Nunca dudemos de la capacidad y deseo de Dios de ayudarnos hoy como lo ha hecho en el pasado!

Leemos en 1 Samuel 17:37 que cuando David fue traído delante del rey para defender su causa y que lo dejaran pelear contra Goliat, dijo: “Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo. “

David simplemente testificó cómo Dios lo había librado en el pasado de las garras del león y del oso…. A veces nosotros, lamentablemente, no mencionamos, como David, lo que Dios ha hecho por nosotros. Dios a todos nos da de su evidencia para que continuemos creyendo en él cuando los problemas surjan.

La duda viene cuando fracasamos en observar con detenimiento la evidencia de lo que Dios ya hizo por nosotros en el pasado.

Necesitamos invertir tiempo para reflexionar acerca de lo que Dios hizo por nosotros en el pasado.

Muchos somos como el hombre que le pidió a Dios un par de zapatos. Dios le dio el dinero y cuando estaba por entrar en la zapatería vio a un hombre sin piernas…

Cuando tengamos dudas, revisemos y pensemos lo que Dios ya ha hecho en nuestras vidas. Al hacer esto nuestra confianza en Dios va a crecer y nos dará fe para creer que el también obrará en nuestra difícil situación presente.

Cuando estemos luchando con la duda invirtamos tiempo para recordar lo que Dios hizo por nosotros y su fe crecerá y usted sabrá que su problema no es como el de los demás que no tienen a Cristo en su corazón, sino que su problema será para la Gloria de Dios y que la solución está en camino. Usted creerá que su situación presente será vencida por Dios como ya lo hizo en el pasado. Usted crecerá en la confianza de que Dios nunca le fallará ni abandonará porque jamás él ha hecho esto en el pasado. Sea paciente y deje que Dios solucione sus problemas según Su agenda. El tiempo de Dios es el mejor y en el tiempo de Dios, todo es bueno. ¡Amén!

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