Por Ritchie Pugliese

En Ezequiel 37 encontramos un cuadro profético referido y dirigido al pueblo de Israel, pero, si lo miramos bajo la óptica Divina, también encontraremos que tiene mucho para decirnos a nosotros hoy que estamos atravesando un valle.

Observando el pasaje vemos que el profeta fue llevado por el poder del Espíritu Santo a un valle donde solo había huesos “muchísimos… y secos en gran manera” (v.2). En ese lugar no había ninguna posibilidad aparente de vida, todo era desolación y muerte. El profeta estaba inmerso en una situación imposible.

Los vv. 1 y 11-13 resumen prácticamente de dónde nos quiere sacar el Señor:

a) v. 1 Del valle de los huesos secos en gran manera (vv.11-13):

b) Del valle de la desesperación

c) Del valle de la destrucción

d) Del valle de la muerte

En la Biblia, la palabra “valle” está asociada con tiempos de dolor, desierto, sequía, sombra y muerte (Salmo 23:4). Quizás su vida hoy sea un reflejo de lo que el pasaje de Ezequiel está revelando: Usted se encuentra totalmente rodeado solo de dificultades, dolor y desesperación. ¿Te identificas con la situación del profeta?

Es difícil poder imaginarnos lo que habrá sentido el profeta al ver un valle lleno de huesos secos en gran manera. La expresión “secos en gran manera” nos dice que eran huesos secos desde hacía mucho tiempo. Es verdad, en el valle solo puede haber huesos secos y en gran manera, donde pareciera que todo ha llegado a su fin…

En medio de semejante cuadro desolador, pareciera que el Señor quiere probar y a la vez desarrollar la fe del profeta porque le pregunta si esos huesos podrían vivir (v.3). El profeta responde con una evasiva diciendo: “tú lo sabes”. Luego de esa respuesta, el Señor le dice que le profetice a los huesos secos para que escucharan la Palabra de Dios (v.4) ¿Te imaginas al profeta hablándole a los huesos secos? Es probable que el profeta haya pensado: – Ellos no pueden oírme pues sólo son huesos -. Pero la orden de Dios era que aunque no entendiera, abriese su boca y diese la palabra de fe.

Aquí aprendemos una verdad poderosa y poco practicada por el pueblo de Dios. Cuando estamos rodeados de valles y huesos secos, que representan las dificultades, debiéramos imitar al profeta y obedecer al Señor. Es decir, Confesar las promesas de la palabra de Dios en medio de las circunstancias adversas.

Necesitamos entender que existen tiempos y momentos espirituales donde en vez de pedirle a Dios que haga algo, tendremos que levantarnos con la autoridad del Espíritu Santo para nosotros hacer y decir algo. Dejaremos de pedir y comenzaremos con la Unción del Señor y el sustento de la Palabra de Dios a dar una palabra creativa, de fe sobre las circunstancias adversas. ¡Para esto es necesario actuar en fe y no pensarlo demasiado porque sino dudaremos!

Es conveniente aclarar que dar una palabra de fe o confesar las promesas de la Palabra de Dios ante una necesidad, no sólo es cuestión de repetir una y otra vez las promesas de Dios a viva voz como si fuera algo mágico. De nada sirve leer y declarar las promesas de Dios para nuestra necesidad sino viene acompañada de fe y de dos ingredientes importantes:

1. La palabra de fe que se va a proclamar tiene que ser una palabra de acuerdo a las promesas dadas en la Palabra de Dios y/o por recibir una palabra “rema” de Dios.

Esto no es arte de magia donde uno repite algunas palabras misteriosas. Lo que decimos debe tener el respaldo y fundamento de las promesas reveladas e infalibles de la Palabra de Dios. Sin esto sólo seremos personas que hablan palabras al aire pero sin causar un impacto espiritual.

2. Tiene que ser dada en el tiempo correcto y oportuno.

Como dijimos anteriormente debemos discernir espiritualmente en el tiempo que estamos. Muchas veces es necesario pedir en oración, otras solamente alabar y adorar a Dios para ver su victoria y otras, como estamos viendo en este artículo, es indispensable en ciertas circunstancias y situaciones dar una palabra de fe para que ellas sean cambiadas por el poder de Dios.

La Palabra de Dios es creativa (puede ver eso en el proceso de la Creación (Génesis 1) donde la frase “dijo Dios” se repite una y otra vez. El resultado de la palabra dada fue que se puso en marcha el milagro de la gestación o la creación de lo que Dios dijo. Él dice y se hace realidad. La palabra “invisible” pero real dio lugar a lo visible. Hebreos 11:3 dice: “lo que se ve (lo físico, natural) fue hecho de lo que no se veía (la Palabra de Dios). ¡Esto mismo puede suceder si le creemos al Señor y damos la palabra de fe!

Dios quiere que tú también salgas del valle horrible y desolador que le rodea, y la manera es que te levantes en fe y confieses o declares la palabra de fe.

Volviendo al pasaje, vemos en el v.7 que cuando el profeta dio la palabra algo sucedió: “hubo un ruido… y un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso”. Al dar la palabra de fe, algo empezó a suceder en el valle. Esto es lo mismo que sucederá en medio de los valles de nuestras vidas. En vez de hundirnos en la depresión y la tristeza, debemos ejercer fe (aun sin sentir nada) y la palabra creativa hará algo increíble.

A continuación quiero detallar tres cosas que hizo el Espíritu con esos huesos, y te aseguro, es lo que el Espíritu Santo en este tiempo también quiere hacer en nuestras vidas:

1) (v.7) El ruido, el temblor y los huesos acomodándose cada uno en su debido lugar nos da la idea de que Dios por su Espíritu quiere ACOMODAR LAS COSAS QUE ESTAN DESARREGLADAS O DESORDENADAS EN NUESTRAS VIDAS. Lo primero que se acomoda es la estructura o el fundamento. Esto es lo que el Señor quiere hacer en su vida: Poner en ORDEN el fundamento o la estructura para edificar algo nuevo en este tiempo. Él quiere ordenar tus fundamentos o estructura.

Pero aquí no termina la obra del Espíritu…

2) (v.8) Encontramos aquí que “los tendones, la carne y la piel” se va sumando a los huesos acomodados cada uno en su debido lugar. La segunda cosa que el Espíritu Santo hace es el proceso de RESTAURACIÓN O REPARACIÓN. Una vez que la estructura o fundamento está acomodado en el orden divino, lo que viene a continuación es la restauración, ¿Puedes creer esto para tu vida hoy si solo buscas más de la presencia del Espíritu Santo?

Leer esto, me conmueve y me hace gritar un fuerte ¡Aleluya!, ¡Gloria a Dios!, pero aún falta un paso de lo que el Espíritu Santo quiere hacer en nosotros, falta algo más…

3) (v.9) Aquí el profeta otra vez debía dar la palabra creativa, pero no a lo visible sino a lo invisible. Debía hablarle al espíritu de esos cuerpos completos pero sin vida. Por eso, él invoca al Espíritu de Dios para que venga de los cuatro vientos y sople sobre los cuerpos muertos. El resultado fue que ellos RECIBIERON VIDA, Y FUERZAS PARA PONERSE EN PIE.

Note la secuencia de lo que Dios quiere hacer:

1) Ordenar los fundamentos o estructura;

2) Traer restauración y reparación y

3) El propósito final de Dios es manifestar la vida del Espíritu.

¡Él quiere sacarnos del valle para llevarnos a la gloria! Dios no solo quiere ordenar las cosas en nuestras vidas, sino que además pretende restaurarlas para que fluya la vida del Espíritu, la cual trae el movimiento y avance en el camino de la bendición.

Quizás tu vida y circunstancias hoy sean un valle de lágrimas y desesperación, pero no temas, no es el final, ¡El Señor quiere ordenar, restaurar lo que debe ser restaurado y darte vida para que te levantes en el Nombre de Jesucristo! ¡Créelo de todo corazón y la historia de los valles secos será tu propia historia hoy!

¡Avanza del valle y hacia la Gloria en el Nombre de Jesús!

Write a comment:

*

Your email address will not be published.

Follow us: