EL PODER DE LA PALABRA HABLADA

La confesión de la Palabra de Dios

En los últimos años se ha hablado demasiado sobre el poder de la palabra hablada, o como confesar y declarar las promesas de la Biblia, para que ellas se cristalicen en nuestra realidad personal.

Lamentablemente a toda idea divina, siempre el enemigo pretende crear otra paralela, que sea tergiversada y errónea no solo con falsas enseñanzas sobre el tema, sino también exageradas y aún extrabíblicas. Resultado: Muchos creyentes confundidos y líderes rechazando este tipo de enseñanza por considerarla antibíblica.

Para encontrar el punto de equilibrio, y entender el principio espiritual de la confesión de la Palabra de Diops, debemos diferenciar lo que es el poder de la mente y lo que es el poder de Dios y su Palabra.

Haciendo un poco de historia: ¿Quién fue Émile Coué?

Émile Coué De origen Francés, de Nancy (1857-1926) fue un psicólogo y farmacéutico. No fue un filósofo académico, pero si el padre de la “autogestión consciente” y del concepto moderno de la mente sobre la materia.

Descubrió que sus pacientes sanaban más rápido cuando él les decía que la medicina era “muy efectiva”, aunque fuera agua lo que les daba. De ahí desarrolló su método.

Su frase famosa – “Tous les jours, à tous points de vue, je vais de mieux en mieux” “Cada día, en todos los aspectos, estoy mejor y mejor”, pedía repetirla 20 veces cada mañana y noche, en voz baja, con fe infantil. Sin esfuerzo. Autosugestión consciente.

Las 3 leyes de Coué sobre la mente, fueron:

  1. Ley del esfuerzo invertido. Cuando voluntad e imaginación chocan, gana la imaginación. Si imaginas fracaso, tu voluntad de triunfar no sirve.
  2. Ley del efecto dominante. La idea más fuerte domina.
  3. Ley de la emoción convertida. Toda idea cargada de emoción tiende a realizarse.

Lo que no sabía Émile Coué

Lo que en realidad Coué “descubrió”, ya la Biblia lo registraba, pero con una gran diferencia. El creía en el poder de la mente sobre la materia, sin tener en cuenta a Dios, cuando en la Biblia el concepto es creer que la fuente de poder es Dios, obrando en la mente renovada del creyente en Cristo cuando incorpora a su vida los principios y las promesas de la Palabra de Dios.

Existe una confesión genuina

La Biblia ya dice en Proverbios 18:21 – “La muerte y la vida están en poder de la lengua”, no para decir, confesar o declarar lo que a mi me parece, sino lo que dice la Palabra de Dios, por eso la necesidad de que Romanos 12:2 se haga realidad en nuestras vidas: “Transformaos por la renovación de vuestro entendimiento”. La renovación del entendimiento viene cuando hacemos lo que dice Josué 1:8 – “Meditarás en él de día y de noche… entonces harás prosperar tu camino”

Diferencia clave: Coué decía que el poder está en la mente. La Biblia dice que la fuente del poder está en Dios.

Cinco salvaguardas prácticas para la confesión de la Palabra de Dios

En su libro, Faith to live By (Una fe para vivir) Derek Prince (1) detalla magistralmente cinco salvaguardas para la confesión de la Palabra de Dios:

Para movernos realmente en el Espíritu debemos asegurarnos de hacer lo que Dios quiere, caso contrario caeremos en el error. Observemos por un instante a estas cinco salvaguardas para una correcta confesión de la Palabra de Dios:

  1. Debemos examinar nuestra actitud cuando nos acercamos a Dios. Hebreos 5:7 dice: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.” La frase temor reverente significa “sumisión reverente”, expresada en Lucas 22:42  “diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Hasta que no renunciemos a nuestra voluntad y nos sometamos a la voluntad de Dios, no tendremos la base escritural para reclamar nuestras oraciones o los beneficios de nuestra salvación.
  2. La segunda es que no tenemos la libertad para confesar algo que nosotros mismos arbitrariamente imaginamos o deseamos. Nuestra confesión debe mantenerse dentro de los límites de la Palabra de Dios. Cualquier confesión que no este fundada en las Escrituras son anhelos personales o fanatismo.
  3. Nunca debemos dejar de depender de la guía del Espíritu Santo. En Romanos 8:14 leemos: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Esto se aplica tanto a la confesión que hacemos con nuestra boca o cualquier otro aspecto de la vida cristiana. El Espíritu Santo debe guiarnos a esa área específica de la verdad de la Palabra que necesitamos confesar según la situación.
  4. Nunca debemos dejar de ser dependientes de la gracias sobrenatural de Dios. En Efesios 2:8 Pablo dice: “Porque por gracia… por medio de la fe”. Siempre la gracias está primero y luego la fe. Si dejamos de depender en la gracia de Dios y su poder, comenzaríamos a descansar en nuestra propia habilidad y el resultado de eso sería como fue con Abraham, un Ismael pero no un Isaac.
  5. Evaluar la evidencia de nuestros propios sentidos. Dios no nos pide que cerremos nuestros ojos y oídos y caminemos como si el mundo físico, natural no existiera. La fe no es misticismo. Nosotros no cuestionamos la realidad de lo que nuestros sentidos revelan, sino que cuestionamos su finalidad.

Con la boca se confiesa para salvación

Romanos 10:8-10 dice: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

Para comprender el principio de la confesión de la Palabra de Dios debemos comprender el alcance de la palabra “salvación”.

Muchos creyentes sinceros piensan que la confesión se limita solo a la confesión de los pecados. Es verdad que el Señor requiere que confesemos nuestros pecados y que la salvación incluye el perdón de los pecados, pero el alcance tanto de confesión como de salvación va más allá de eso.

En el Nuevo Testamento la palabra griega para salvación es “sozo” y va más allá del perdón de los pecados. Incluye el suplir de cada necesidad humana.

La palabra “sozo” es utilizada en la sanidad de la mujer con el flujo de sangre (Mateo 9:20-22); en la sanidad del cojo de nacimiento de Listra ((Hechos 14:8-10); en la liberación del endemoniado gadareno, que tenía una legión de demonios y su posterior restauración (Lucas 8:26-36, especifico el v. 36); en la resurrección de la hija de Jairo (Lucas 8:41-42 y 49-55) y en la oración de fe que restaura la salud del enfermo (Santiago 5:14-15).

Además, en 2 Timoteo 4:18 leemos: “Y el Señor me librará (sozo) de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.” En este contexto la palabra “sozo” incluye la liberación, protección y provisión que Dios necesitaba que Pablo tuviera para su vida terrenal.

La salvación, entonces, incluye todos los beneficios que obtenemos gracias a la muerte de Cristo en la cruz, sean esos beneficios espirituales, físicos, financieros, materiales, temporales o eternos. Todos estos beneficios se resumen en una sola palabra: salvación, y la manera en que nos apropiamos a los distintos beneficios de la salvación, es por la confesión o el poder de la palabra hablada.

¡Que la Palabra hablada o la confesión de la Palabra de Dios sea tu experiencia actual!

 

(1) Faith to live By, Derek Prince Ministries, 1977, publicado por Whitaker House, páginas 100-102.

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