
Por Ritchie y Rosa Pugliese
Se ha establecido la idea en la sociedad que la vida sexual está para vivirla y disfrutarla libremente sin restricciones con el fin de obtener “experiencia”, satisfacción y gratificación personal.
No hace falta entrar en detalles para ver cómo ha avanzado la a promiscuidad sexual en sus diferentes formas. El resultado lamentable de toda esta clase de liberación sexual es que ha llevado al ser humano a una condición de esclavitud, de bajeza y degradación sexual, que por cierto nunca estuvo en la mente de Dios, pero sí en la del diablo.
Como creyentes en Cristo, es indispensable tener un “norte espiritual” la vida sexual, para tener una guía, un parámetro, y eso lo encontramos en la Palabra de Dios.
La idea creacional de Dios sobre el sexo
Para entender completamente el plan de Dios en esta área importante de la vida, debemos comenzar desde el principio.
La Biblia nos muestra que Dios es el Creador del sexo. Dios creó al ser humano en dos únicas expresiones: varón u hombre y hembra o mujer. Génesis 1:27 afirma lo siguiente: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”.
Cada uno se diferenciaría del otro en el aspecto físico y en la faz reproductora, dándole a la mujer el privilegio de engendrar hijos.
Los hijos vendrían como resultado de la unión sexual de un hombre con una mujer, dando lugar a lo que conocemos como matrimonio.
El plan de Dios fue que antes que llegase el tiempo del casamiento, tanto el hombre como la mujer en su soltería debían cuidar y proteger su vida sexual manteniendo la virginidad y pureza sexual.
La idea de la virginidad y la pureza sexual antes del matrimonio nació del corazón de Dios. No fue creado como una idea puritana para reprimir al hombre y la mujer sino mas bien para preservarlo y asegurar que tuviera una vida sexual plena en el matrimonio.
Este concepto del cuidado de la sexualidad, manteniendo la pureza sexual hasta el casamiento, fue puesto en práctica por el pueblo de Dios en la antigüedad. En Israel la virginidad y la pureza sexual era lo normal entre los jóvenes. Se las consideraba una cualidad distintiva que les daba honor y buena reputación social.
Tan importante era la virginidad, que un matrimonio podía disolverse si alguno de los cónyuges no era virgen. (Leer Génesis 24:16; Levítico 21:13; Deuteronomio 22:14, 17, 19, 23; 2 Samuel 13:18; Ester 2:17; entre otros pasajes).
La propuesta de Dios, Creador del sexo, para el ser humano es entonces:
- Conservar la virginidad y la pureza sexual durante su soltería.
- Comenzar a disfrutar libremente de la vida sexual a partir del comienzo del matrimonio.
- A partir de allí podría cn su cónyuge disfrutar de este regalo divino de una sana y plena sexualidad, siempre en un marco de fidelidad con su cónyuge.
De lo ideal a lo real
Lamentablemente debido a que el ser humano se apartó de Dios y sus preceptos, el sexo ha sido causa de grandes problemas, que van de las enfermedades venéreas, embarazos no deseados, insatisfacción sexual, desenfreno, perversión y por sobre todo la pérdida del propósito de Dios para su vida sexual.
En la Biblia encontramos que el sexo dentro de los límites de Dios (el matrimonio) tiene primero un propósito, luego una misión y tercero una causa: El propósito es honrar y glorificar a Dios, utilizando el sexo dentro de los parámetros del Creador, la misión es extender la raza humana y, en tercer lugar, la causa es experimentar deleite mutuo entre los cónyuges.
Dios no hace nada sin propósito
Bajo la óptica mundana, conservar la virginidad y la pureza sexual pareciera un capricho divino, pero en realidad Dios lo ha establecido como un acto protector de varios males para el ser humano.
Los estudiosos afirman que la primera experiencia sexual que una persona tiene, quedará marcada a fuego en su ser y que siempre la recordará.
Por eso Dios ha establecido la virginidad con un propósito divino, porque el ser humano ha sido diseñado para tener su primera experiencia sexual con la persona del sexo opuesto que ama, y decide casarse para vivir juntos el resto de sus días. Una vez que han recibido la bendición del cielo y de haber realizado un pacto con Dios y con su pareja, El sello de ese acto, sería coronado con la unión amorosa sexual. Serán dos inexpertos, que de allí en más aprenderían a acoplarse con el propósito de tener una vida plena sexual.
La segunda cosa por lo cual Dios ha establecido iniciarse sexualmente una vez que nos hemos casado, es que nos guarda de problemas emocionales y traumáticos.
Muchas mujeres han experimentado experiencias sexuales antes del casamiento de diversas maneras, como ser, haber tenido su primera experiencia sexual de manera traumática, sea por la fuerza o bajo ciertas circunstancias (efectos del alcohol, drogas) con un hombre que bajo la “promesa de amor eterno” o simplemente “pasar un buen tiempo. Otros han sido manoseadas, violados, causándoles severos daños emocionales y traumáticos que sin la ayuda de Cristo es difícil superarlos, y por cierto, aunque para algunas haya sido una “noche fabulosa de disfrute”, si el acto sexual se realizó antes o fuera del matrimonio, ya no cuenta con la aprobación y bendición de Dios.
La virginidad y pureza sexual, nos guarda, además, de infecciones, enfermedades sexuales y consecuencias peores, como la transferencia de demonios de una persona a la otra, que se contraen en la relación sexual con personas que tienen ciertas infecciones contraídas en anteriores aventuras sexuales.
La actividad sexual fuera del matrimonio es contraria al sentir de Dios. Es un acto hecho en las tinieblas del pecado, lo cual abre las puertas a lo demoníaco. 1 Corintios 6:16 dice: “¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.” La palabra “ramera” representa lo sucio, oculto, el pecado y todo lo que pueda venir adjunto, como los demonios. La promiscuidad es un acto de las tinieblas y abre las puertas para el accionar del enemigo.
¿Nos damos cuenta por que la idea creacional de Dios para el ser humano era que fuese virgen y viviera en pureza sexual durante su soltería, y que recién comenzara a disfrutrar de la sexualidad una vez casado con la misma persona para toda la vida?
Nuestra realidad
Quizás a esta altura uno diga: – Pastor Ritchie, ahora soy creyente en Cristo, pero anteriormente no cuidé mi vida sexual según el plan creacional de Dios, yo viví mi sexualidad de acuerdo a lo que me parecía que era “normal”… ¿Qué puedo hacer ahora para que todo ese bagaje pesado no me afecte hoy? –
Existe una solución: En Cristo toda persona puede limpiar y purificar su vida sexual. Muchos han conocido a Cristo siendo ya mayores con un trasfondo sexual oscuro, pero aun así pueden consagrarle a Cristo su vida sexual y ser purificados para experimentar plenitud como es el deseo del Señor.
Cómo es el proceso de purificación y consagración de nuestra sexualidad al Señor:
Lo primero es saber que si le hemos entregado nuestra vida al Señor, y lo reconocimos como nuestro salvador arrepintiéndonos, la sangre de Cristo nos ha limpiado de todo pecado que hayamos cometido, inclusive sexual. Ya no hay condenación para los que estamos en Cristo Jesús.
Lo que es importante hacer, como un acto de fe, es consagrarle al Señor específicamente nuestra vida sexual. Consagrar un área de la vida significa darle al Señor el control de esa área para que él la purifique, limpie, sane, renueve y se viva en plenitud.
Las acciones del pasado que hemos cometido o padecido no se pueden cambiar, pero si se pueden anular y cancelar su efecto nocivo. En Cristo ya no es necesario seguir viviendo con la impureza sexual a cuestas. Cuando una persona le consagra a Dios un área de su vida, puede experimentar: 1) liberación; 2) limpieza y 3) santificación que conduce a una restauración y renovación.
Cómo consagrar nuestra vida sexual al Señor
Aquí es importante diferenciar dos cosas:
1) aquellos pecados que nosotros hemos cometido en forma consciente o inconsciente. Nosotros, por tener el libre albedrío, hemos decidido voluntariamente hacer lo que nos parecía normal o placentero con nuestra vida sexual, pero existe otra clase de pecados,
2) y es la que hemos heredado de nuestros antepasados. Existe una línea de pecado, en este caso promiscuidad sexual, de diferentes formas que nuestros familiares directos han practicado que nos pueden afectar sexualmente a nosotros. La Biblia llama a esto maldiciones generacionales, que gracias al Señor podemos cortarlas y cancelarlas.
Pasos de consagración para el varón
Defina sus propios pecados sexuales, que usted ha cometido o ha practicado cuando vivía lejos de Dios. El Espíritu seguramente le irá recordando sucesos. Tome nota de cada uno de ellos. Luego pídale al Espíritu que le muestre los pecados sexuales que sus antepasados hayan cometido. Es probable que usted vea una línea de lujuria, perversión, libertinaje sexual en sus padres, abuelos, por ejemplo: Sus padres fueron promiscuos sexualmente (practicaban el adulterio, infidelidad, liviandad sexual. prostitución, etc.), sus abuelos también anduvieron por ese mal camino y sus bisabuelos hacían lo mismo. El Espíritu Santo le hará ver que hay una línea pecaminosa que recorre su linaje familiar. Esa línea necesita ser cortada de su vida en el nombre de Jesús y limpiada con la sangre de Cristo.
Conságrele a Dios su fuerza sexual y pídale al Espíritu Santo que recorra su sexualidad. Recuerde que le consagramos nuestra fuerza sexual al Señor y si estamos casados, ella debe estar dedicada solamente y exclusivamente en nuestro cónyuge.
Pídale al Señor que borre toda imagen mental o sensaciones que tuvo cuando practicó la vida sexual lejos de Dios.
Renuncie a todo espíritu que pudo haberse trasladado a su cuerpo/sexualidad como resultado de esa unión ilegítima. Recuerde que las relaciones fuera del matrimonio abren la puerta a la transmisión de demonios de una persona a la otra.
Pasos de consagración para la mujer
Conságrele a Dios su fuerza sexual permitiéndole al Espíritu Santo que recorra su sexualidad. Bendiga su aparato reproductor (útero, mamas) y dedique su sexualidad, que solo será disfrutada con su esposo (si está ca
Los pasos siguientes o posteriores deben ser los mismos que realiza el varón.
Importante: Para cortar las maldiciones sexuales de nuestros antepasados, pudiera ser necesaria la ayuda pastoral personal y privada. Depende del deseo de cada persona.
Restauremos en la Iglesia la bendición de vivir en pureza sexual hasta el matrimonio, y aún durante y hasta el final de nuestros días. ¡Decidamos que nuestro matrimonio se caracterice por la santidad que conduce a disfrutar la vida sexual en plenitud!
Restoration to the Nations, INC. LA BIBLIA, MUCHO MÁS QUE UN LIBRO RELIGIOSO, ES LA PODEROSA PALABRA VIVA DE DIOS