Por Ritchie Pugliese

Cuando leemos en Hechos 2 como fue el derramamiento del Espíritu Santo, encontramos tres Símbolos que nos darán luz para entender lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas.

En Hechos 2:2 encontramos al “viento”, en 2:3 al “fuego” y en el v.13 el “mosto o vino”. Cada uno de ellos representa algo poderoso que Dios quiere hacer sobre toda nuestra vida (espíritu, alma y cuerpo)

Analicemos cada uno de los símbolos aparecidos en el día de Pentecostés para comprender el obrar del Espíritu Santo:

I. VIENTO.

Existen palabras asociadas a “viento”, como ser: “aire”, “soplo”, “aliento”, “alturas”. El diccionario define la palabra “viento” como “corriente de aire producida en la atmósfera”, y la palabra “atmósfera” a su vez es definida como “capa de aire que envuelve la tierra”.

Cuando el viento del Espíritu Santo sopla sobre nuestro espíritu le da una atmósfera nueva.

La Biblia afirma que los aires que rodean la tierra son aires espirituales contaminados. Efesios 6:12 dice: “porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Los aires en la tierra también son aires contaminados. Efesios 2:2 dice: “entre los cuales anduvisteis en otro tiempo siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”. Al convertirnos a Cristo, Dios nos da una atmósfera nueva en medio de una atmosfera pesada. Lo glorioso de esto es que esta atmósfera nueva espiritual nos capacita para vivir una vida elevada para tener experiencias cumbres sobre los montes de la vida cotidiana.

Isaías 40:31 dice: “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas”. El águila para volar no lo hace como los pájaros que tienen que mover sus alas. El águila se asienta en alguna cumbre y espera al viento llegar. Cuando lo percibe abre sus alas y se lanza al vacío y comienza a planear o volar a merced del viento sin esforzarse. ¡Eso es lo que quiere hacer con nosotros el Señor!

Aquí aprendemos algunas verdades sobre el viento de Dios:

A. Dios quiere que nos dejemos llevar por las corrientes de su gloriosa atmósfera para vivir sobre los montes de la vida.

Los montes representan aquellas situaciones adversas, problemas, circunstancias difíciles que todos tenemos que enfrentar. Existen dos clases de cristianos: Los que viven sobre los montes en victoria y los que, derrotados, miran desde abajo la altura de los montes. El Salmo 121:1 dice: “Alzaré mis ojos a los montes ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová que hizo los cielos y la tierra” ¿Entiende la secuencia del pasaje? El salmista mira sus propios montes y en su desesperación, clama por ayuda del Altísimo. En ese momento sucede algo sobrenatural. La atmósfera del viento del Espíritu comienza a levantarlo como las águilas y le hace ver las circunstancias desde las alturas y bajo la óptica victoriosa de Dios. ¡Necesitamos desesperadamente el viento de Dios sobre nuestras vidas!

B. El viento del Espíritu Santo nos permite tener comunión íntima con Dios.

Isaías 57:15 dice: “Porque así dijo el alto y sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”. En las alturas espirituales es donde podemos encontrarnos con Dios para tener intimidad profunda con El. Durante su ministerio terrenal Jesús subía al monte, a un lugar alto, para orar y tener intimidad con el Padre (Mt. 14:23; Lc. 6:12). ¡Nosotros necesitamos hacer lo mismo para tener intimidad con el Señor e impregnarnos de Su santo carácter!

Que interesante es notar que en el viento de Dios, en las alturas de Su Espíritu, no hay lugar alguno para la soberbia, altivez y orgullo. En las alturas de Dios se encuentra la necesaria humildad de espíritu. Santiago 4:6 dice que “Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes”; Proverbios 21:4 dice: “Altivez de ojos, y orgullo de corazón y pensamiento de impíos, son pecado

C. El viento del Espíritu Santo nos da aliento para vivir.

Necesitamos el viento del Espíritu de Dios para:

1) Enfrentar la vida cotidiana.

Deuteronomio 31:6 dice; “Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparara”. El ánimo de Dios viene cuando el Espíritu Santo sopla sobre nuestras vidas y el viento nos levanta e impulsa a seguir hacia delante sin desmayar. ¡Sopla, viento de Dios, sobre nuestra vida cotidiana!

2) Hacer la obra de Dios.

Isaías 42:5-8 dice algo poderoso: “Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan; Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas. Yo Jehová…” ¡Oh, Señor, sopla y da nuevo impulso a nuestro don, ministerio, congregación!

D. El viento del Espíritu de Dios nos da autoridad sobre las fuerzas del mal.

Juan 10:10 afirma que el ladrón (diablo) siempre viene para hurtar, matar y destruir. La lucha espiritual consiste en un conflicto entre el bien (Cristo) y el mal (satanás); entre la bendición (Cristo) y la maldición (diablo); entre la vida (Cristo) y la muerte (diablo). El propósito final del enemigo siempre es derramar muerte.

En Ezequiel 37 leemos que el profeta fue puesto en medio de un valle de huesos secos, en un lugar donde reinaba la muerte. En un momento determinado Dios le da una orden (v.9-10) “Y me dijo: Profetiza al espíritu (de muerte), profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu (santo): Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos y vivirán. Y profeticé como me había mandado y entro espíritu en ellos y vivieron…”. El viento del Espíritu Santo sopló vida e hizo huir a la muerte.

Necesitamos el viento del Espíritu Santo para que el enemigo se vaya volando y deje de molestarnos. Santiago 4:7 dice: “Someteos pues a Dios, resistid al diablo y huirá de vosotros”. ¿Cómo sucede esto? Cuando estamos sometidos a Dios y tomamos autoridad en el Nombre de Cristo, inmediatamente se desata contra el enemigo el viento huracanado del Espíritu Santo y hace que el enemigo salga huyendo contra su voluntad. ¡Es el Espíritu de Dios el que lo expulsa volando a toda velocidad! ¡Necesitamos hoy más que nunca el viento de Dios para ganar nuestras batallas espirituales y conquistar nuestras ciudades y naciones para Cristo!

II. FUEGO

Existen palabras asociadas tales como “ardor”, “incendio”, “calor”, “quemar”, “fundir”, “consumir”

El fuego del Espíritu Santo desea obrar sobre nuestra carne, nuestro cuerpo. La expresión “carne” bíblicamente hablando se refiere a aquellas cosas de nuestras vidas que tienen que ser eliminadas y reemplazadas por actitudes espirituales o el fruto del Espíritu de Dios. Todos arrastramos de la vieja vida sin Cristo hábitos, costumbres, prácticas, acciones y hechos que claramente contradicen la Palabra de Dios. Todas ellas necesitan ser quemadas por el fuego de Dios. Lamentablemente muchas veces a pesar de tener muchos años de cristianos todavía manifestamos actitudes y un estilo de vida diametralmente opuesto a la fe que decimos practicar.

El fuego del Espíritu Santo opera de diferentes maneras: Sobre el creyente el fuego es a) purificador o refinador, b) consumidor y c) calentador; sobre los infieles el fuego es d) destructor

a) Purificador o Refinador.

Isaías 48:10 dice: “He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción”; Proverbios 25:4 dice: “Quita las escorias de la plata y saldrá alhaja al fundidor”

Cuando el fuego purifica al oro en el horno, lo primero que hace es separar la escoria de la plata y el oro; luego el fuego separa la plata del oro y queda de esa manera el oro refinado.

Esto mismo es lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas: Quiere eliminar nuestra “escoria” (pecados, malos hábitos, carnalidades, etc.), eliminar nuestra “plata” (que representan aquellas cosas buenas que no contribuyen a glorificar a Dios) para que seamos puras alhajas de oro y manifestemos en todo lugar el carácter puro y santo de Cristo.

b) Consumidor

Es por cierto similar al anterior. Hebreos 12:29 dice: “porque nuestro Dios es fuego consumidor” Dios quiere con Su Espíritu derretir en nuestras vidas nuestra propia imagen y formar la de Cristo. ¡Necesitamos Señor el fuego consumidor!

c) Calentador

El ser calientes espirituales significa vivir una vida llena del Espíritu Santo. Romanos 12:11 nos anima a ser “fervientes (calientes) en espíritu, sirviendo al Señor”. La única forma de vencer a la tibieza y el adormecimiento espiritual es cuando el fuego de Dios viene sobre nuestras vidas. Efesios 5:18-20 nos muestra prácticamente lo que es una vida “caliente” para Dios: “…sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.

Una de las señales practicas seguras de que vivimos una vida “caliente” espiritual, llena de fuego santo es en la forma que hablamos. Dentro de las iglesias tenemos gente que alaba, adora, predica, testifica pero a la vez practica la queja, el chisme, mentira, calumnia, etc. Santiago 3:6 dice con razón que “la lengua es un fuego”. Si ella está controlada por el Espíritu será una lengua de fuego bendecido si está controlada por la carne o el diablo ella será un fuego destructor. La boca no quebrantada de muchos ha hecho más daño al pueblo de Dios, a ministros y congregaciones que lo que pudo hacer el enemigo. ¡Necesitamos Señor que pases por fuego por nuestra lengua!

d) Destructor de los enemigos de Dios

El enemigo se vale en la tierra de personas para atacar, calumniar y destruir a los siervos de Dios, cristianos y congregaciones enteras. Tenemos siempre que discernir el espíritu que hay detrás de las palabras de calumnias, chismes, etc. de la gente. Muchas veces, además de la evidente carnalidad de la gente, se disfraza el mismo diablo atacando sin piedad y deseoso de originar división, peleas, destrucción. Apocalipsis 20:9 dice: “y de Dios descendió fuego del cielo y los consumió”. Dios ejecuta venganza sobre aquellos que atentan contra su obra y propósito aquí en la tierra. ¡Señor necesitamos que envíes tu fuego para hacernos justicia!

III. MOSTO/VINO

El vino en los tiempos bíblicos estaba asociado a dos ideas: a) Como un agente sanador, medicinal y b) Como fuente de alegría.

a) Como un agente sanador interior

* Sobre la mente del creyente.

Romanos 12:2 habla acerca de la importancia de renovarla mente. Esto significa un cambio total de pensamiento, para aprender a pensar como lo enseña la Palabra de Dios. Necesitamos que venga el vino del Espíritu Santo para que ya no pensemos en fracasos, derrotas, negativismo sino pensemos en fe, victoria y triunfo en Cristo.

* Sobre el corazón del creyente.

A pesar de llevar tiempo como cristianos todavía arrastramos complejos, frustraciones del pasado. El vino del Espíritu de Dios realiza una operación sobrenatural y extirpa todas aquellas cosas que nos hacen perder peso espiritual. Isaías 61:1 dice que el Espíritu Santo viene “para sanar a los quebrantados de corazón”

b) Como fuente de alegría

El gozo del Espíritu Santo se derrama muchas veces emborrachando espiritualmente a las personas. En la mayoría de los casos, según nuestra experiencia, esto se da en aquellas vidas que han sufrido demasiado en la vida y la tristeza los ha invadido. Isaías 61:1 expresa que el Espíritu de Dios fluye para dar “óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado…” (Isaías 61:3); Salmo 104:15 dice: “y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre”. También Joel 3:18 dice algo para aquellos que han enfrentado problemas, “montes” “los montes destilaran mosto” Cuando en medio de nuestros problemáticos montes clamamos al Señor, El por su Espíritu hace que de la misma circunstancia adversa fluya el vino sanador del Espíritu Santo. ¡Dios nos ayuda a superar los montes y a la vez nos sana de toda las heridas que ellos nos causaron! ¡Necesitamos desesperadamente que Dios derrame del vino de su Santo Espíritu sobre nuestras heridas interiores producidas por los tiempos de desiertos y adversidades! ¡Sánanos Señor!

¡Que glorioso es entender el obrar del Espíritu Santo sobre nuestras vidas a través de estos tres símbolos! ¡Deja en esta hora que el Espíritu Santo se manifieste de esta manera en tu vida!

Write a comment:

*

Your email address will not be published.

Follow us: