Por Ritchie Pugliese
(Esta palabra es específica para aquellos que son parte de los ministerios de Efesios 4:11)
La Palabra de Dios dice en 2 Corintios 4:7-12
“Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida.
Este poderoso pasaje de las Sagradas Escrituras revela un misterio que puede pasar desapercibido si no lo leemos detenidamente.
El Apóstol Pablo trata en este pasaje sobre el fluir de la unción a través nuestro para ministrar a los demás. El menciona tres cosas importantes:
1. “llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús…”
2. “…entregados a muerte por causa de Jesús” y
3. “… la muerte actúa en nosotros”
En estas tres frases se repite la palabra “muerte” tres veces, enfatizando que ella actúa en nosotros los que ministramos a la gente.
Por lo que leemos en el pasaje el resultado de esa muerte obrando en nosotros produce un fuerte impacto espiritual en los demás: Ellos experimentan la vida de Cristo. ¡Experimentar la vida de Cristo implica recibir todo lo que Dios ha prometido en su palabra!
Para que los demás reciban la vida de Cristo el pasaje bíblico dice que en nosotros debe operar la muerte… pero ¿qué significa que es necesario que en nosotros opere la muerte?
Es probable que asociemos la palabra “muerte” con la necesidad de estar quebrantados y/o rendidos en la presencia de Dios, de negarnos a nosotros mismos. Esto es correcto y necesario, pero a través de los años, por la experiencia ministerial personal y ver la vida de otros siervos del Señor, he visto que experimentar la muerte significa experimentar “la contradicción de la unción”.
Antes de explicar qué significa la “contradicción de la unción” es importante aclarar que la muerte que aquí se detalla no tiene nada que ver con inmolarse ni quitarse la vida voluntariamente. Pablo utiliza estos dos antónimos (muerte-vida) para enseñar una verdad espiritual.
Para poder entender la contradicción de la unción daré algunos ejemplos prácticos de la vida ministerial:
Situación 1: ¿Le ha pasado alguna vez que estando enfermo o bajo tratamiento de alguna enfermedad, usted oró por personas enfermas, y ellos se sanaron?… y usted confundido se preguntó: ¿Cómo pudo ser posible, Señor que estando yo enfermo la gente haya sido sanada?
Situación 2: ¿Le ha sucedido alguna vez que mientras usted estaba atravesando una situación financiera delicada, oró por alguien con una necesidad financiera, y esta persona fue prosperada?… y usted confundido se preguntó: ¿Cómo pudo ser posible, Señor que estando yo en aprietos financieros la gente haya sido prosperada?
Situación 3: ¿Le ha pasado alguna vez mientras usted estaba en un tiempo clamando a Dios por una necesidad personal, y no recibía respuesta alguna, que les compartió a otros hermanos en la fe, conceptos de la oración y días después lo llamaron para agradecerle, porque al aplicar esos conceptos habían recibido respuestas demoradas a su oración?… y usted confundido se preguntó: ¿Cómo pudo ser posible, Señor?
Recuerdo un tiempo durante nuestro ministerio pastoral cuando estábamos atravesando con la familia un tiempo difícil financiero y en una de las reuniones le di una palabra profética a un joven de que iba a ganar en ese año cien mil dólares. Lo interesante fue que al poco tiempo este joven vino muy contento para agradecerme porque había prosperado grandemente en ese tiempo… y yo, el que había orado por él, ¡seguía con el mismo problema financiero!
Hace unos años me comentaron de un famoso evangelista de sanidad que en sus reuniones las muelas de la gente eran emplomadas sobrenaturalmente con oro, pero que él tenía que ir al dentista para arreglar su boca porque oraba y oraba por su boca y nada sucedía. ¡Vaya contradicción!
Si algunas de estas situaciones u otras le han sucedido, usted podrá comprender lo que estoy diciendo. ¡Quizás sin saberlo usted ha estado experimentando la contradicción de la unción!
Entender esta clase de contradicción es importante para no caer bajo un espíritu de frustración y dejar que el Espíritu Santo nos utilice como lo crea más conveniente.
La mayoría de nosotros hemos crecido con el concepto de que no podemos ministrar lo que no hemos recibido primero. Esto teológicamente es cierto pero muchas otras veces es espiritualmente incorrecto basados en las palabras del Apóstol Pablo.
En algunas situaciones, o temporadas, a los efectos de glorificar su nombre y mostrar que él es la fuente del poder, y no nosotros, puede hacer que tengamos que movernos espiritualmente con la contradicción de la unción.
Es bueno que siempre recordemos: ¿De quién es el poder que fluye de nosotros o a través de nuestro ministerio? ¿Quién es la verdadera fuente? ¿Quién es el dador y quién es el canal?
Por cierto todos respondemos diciendo: ¡Dios es la fuente del poder y yo soy un canal! pero para ser sinceros pareciera que cuando la contradicción de la unción operara en nosotros nos sintiéramos amedrentados o que no tuviéramos autoridad para ministrar a los demás debido a que no estamos experimentando lo que ministramos.
A todos nos gustaría estar siempre bien de salud y caminar en prosperidad cuando predicamos o damos una palabra sobre salud y prosperidad pero muchas veces este no sucede. ¿Qué vamos a hacer? ¿Acaso dejaremos de predicar y no ministraremos a los demás? Allí estará nuestra decisión de rendirnos ante el Señor para que el nos utilice tal como somos, tal como estamos, cómo él quiera y de la manera que él quiera.
Viene a mi mente el pasaje de Romanos 3:4: “sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso”. Aplicándolo a lo que venimos hablando seria que cuando estemos ministrando a los demás, decidir no creer a lo contrario que estoy experimentando, sino seguir hacia adelante con fe declarando lo que dice la Palabra de Dios. En definitivas Dios tiene todo poder para utilizarnos a nosotros, sus vasijas, como crea conveniente a fin de que otros reciban la vida de Cristo, sean bendecidos y Dios sea glorificado.
Como embajadores del Reino de Dios a eso hemos sido llamados: A ser transmisores y ministradores de la vida de Cristo. Démosle libertad en nuestras vidas al Espíritu Santo para que esto suceda, ¡aunque sea necesario que opere en nosotros la contradicción de la unción!