MISTERIOS REVELADOS PARA TENER UNA VIDA PODEROSA DE ORACIÓN – PARTE 4

Recopilado y ampliado por Ritchie Pugliese

El poder de los decretos proféticos

Esta clase de oración es la que a veces Dios nos llama para quebrar el poder del enemigo sobre algún área de nuestras vidas o alguna ciudad o territorio. Esta clase de oración se utiliza para quebrar los ciclos destructivos del enemigo. Estas oraciones son cómo flechas que penetran en territorio enemigo y originan destrucción.

Esta clase de oración es útil para romper todas las fortalezas tradicionales e irrumpir en lo que Dios quiere irrumpir o penetrar.

La Palabra de Dios nos dice que sin visión o manifestación profética el pueblo perece o se desvía”Sin profecía el pueblo se desenfrena;” (Proverbios 29:18).

Para movernos y avanzar en este tiempo necesitamos oir la voz de Dios de una manera que nos permita escuchar el sonido del cielo para ordenar y direccionar nuestro ambiente. Esto significa que debemos aprender a movernos en la dimensión de los decretos proféticos.

No me refiero a la oración, como una manera de pedirle a Dios. La oración es importante y es poderosa hacerlo pero a veces no es lo que necesitamos hacer. Todos hemos experimentado tiempos cuando hemos orado y orado y nada ha pasado. Existen momentos cuando todo parece que hay obstáculos por todos lados, que el enemigo estuviera bloqueando las respuestas a nuestras oraciones. Aquí es cuando necesitamos entender lo que un decreto profético.

Jesús ministraba a través de decretos proféticos.

Jesús no oraba para ministrar sanidad. El hacía un decreto que quebraba el poder del enemigo. Al enfermo le decía: ¡Sé sano! y el poder de la enfermedad era quebrado; a la tormenta le dijo: ¡Aquiétate! y el poder detrás de la tormenta desaparecía. A Lázaro le dijo: ¡Ven fuera! y el poder de la muerte fue vencido.

En respuesta a estos decretos declarados bajo el poder de Dios, cada impedimento fue quebrado y el poder de Dios fue manifestado. Este es el poder que tiene un decreto profético.

Los decretos proféticos en acción

La descripción mas completa de lo que es un decreto profético se desarrolla en la historia de Ezequías y Senaquerib detallada en 2 Reyes 18 y 2 Crónicas 32.

Ezequias fue uno de los reyes más piadosos que Judá tuvo. Él amaba a Dios. Uno de sus primeros hechos fue restaurar el templo. El restauró posteriormente la celebración de la Pascua y la gente se gozó tanto, que decidieron celebrarla dos veces.

Ezequías era un hombre de alabanza también. Escribió al menos diez de los Salmos. El guió al pueblo a alabar a Dios. En 2 Crónicas 29 vemos que el puso a los levitas en el tempo con címbalos, arpas y liras y mientras los cantantes cantaban y las trompetas sonaban el rey y toda la gente se arrodillaban y adoraban.

Ezequías instruyó a los levitas a alabar al Señor. Ellos cantaban las alabanzas con alegría y se postraban y adoraban.

Ezequías era un hombre que buscaba el corazón de Dios, pero en año 700 b.C, Senaquerib el rey de Asiria invadió la tierra de Judá y conquistó las ciudades principales y marcho hacia Jerusalén. Estas sí que eran muy malas noticias.

Los asirios eran conocidos en el mundo antiguo por ser sádicos y crueles con sus torturas con aquellos a los que conquistaban. ¡Nadie queria ser capturado por los asirios!

Los asirios eran en aquella época el ejército más poderoso del mundo, pero Senaquerib prefirió ganar utilizando la intimidacion, así que el comenzó su campaña de terror e intimidación contra la gente de Jerusalén.

En 2 Reyes 18 vemos que Senaquerib envio a sus comandantes principales con un gran ejercito a Jerusalén y dijeron “Así ha dicho el rey Senaquerib” (v.29)… (Leer vv. 19 al 37 para ver el contenido de las palabras de intimidación). ¿Qué hizo el rey de Asiria? La misma estrategia intimidatoria que hace el enemigo contra nosotros.

Del vv. 29-32 leemos: “Así ha dicho el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria. No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí, y coma cada uno de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo, hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará.”

Lo que hizo el rey de Asiria es lo mismo que satanás hace para intimidarnos. Satanas nos dice: – No creas que Dios te va a responder –. Siempre el enemigo nos presenta un cuadro de que Dios no nos va ayudar y que nos dejará tirados por allí para que suframos.

Así trabaja siempre el enemigo, él nos habla y nos dice: – Mira a esta persona que confió en Jehová como ha terminado mal, no te conviene confiar en Dios, haz un trato conmigo, olvídate de Dios pues él te dejará solo -.

Note que además el rey agrego en el v.25 “¿Acaso he venido yo ahora sin Jehová a este lugar, para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela.”

Esta es otra estrategia del enemigo, él nos acusa diciendo que Dios no se complace de nosotros y que nos quiere destruir.

En 2 Crónicas 32:18 leemos: “Y clamaron a gran voz en judaico al pueblo de Jerusalén que estaba sobre los muros, para espantarles y atemorizarles, a fin de poder tomar la ciudad.”

Esta es una estrategia inicial del enemigo, él nos quiere atemorizar, asustar. Si el diablo logra eso en nosotros seremos capturados. Por eso les decía en el v.31: “No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí, y coma cada uno de su vid y de su higuera, y beba cada uno las aguas de su pozo, 32 hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel; y viviréis, y no moriréis”

El enemigo les estaba diciendo que si se rendían todo iba a estar mejor….

El enemigo entonces, había rodeado la ciudad y estaba gritando sus amenazas, pero Ezequías supo que hacer…. ¡corrió a buscar a Dios! Leemos en 2 Reyes 19:1-5: “Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos y se cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová. Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz, para que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas. Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por el remanente que aún queda. Vinieron, pues, los siervos del rey Ezequías a Isaías.”

Ezequías se puso delante de Dios y oró… además le envió un mensaje al profeta Isaías para que orara por ellos… pero el enemigo seguía estando allí afuera. ¿Se ha sentido alguna vez así cuando oraba y oraba y nada sucedía?

¿Qué sucedió posteriormente? Los vv. 6-7 dicen: “E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra caiga a espada.” ¡Esta si era una Buena palabra, una palabra de aliento, pero las cosas seguían igual…!

En los vv.8-13 leemos que Senaquerib le manda a decir a Ezequias: ‘’ Y regresando el Rabsaces, halló al rey de Asiria combatiendo contra Libna; porque oyó que se había ido de Laquis. Y oyó decir que Tirhaca rey de Etiopía había salido para hacerle guerra. Entonces volvió él y envió embajadores a Ezequías, diciendo: Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú? ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres destruyeron, esto es, Gozán, Harán, Resef, y los hijos de Edén que estaban en Telasar? ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?”

Ezequías estaba confiando en el Señor pero las cosas se ponían peor. ¡El oía las amenazas y sabía cómo actuaban despiadadamente los asirios! La situación parecía sin esperanza… entonces Ezequías hizo algo vv.14-20: “Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las extendió Ezequías delante de Jehová. Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras; y que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y por eso los destruyeron. Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que sólo tú, Jehová, eres Dios. Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Lo que me pediste acerca de Senaquerib rey de Asiria, he oído.”

Ezequias le presentó a Dios todo lo que el enemigo le decía y comenzó a alabarle y cuando comenzó a alabarle algo sucedió. Dios le habló a Isaías otra vez. Ya no era una palabra de aliento sino un decreto profético para pronunciar. Los vv.32-33 dicen: “Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo.”

Mientras Isaías proclamaba los decretos de Dios, los ejércitos de los cielos se alistaban para hacer ejecutar la palabra dicha en la tierra.

Dice el pasaje posteriormente en los vv.35-37: “Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, y volvió a Nínive, donde se quedó. Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y huyeron a tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.”

Asi es como opera un decreto profético. Un decreto profético no es una oración. Dios responde la oración, pero no es lo mismo que hacer un decreto profético. Un decreto profético tampoco es una profecía. La profecía es una palabra dada que contiene vida, da poder y libera fe sobre la gente. Un decreto profético va más allá que una palabra profética.

¿Qué es un decreto profético?

Es un decreto que sale del trono de los cielos con la total autoridad de Dios. ¿Qué es un decreto? Segun el diccionario:

1. Una decisión o determinación judicial

2. Una ley hecha o dicha por un concilio para regular alguna actividad

3. Una orden o edicto formulado por un superior como una ley para gobernar.

Un decreto es una orden, edicto o decreto hecho por una autoridad a fin de que se lleve a cabo.

En la Biblia hay varios ejemplos de decretos proféticos:

1. Los reyes hacían decretos

En Lucas 2 leemos acerca del decreto de Augusto César para pagar impuestos. El poder detrás de un decreto estaba basado en la autoridad que había detrás del que hacía el decreto. El Cesar hablaba con la autoridad que le daba el Imperio Romano.

2. Dios hace decretos.

En Job 28:26 leemos: “Cuando el dio ley (o dio un decreto) a la lluvia…”. Cuando Dios da un decreto, aún el universo natural se tiene que alinear. Dios creó el mundo con la palabra o decreto (Génesis 1) “Y dijo Dios: Sea la luz” (v.3); “Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas…” (v.6); “Y llamó Dios a lo seco tierra y a la reunión de las aguas llamó mares” (v. 10); “Después dijo Dios: Produzca la tierra” (v.11); “Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos…” (v.14).Todos estos son decretos proféticos!

Un decreto profético es un decreto proveniente de Dios y viene con toda su autoridad.

Cuando un decreto es dado en el ámbito terrenal, todo cambia. La voluntad de Dios es manifestada en la tierra cómo en el cielo.

¿Qué hacer cuando necesitamos avanzar?

Por nosotros mismos no podemos crear o inventar un decreto profético. No es simplemente decir algo o soltar palabras, ni gritar. Un decreto profético no comienza con uno en la tierra, sino que comienza con una palabra soltada desde el trono de Dios.

En el pasaje que vimos de Ezequías, el profeta Isaías sólo tuvo que escuchar. El oyó a Dios hablar y luego declaró lo que escuchó (Lamentaciones 3:37).

¿Que podemos hacer cuando necesitemos hacer un decreto profético?

La respuesta es lo que dice el Salmo 22:3: Alabar a Dios, pues Dios es entronizado y habita entre las alabanzas de su pueblo. ¡Cuando alabamos a Dios edificamos un trono, adonde Dios viene, se sienta y emite un decreto!

Los asientos de los reyes no eran cómodos, no servían para descansar. Eran utilizados para eventos y principalmente para que el rey emitiera órdenes o decretos.

Entronicemos a Dios con nuestras alabanzas, como hizo Ezequías, e Isaías envió el mensaje. ¡Decidamos alabar a Dios en medio de nuestras batallas, los decretos proféticos serán declarados y Dios será glorificado!

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