LAS CAUSAS DE LA DECADENCIA ESPIRITUAL

Recoplilado y ampliado por Ritchie Pugliese

Todas las cosas de la vida tienen su causa y consecuencia. Nada sucede por casualidad. En las cosas espirituales sucede lo mismo. La decadencia espiritual no sucede por casualidad u obra del azar, sino por una causa que produce una consecuencia.

¿Qué es la decadencia espiritual?

Podríamos definirla de la siguiente manera: “Es un estado descendente de la vida espiritual que aleja al creyente de la plenitud y le impide alcanzar frescura espiritual y la posibilidad de caminar en una dimensión sobrenatural.”

Ahora bien, ¿Cuál es la causa de la decadencia espiritual?

El pasaje de Mateo 16: 13-18 nos dará mayor luz sobre el tema. Dice así: “Yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”

En este pasaje vemos a Jesús dialogando con sus discípulos, y estableciendo los fundamentos de victoria que debían regir sobre Su iglesia, de la cual Él es la Cabeza indiscutible. Aquí, Jesús enfatizó dos cosas muy importantes:

a)            “Sobre esta roca (Cristo) edificaré mi iglesia,”

b)            “Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (la iglesia).”

Lo que Jesús estaba declarando aquí era que, Su iglesia tendría la solidez y firmeza de una roca, siempre y cuando se lo reconociera a Él como la Roca firme de los siglos; dijo además que ella seria edificada, lo cual está implícito la frescura espiritual y el caminar en una dimensión sobrenatural, y que las puertas del Hades no la podrían vencer. Esto nos habla de un conflicto espiritual constante, una lucha por la vida de Dios contra la muerte del enemigo.

Para poder entender esto, es necesario comprender el real significado de la frase: “las puertas del Hades.” Esta frase significa, literalmente, “las puertas de la muerte o los poderes de la muerte.”  ¿Sabía usted que desde que nació la iglesia, el día de Pentecostés, y hasta que Cristo venga a buscarla en las nubes, Satanás hará todo lo posible para introducirse en ella, a fin de sembrar muerte espiritual, adormeciendo al cristiano para que no cumpla el propósito de Dios y se encamine por el sendero de la decadencia espiritual?

Necesitamos saber que el plan del enemigo contra la iglesia de Cristo es impedir que opere en ella la vida, la cual viene por la viva presencia del Espíritu Santo. Al diablo no le agradan los cristianos que caminan en frescura espiritual, y en una dimensión sobrenatural, pues el sabe que ellos serán los vencedores de Dios contra toda fuerza de maldad. Su anhelo es que todos los creyentes vivan en decadencia espiritual

El deleite del enemigo ha sido siempre intentar apagar el fuego de Dios y encender los poderes de la muerte dentro de la iglesia. Esto es un asunto muy serio, ya que la consecuencia inmediata de la operación del  poder de la muerte es la decadencia espiritual.

La muerte espiritual no viene por casualidad o porque el enemigo tenga más poder sobre la Iglesia, sino porque se le ha dado acceso a través de la carnalidad y el pecado no confesado del Pueblo de Dios, pues la Biblia dice que la paga del pecado es la muerte (Ro. 6:23.)

Si tuviéramos que hacer una paráfrasis de este versículo diríamos: “lo que comienza a operar sobre la persona que ha pecado, y no se ha arrepentido, es la muerte” Donde opera el pecado no confesado, automáticamente comienza a operar el espíritu de muerte contaminando y obstruyendo el fluir de la vida de Cristo. De esta manera se “libera” la decadencia y/o adormecimiento espiritual.

Debemos saber que donde opera la decadencia espiritual no puede operar la frescura del Espíritu Santo. Que esto lo veamos hoy en muchos lugares no significa que cuente con la aprobación de Dios. En un ambiente contaminado la presencia de Dios es contristada y apagada. Bien sabemos que la voluntad de Dios para su Iglesia es plenitud, abundancia, poder y frescura espiritual. Todo lo que la Iglesia es y hace debe hacerlo en y por el poder del Espíritu Santo.

La atmósfera de Dios para su iglesia es la presencia de su Santo Espíritu. Desde el proceso de la conversión y hasta el proceso posterior de la santificación durante toda la vida cristiana terrenal, la presencia del Espíritu Santo no puede quedar fuera de la vida del creyente.

Todo lo del Reino de Dios en la tierra se realiza por medio de Su Santo Espíritu (Zacarías 4:6) Algunos pasajes nos confirman esta verdad: Para convertirnos a Cristo tuvimos que ser convencidos por el Espíritu Santo (Juan 16:8-9.) A partir de allí necesitamos, entre otras cosas, recibir las arras o el sello del Espíritu (2 Co. 1:22; 5:5; Ef. 1:13-14); andar en el Espíritu (Gálatas 5:16,) ser llenos del Espíritu Santo (Efesios 5.18,) ocuparnos del Espíritu para tener vida y paz (Romanos 8:6,) y ser guiados por el Espíritu de Dios (Romanos 8:14.), etc.

Es responsabilidad de la Iglesia (la cual está compuesta por todos aquellos que una vez hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador)  mantener viva la presencia de Dios para impedir que los poderes de la muerte operen en ella.

La única manera de mantener la frescura espiritual es dando lugar, en nuestras vidas, a la obra activa y continua del Espíritu Santo de Dios. “Dar lugar” significa en términos espirituales “ceder para que otro avance”. Se hace necesario menguar (ceder nosotros) para que El crezca (avance) (Juan 3:30).

Sería bueno formularnos las siguientes preguntas en la intimidad de nuestro ser:

¿El fuego de Dios se está apagando en mi vida por estar descuidando la vida espiritual?

¿Soy consciente que la Vida del Espíritu debe reinar en mi vida, hogar, y congregación, para que los poderes de la muerte no me afecten con el adormecimiento espiritual?

¿Mi vida espiritual, está sustentada e impregnada realmente de la presencia de Dios cada día?

 ¿El ministerio que vengo desarrollando, está fundado y sostenido por el poder del Espíritu Santo?

¿Realmente, fluye en mi vida la frescura espiritual cada día? ¿Camino en una dimensión sobrenatural cada día?

Algunos creen que ocuparse de la vida espiritual es asistir a las reuniones el domingo por la mañana, dar ofrendas y diezmos, o vestirse elegantemente. Otros, creen que se ocupan de su vida espiritual porque están siempre activos en el ministerio. Estas cosas, dentro de su contexto, son útiles y necesarias, pero si nuestra vida no está sustentada por la frescura que trae el poder del Espíritu Santo no fluirá de nosotros la vida de Cristo, y prevalecerá sobre nosotros el poder del Hades, que es la muerte espiritual. Todo lo que hagamos, entonces, será mixtura espiritual contaminada que carecerá de peso y autoridad espiritual para glorificar a Dios.

Muchos creen que a ellos esto nunca les puede suceder y dicen cosas similares a estas: – A mí eso nunca me puede pasar porque soy miembro de una iglesia grande y numerosa.-  Otros pueden argumentar diciendo: – Los poderes de la muerte no pueden operar en mi congregación porque trabajamos mucho y estamos siempre activos.-  Quizás, otros piensen que los poderes de la muerte no pueden operar en su iglesia porque en ella existe orden.

La presencia de cada una de estas cosas, o todas juntas, en una congregación no garantiza que haya vida, frescura espiritual ni que se camine en una dimensión sobrenatural.

Le daré un ejemplo práctico formulando tres preguntas para demostrarle que, el sólo hecho de tener estas cosas, no garantizan que fluya la vida de Cristo y la frescura espiritual. Quiero que por un instante, usted piense en un cementerio para poder luego responder las preguntas:

1) ¿Hay crecimiento numérico en un cementerio? ¡Sí! Cada día hay más personas que mueren y son sepultados.

Conclusión: El crecimiento es constante en un cementerio.

2) ¿Hay mucha actividad en un cementerio? ¡Sí! Los sepultureros trabajan arduamente en la tarea de cavar más y más tumbas todos los días.

Conclusión: Hay mucha actividad en un cementerio.

3) ¿Existe orden en un cementerio? ¡Claro que sí!  Las tumbas están ubicadas ordenadamente, una al lado de la otra.

Conclusión: Hay orden en un cementerio.

La cuarta pregunta, y la más importante para mostrarnos una gran verdad, es: ¿Hay vida en un cementerio? ¡No! ¡Allí reina la muerte!

¿Entiende hacia donde lo quiero llevar con este ejemplo? Lo más importante en la iglesia de Dios no son los números, la organización o el orden solamente, sino la vida de Cristo manifestada por la presencia activa del Espíritu Santo. Esto define si en ella está operando el poder del Espíritu Santo o los poderes de la muerte. Todo lo demás tiene su lugar pero es secundario. Lo determinante, de allí el feroz ataque del enemigo para impedirlo, es la presencia activa del Espíritu Santo.

¡No importan cuántas y cuáles sean nuestras excusas, pero si descuidamos el cultivar una vida llena del poder del Espíritu Santo en nuestras vidas y congregaciones, abriremos la puerta a los poderes de la muerte que nos conducirán a una segura decadencia impidiéndonos alcanzar la frescura espiritual y caminar en una dimensión sobrenatural!

Cuando la iglesia pierde su poder espiritual deja de ser luz y sal y sólo sirve para ser pisoteada por la sociedad. Es el mundo conquistando a la iglesia, cuando el deseo del Dios es que la iglesia conquiste el mundo para Cristo.

A continuación quiero mostrarle las consecuencias que vienen, sobre una vida y/o congregación, debido a la operación de los poderes de la muerte.

Cuando la unción y la frescura del Espíritu Santo son contristadas y apagadas, se encienden los poderes de la muerte que transforma lo que antes brillaba y tenía vigor, en algo completamente opaco y sin poder espiritual.

La decadencia espiritual tiene varios grados descendentes que  operan como un “efecto domino”: Uno da lugar al otro y así sucesivamente. Es como la bola de nieve que viene cayendo de lo alto de la montaña y cada vez se hace más grande.

Le invito que, a medida que vaya leyendo los grados de la decadencia espiritual, se vaya examinando a sí mismo. Vayamos, entonces, a analizar los grados de decadencia espiritual:

1. EL FORMALISMO

Cuando en una vida o congregación se descuida la frescura espiritual, comienzan a operar los poderes de la muerte originando el primer grado de decadencia espiritual, que es caer en el formalismo. ¿Qué es el formalismo? “Es hacer lo mismo que se hacía cuando estaba la vida del Espíritu, pero sin el poder y respaldo de Dios.”  Esto significa que sigo haciendo externamente lo que hacía antes, cuando había poder y respaldo de Dios; nada más (¡y nada menos!) que ahora no reina el poder y la presencia del Espíritu Santo. Es una cáscara exterior sin sustancia interior.

Viene a mi mente el ejemplo de Sansón quien por descuidar su voto de santidad, perdió poder espiritual, y “él no se había dado cuenta.” (Jueces 16:20.) Lamentablemente existen personas así dentro de nuestras iglesias y aun en el ministerio.

Muchos asisten y participan en reuniones de poder y avivamiento, pero no viven el poder y el avivamiento en sus propias vidas. Hablan de poder, pero no lo viven realmente. ¿Y qué de nosotros? ¿Qué está pasando en nuestras propias vidas y congregaciones locales? Tantas veces hacemos cosas  sólo para competir y figurar en los primeros lugares, para tener la mejor iglesia, o llegar a ser elpredicador más famoso, cayendo en un activismo enfermizo que llega a ser contraproducente para la vida del Espíritu de Dios y la frescura espiritual. Quizás, quienes nos rodean no se den cuenta que hemos caído en el formalismo (o no se animan a decirlo) pero Usted y Dios sí lo saben… El Señor está esperando que hagamos un alto para que nos humillemos ante Él, reconozcamos este grado de decadencia y adormecimiento espiritual en el cual hemos caído, y volvamos arrepentidos hacia el sendero de la frescura espiritual. ¡Es muy fácil caer en el formalismo, pero podemos salir de allí si lo deseamos realmente!

2. LA TRADICIÓN

Cuando en una vida o en una congregación se pierde la vida espiritual y comienzan a operar los poderes de la muerte, se origina el segundo grado de decadencia espiritual, que es la tradición. ¿Qué es la tradición?: “Hacer lo que dice el hombre en vez de seguir la guía de la Palabra y del Espíritu de Dios.” En este grado de decadencia espiritual, se le da más crédito a los decretos de una organización que a la Palabra de Dios.

Hace varios años escuché a un gran predicador y maestro de la Palabra hablando sobre las tradiciones de los hombres. Él mencionó que el término “tradición” derivaba del término latino, “tradere” que se traduce como “traición.” ¡Qué fuerte es esto! Allí recibí luz de parte del Señor y me di cuenta que la tradición operando en nuestras vidas y congregaciones traiciona el sentir de las Sagradas Escrituras y la presencia del Espíritu Santo, por lo tanto impide alcanzar la frescura espiritual.

Existen creyentes e iglesias que aun en medio de un avivamiento permanecen ciegos y se cierran al obrar del Espíritu, argumentando: “nosotros no acostumbramos a hacer esto,” o que “nuestras reglas no lo permiten.” ¿Sabe algo?  En los tiempos de Jesús había personas que eran la tradición caminando. Se llamaban fariseos o separatistas. Ellos tenían como característica que no sólo le agregaban las tradiciones a la Palabra de Dios, sino que  también le daban más importancia y valor a esas tradiciones humanas que a la Palabra de Dios. Marcos 7:9 dice: “Invalidáis el mandamiento de Dios para GUARDAR VUESTRA TRADICIÓN.”  Colosenses 2:8 dice: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas SEGÚN LA TRADICIÓN DE LOS HOMBRES  y no según Cristo.”

¿Cómo somos individualmente y como congregación local?

¿Estamos dando lugar con nuestras tradiciones religiosas (en forma directa o indirecta) a los poderes de la muerte? 

¿Estamos descuidando la frescura espiritual que viene por la poderosa presencia del Espíritu Santo?

¡Guárdanos Señor!

Miremos ahora el tercer grado de decadencia espiritual:

3. EL LEGALISMO

Cuando en una vida o congregación operan los poderes de la muerte, la tercera cosa que se origina es el legalismo. Éste es parecido al anterior pero tiene ciertos rasgos diferentes. En este grado de decadencia se comienza a hacer demasiado énfasis en las leyes y normas, como si fueran algo supremo y “más” espiritual, pensando que esto es lo que da lugar a la Vida de Cristo y a la frescura espiritual. En este estado espiritual las cosas de Dios pasan por prohibiciones, “esto no se puede, esto sí se puede” o “la religión no me lo permite”. Toda la vida cristiana se basa en una secuencia de prohibiciones que se practican no por una decisión genuina de un corazón quebrantado, sino por obligación forzada. Si caemos en el legalismo, nos veremos impedidos de disfrutar la verdadera libertad espiritual que viene como resultado de dar lugar a la presencia del Espíritu Santo. Gálatas 5:1 dice: “Estad pues firmes EN LA LIBERTAD CON QUE CRISTO NOS HIZO LIBRES y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”

Aquí no estamos hablando del libertinaje que conduce al pecado, sino de la libertad del poder del Espíritu que se disfruta cuando fluye la Vida de Cristo. ¡Muchas veces hemos pensado y, aun enseñado, que santidad en la vida cristiana consiste en obedecer una larga lista de prohibiciones y no nos damos cuenta que en realidad estamos viviendo “un legalismo religioso” que no glorifica Su Nombre!

Legalismo es hacer las cosas por obligación, libertad es apartarse de todo lo malo por convicción absoluta del Espíritu Santo. ¡En Cristo hay libertad para vivir en pureza y santidad gracias a la  presencia del Espíritu Santo! ¡En Cristo hay libertad para vivir en frescura espiritual y caminar en una dimensión sobrenatural! ¿No nos estaremos confundiendo dando lugar al legalismo en nuestras vidas, pensando que eso es verdadera libertad y frescura espiritual? ¡Guárdanos Señor!

4. EL MATERIALISMO

Los grados de decadencia espiritual son como una bola de nieve que a medida que va cayendo de la montaña se hace más y más grande. Ésta “bola de nieve espiritual”, al caer arrastra más y más cosas que no glorifican al Señor.

En este grado de decadencia, su característica es que ya no se busca primeramente al Rey del Reino (Jesús), como dice Mateo 6:33, sino a los beneficios del Rey (sólo bendiciones y gratificación personal). Se vive la vida cristiana por el solo interés de recibir “bendiciones” y no por un genuino amor al Dador de las bendiciones. Esta clase de “creyente” ve a Dios como una especie de mago o Aladino, donde con sólo frotar la “lámpara espiritual,” pretenden tener a Dios a su servicio para que les dé todo lo que le pidan egoístamente.

El materialismo es un grado de decadencia que afecta nuestras vidas personales y ministerios e impide el fluir de la frescura espiritual. La vida en el Espíritu es la que nos proporciona el equilibrio justo para, por sobre todo, amar al Rey Jesús y, como resultado de ese amor, recibir Sus bendiciones. Mateo 6:33 nos exhorta, primero y principal, a buscar el Reino de Dios sabiendo que lo demás vendrá por añadidura. ¿Buscamos a Dios solamente para que satisfaga nuestras peticiones egoístas sin importarnos Su persona? ¿Nos interesa más obtener las bendiciones materiales, que alcanzar la frescura espiritual? ¡Qué el Señor nos guarde de semejante grado de decadencia espiritual!

El último punto de la decadencia espiritual es:

5. EL LIBERALISMO

Este es el punto más bajo de la decadencia espiritual. A esta altura ya se pierde el concepto de lo que es  verdadero y lo absoluto, se cree más lo relativo del mundo que lo absoluto e inamovible de Dios. Ya no se diferencia lo santo de lo profano. Se tergiversa la Santidad de Dios, llamando bueno a lo malo, y a lo pecaminoso aceptable.

En este nivel se utiliza el ministerio o servicio a Dios como un trabajo o profesión y una pantalla de promoción personal, sin importar el santo llamado de Dios y vivir una vida de santidad e integridad. En este nivel da lo mismo mentir o hablar medias verdades, ya se ha perdido la sensibilidad y el freno del Espíritu Santo para decirle no y huir del pecado.

La presencia de Dios queda imposibilitada y/o retenida de obrar debido a la constante actitud pecadora, y a la falta de sentir el deseo de un genuino arrepentimiento. A esta altura, los poderes de la muerte se mueven con total libertad. De este paso, a la apostasía y muerte espiritual, sólo hay un paso.

Todo nuestro ser debería estremecerse al conocer los grados de decadencia espiritual, en los cuales todos podemos caer si descuidamos la vida  llena del Espíritu Santo y el caminar en frescura espiritual. Como dije anteriormente, esta decadencia es como una bola de nieve que viene cayendo desde lo alto de la montaña. Empieza pequeña, pero su estado posterior, descendente, es más y más grande y, a la vez, destructor de la genuina vida espiritual.

Reflexión final

No importa cuán bajo hayamos caído en nuestra vida espiritual. Lo más importante es que Dios está interesado en levantarnos para que experimentemos la frescura del Espíritu Santo y caminemos en una dimensión sobrenatural, si realmente queremos levantarnos espiritualmente.

Éste es un tiempo donde el Señor, a través de su Espíritu Santo, desea obrar como nunca antes en la Iglesia de Cristo. No pierda este tiempo especial de Dios viviendo en decadencia espiritual, sino colóquese bajo la cobertura del Espíritu Santo, y prepárese a experimentar en su vida un cambio de rumbo hacia la verdadera frescura espiritual, ¡pues es tiempo de caminar en una dimensión sobrenatural y bien lejos de la decadencia espiritual!

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