ESPECIAL NAVIDAD 2: LA ENCARNACIÓN DE JESUCRISTO

¿Jesús fue un ser humano como los demás?

Al leer los evangelios sobre Jesucristo, nos damos cuenta que estamos frente a alguien que es completamente humano, con los atributos que tiene cualquier ser humano. Sin embargo, vemos que también hay algo que lo hace diferente, especial de los demás, hay algo que lo destaca entre la gente. Las Sagradas Escrituras presentan a Jesús como un hombre que nació, vivió y murió pero a la vez lo presentan como Uno que es completamente diferente, un ser divino.

El dilema sobre la humanidad de Jesucristo se plantea en los primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas a través de genealogías, indican la ascendencia humana de Jesús. Marcos pasa por alto las genealogías y declara en el primer versículo que Jesucristo es el hijo de Dios. Juan hace caso omiso de la parentela humana que tenía el Señor, y en forma breve, pero con profundas palabras, declara en Juan 1:1 “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. “

Al pensar en la humanidad de Jesucristo, vemos que su vida terrenal tuvo un principio cuando nació de María en la ciudad de Belén. En Isaías 9:6 leemos “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” Note que menciona el nacimiento de un niño. Es decir, su vida tuvo un principio, pero la segunda parte del pasaje dice “hijo nos es dado” dando a entender que ha existido desde antes. Aquí vemos la fusión entre lo divino y lo humano. El Dios eterno y supremo se hizo ser humano, las dos naturalezas, la humana y la divina se juntan y el Hijo de Dios con el hijo del hombre se fusionan en una persona: Jesucristo.

La perfecta divinidad de Jesucristo

Se puede ver con claridad que las Escrituras enseñan la preexistencia eterna de Jesucristo. Por ejemplo en las profecías del Antiguo Testamento tenemos la mención cuando dice en Miqueas 5:2 “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.” Luego en el Nuevo Testamento encontramos otros versículos que declaran su preexistencia, como Juan 1:1-2 “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.  Este era en el principio con Dios.”; Juan 8:58 “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”; Juan 13:3 “sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,”; Juan 17:5 “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.”. En las cartas de Pablo se habla de esta sublime verdad: Filipenses 2:6; Colosenses 1:15, 19; 1 Timoteo 3:16; Hebreos 1:3 y 13:8.

Entre las porciones que hablan indirectamente de la preexistencia de Cristo como el Creador de la creación tenemos Hebreos 1:10: “Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra” y Colosenses 1:16-17: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.  Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”.

Debemos siempre recordar que Jesucristo no solo es preexistente sino que es también divino, es decir, es Dios mismo como lo afirman, por ejemplo Juan 1:1; 20:28; Romanos 9:5; Tito 2:13; Hebreos 1:8; 1 Juan 5:20.

La perfecta humanidad de Jesucristo

El otro hecho maravilloso y sorprendente es que Jesucristo al mismo tiempo es completamente humano. En los primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas, tenemos anunciado y verificado su nacimiento, cuya madre fue la virgen María, lo cual demuestra que era igual que los demás. Como hombre participaba de las tres partes comunes del ser humano: cuerpo (Lucas 24:39); espíritu (Juan 13:21) y alma (Mateo 26:38). La Biblia relata que Jesús crecía tanto en estatura como en sabiduría (Lucas 2:52); tenía hambre y sed (Mateo 4:2; Juan 19:28), se cansaba y necesitaba descansar (Juan 4:6; Mateo 8:24) entre otras tantas cosas naturales a cualquier ser humano.

Esta fusión entre lo humano y divino es lo que llamamos “la encarnación”, esto es, Cuando Cristo “el Hijo que nos es dado” vino a ser “el niño que nos ha nacido”.

Esto fue necesario hacerlo para que Jesucristo fuera el Mediador único y perfecto entre Dios y los hombres. Esto solo ha sucedido con el nacimiento de Cristo. Su encarnación tuvo su gestación en el vientre de María por la obra del Espíritu Santo como lo afirma Lucas 1:35 “Respondiendo el ángel, le dijo (a María): El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”

Entonces, Jesucristo fue cien por ciento divino y cien por ciento humano. Un milagro que solo Dios pudo hacerlo para cumplir su plan de redención y salvación de la humanidad.

Fuente: La Vida de Jesucristo, lección 3 escrito por Francisco Cook y publicado por Editorial Portavoz, Grand Rapids, Michigan, USA, 1999.

 

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