CÓMO BATALLAR POR NUESTRA SANIDAD

Por Ritchie Pugliese

Una de las cosas que sucede dentro de gran parte de la Iglesia de Cristo es que muchos cristianos han tomado a la enfermedad y a las dolencias con un espíritu de resignación, como si enfermarse fuera algo “normal” de la vida, que les tiene que suceder tarde o temprano, especialmente con el avance de los años.

Pareciera como que la industria farmacéutica  y el avance de la medicina hubieran creado, en nuestro interior, un patrón que nos dice que  tenemos que  aprender a vivir llevando enfermedades y dolores a cuestas, como parte del “paquete” de la vida, consumiendo toda la vida medicinas. 

Pareciera que en los tiempos que vivimos, en la manera de pensar acerca de las enfermedades y dolencias, no hubiera diferencia entre el pueblo de Dios y aquellos que no son parte del pueblo de Dios. Existe el mismo patrón de pensamiento, que por cierto no coincide con lo que Dios ha dicho en Su Palabra y espera de Su pueblo.

Dios en esta hora importante de la historia, quiere separar las cosas y nos quiere llevar como Pueblo de Dios un paso más allá para que no nos perdamos nada de lo que él quiere hacer y marquemos la diferencia. Para alinearse en ésta ola bendecida del Espíritu, una de las cosas iniciales importantes para hacer es reflexionar y a la vez examinar cual ha sido la  actitud que hasta la fecha  hemos tenido hacia las enfermedades. Quizás nunca se le había ocurrido pensar acerca de esto, pero interprete que Dios lo está permitiendo con el propósito especial de enseñarle una gran verdad y darle una mayor revelación.

Por un instante, medite en las veces que se ha hecho un examen de salud, o ha consultado al médico por alguna enfermedad o dolencia que estaba padeciendo, y piense cual fue su actitud, o reacción inmediata, especialmente si el médico le dio un resultado desalentador. Si usted es como la mayoría, lo más probable es que haya sentido una sensación negativa inicial, de temor y resignación en su corazón, que le trajo a su mente la idea de que tendría que vivir con esa “cruz” (enfermedad) todos los días de su vida. En síntesis, usted se sintió “automáticamente” derrotado ante el diagnóstico del médico. Luego seguramente habrá reaccionado y orado algún tiempo por su sanidad, pero al ver que el tiempo pasó y nada sucedió decidió rendirse, pensando que tendría que llevar esa enfermedad a cuestas por siempre… hasta llegó a pensar que el designio de Dios fue que usted viviera así… hasta que muriese.

Si somos sinceros con nosotros mismos, la mayoría de las veces esta ha sido la actitud y la clase de pensamientos que han pasado por nuestra mente y su posterior reacción. No tuvimos, la fuerza interior suficiente para luchar por nuestra sanidad. Sabíamos acerca de que Dios sana, pero pareciera que la sanidad fuera para cualquiera menos para nosotros.

La idea de lo que estamos tratando no es con el fin de quedarnos apesadumbrados y con los brazos cruzados, sino estar dispuestos a ver las cosas desde otra óptica superior, la de Dios. El Espíritu Santo en estos días está restaurando un concepto que nos ayudará a recibir, conservar nuestra salud y protegernos contra toda enfermedad a fin de cumplir el ciclo de vida estipulado por Dios. Este concepto es: Arrebatar con autoridad, batallando espiritualmente, la herencia bendecida de sanidad divina que nos corresponde por ser hijos de Dios. La palabra “arrebatar” resume espiritualmente lo que el Señor quiere que, nosotros sus hijos, hagamos en este tiempo.

Para poder entender lo que significa espiritualmente “arrebatar nuestra herencia bendecida de salud divina”, le daré la siguiente definición: “Es la capacidad que Dios le da al creyente de levantarse en el poder del Espíritu Santo, para  batallar con la autoridad de Cristo, contra toda dolencia y  enfermedad que quiera afligir su vida, a fin de recibir y disfrutar la salud y sanidad que Dios ha prometido en Su Palabra”

Los tiempos que vienen serán caracterizados por grandes manifestaciones del poder de Dios, incluida las sanidades, a manera de testimonio al mundo para que se sepa:

a) Quién es el Señor Jesucristo, 

b) Lo que la Iglesia (el Cuerpo de Cristo) puede hacer en Su nombre.

Paralelo a eso, veremos una furia descontrolada del enemigo quien, sabiendo que cada día que pasa le queda poco tiempo para irse a su destino estipulado por Dios, atacará a la gente físicamente para que muera sin reconocer a Cristo como su Salvador, y a los hijos de Dios con toda clase de enfermedades para impedirles recibir en vida las promesas de salud y sanidad divina registradas en la Biblia.

Es por eso que en los tiempos que vienen, batallar espiritualmente para arrebatar nuestra herencia bendecida de salud divina (y por cierto recibir todas las demás promesas que Dios nos ha dado en Su Palabra) será una característica normal de la Iglesia de Cristo por todo el mundo.

Para movernos con una actitud ofensiva espiritual, de fe vencedora, necesitamos creer ciertas cosas de la Palabra de Dios como leyes espirituales inamovibles e indubitables:

1. Necesitamos creer que tenemos un ciclo de vida longevo estipulado por Dios, estipulado en Su Palabra

El Salmo 90:10 dice “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos” La Biblia es clara al respecto y dice todos tenemos un ciclo de vida que atravesar y que lo mínimo que tenemos que vivir son setenta años y ochenta en los más robustos (y los que tengan aún más fe, quizás puedan vivir más).

Chuck Pierce en su libro (9) detalla específicamente el ciclo de vida del cristiano; “Dios tiene un ciclo de vida para cada uno de nosotros. Nuestro ciclo de vida comienza en la concepción y continúa con la siguiente progresión:

A. Concepción es el comienzo del propósito de Dios al ser concebidos en el vientre.

B. Nacimiento es el comienzo de la nueva vida que Dios ha creado.

C. Edad de rendir cuentas, en la cual se crea nuestra necesidad de Dios.

D. Nuevo nacimiento cuando somos trasladados de las tinieblas a la luz.

E. Recibir esperanza por buscar y recibir lo que Dios espera de nuestro futuro.

F. Madurar en nuestra fe como un arma vencedora de Dios.

G. Demostración del poder y sabiduría de Dios que desata nuestro destino.

H. Manifestación de la gloria de Dios y el cumplimiento interior de nuestra identidad con El.

I. Un perfeccionamiento de nuestro rol en el ámbito terrenal, enfrentar la muerte y entrar en la eternidad.”

El creyente debe armarse del pensamiento de que tiene que vivir al menos setenta años saludablemente, y que si arrecia una enfermedad o dolencia deberá presentarle batalla para vencerla e impedirle que acorte el ciclo de días estipulados por Dios. Es indispensable erradicar de nuestra mente el pensamiento de que morir prematuramente sea la voluntad de Dios. ¡Si esa idea está dando vueltas por su cabeza, ya sabe de quién viene y repréndala en el Nombre de Jesús!

Alguien ha dicho con razón que como cristianos somos inmortales en esta tierra, hasta que hayamos cumplido el ciclo de vida estipulado por Dios en Su Palabra, y nos llegue la hora de partir para estar con el Señor.

Debemos aprender a vivir con esa clase de seguridad celestial cada día de nuestra vida. De otra manera quedaremos expuestos a los espíritus de temor para que nos torturen mentalmente y acorten nuestros días.

2. Necesitamos creer que  no sólo viviremos la cantidad de años que Dios ha dicho, sino también con vigor y salud divina

El Salmo 92:12 dice: “El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en el no hay injusticia”  El pasaje claramente declara que con Dios se puede tener una vejez plena, diferente de lo que se conoce naturalmente como vejez.

3. Necesitamos considerar a la enfermedad como un enemigo que quiere conquistar al cristiano, como algo ilegal que no tiene parte con lo legal declarado por Dios en Su Palabra

Jesucristo vio a la enfermedad como un enemigo que vino para azotar a la humanidad. Por eso el se manifestó una y otra vez como el Sanador. El vino a sanar a un mundo infectado por la enfermedad y a imponer los principios del Reino de Dios, los cuales entre ellos están las leyes de salud divina y sanidad. Existen cristianos que se sienten con culpa cuando son atacados por alguna enfermedad, cuando en realidad deberían verla como un enemigo que ha atacado  e invadido ilegalmente su cuerpo y que será necesario presentarle batalla opositora para vencerla y eliminarla en el Nombre de Jesús.

4. Tenemos que entender que para disfrutar de la bendición de la salud, sanidad y protección divina tendremos que actuar espiritualmente

Lamentablemente a muchos cristianos no les agrada la idea de involucrarse en la lucha espiritual, pero aunque no nos guste, el diablo nos ha declarado la guerra y nos corresponde a nosotros aprender a pelear la buena batalla de la fe.

La Biblia dice que “Jehová es varón de guerra” (Éxodo 15:3), es por eso que él tiene un plan de guerra para que su pueble batalle y obtenga sus bendiciones. Dios en este tiempo está restaurando el concepto de la guerra espiritual, y la necesidad que el cristiano tiene de equiparse con las armas espirituales para batallar contra las fuerzas del mal. Es la voluntad de Dios que aprendamos a ganar nuestra batalla contra la enfermedad así como batallamos contra el pecado o cualquier otra cosa.

5. Tenemos que entender que el diablo, de manera directa e indirecta, está detrás de toda enfermedad o dolencia

Muchas veces a los cristianos guerreros del Espíritu de Dios se los acusa de “estar viendo demonios por todo lados”,  ¡pero la realidad es que lamentablemente vivimos en un  mundo infectado de demonios por todos lados! La Biblia claramente nos dice que nuestra lucha no es contra personas sino contra las fuerzas espirituales de maldad (Efesios 6:12).

Como cristianos luchamos espiritualmente contra satanás y sus demonios. En la fuerza aérea norteamericana a los soldados se les da un libro titulado “Doctrinas de Guerra” (10) donde en el capítulo introductorio se les enseña que el primer principio de guerra es conocer bien a su enemigo. Como cristianos necesitamos entender que para poder vencer al enemigo llamado “enfermedad y dolencias” se hace necesario batallar, y para eso es indispensable entender como él diablo se mueve para estar bien equipados y cancelar sus tretas.

Cuando una persona se enferma, satanás la ataca hablándole a la mente: – No hay esperanza. Nadie se ha sanado de la enfermedad que tienes, especialmente en el estado avanzado en que tú te encuentras. Voy a destruirte, pues tú vas a morir y no podrás recibir las bendiciones que Dios te prometió – ¡Esto sin lugar a dudas es guerra espiritual!

6. Tenemos que saber que para ganar la batalla hay que atacar y contraatacar al enemigo.

Por años la Iglesia de Cristo se ha mantenido pasiva, inerte frente a los embates destructivos del diablo. No sé por cual motivo hemos crecido con el concepto de vivir todo el tiempo a la defensiva y hasta pensando que el enemigo tiene mayor poder que nosotros los hijos de Dios. Con la idea derrotista de que todo irá de mal en peor en este mundo, hemos perdido de vista que la Iglesia que será arrebatada, en cambio, será una iglesia victoriosa, no perdedora.

El libro de Apocalipsis en los mensajes a las siete iglesias (lea capítulos 2 y 3) repite una y otra vez: “el que venciere” dando la idea que es posible no resultar vencedor. Esto nos habla de que debemos dejar nuestra actitud pasiva religiosa, tomar la autoridad de Cristo y todo el armamento poderoso que El nos dejó para batallar y vencer para la Gloria de Dios.

No lo olvide: Usted necesita estar alerta para defenderse y atacar a su enemigo o su enemigo se defenderá atacándolo sin piedad a usted. La enfermedad es un arma predilecta del diablo para atacar al cristiano. El enemigo odia todo lo que Dios ha creado, inclusive a la Iglesia de Cristo. Su meta es ocasionar el mayor daño posible en aquellos que no sólo son criaturas de Dios, sino también en las nuevas criaturas espirituales en Cristo.

Cuando el creyente es atacado con una enfermedad no significa que tenga que vivir enfermo o morir, sino que es el tiempo para declararle la guerra en el Nombre de Jesús y arrebatar la sanidad para la gloria de Dios. Aunque no nos guste involucrarnos en guerra espiritual, Mateo 11:12 nos dice que el reino de los cielos sufre violencia y los violentos la arrebatan.

En éste tiempo el enemigo está atacando violentamente una y otra vez al pueblo de Dios con enfermedades. Para vencer, es necesario que nos levantemos con violencia espiritual para contrarrestar, cancelar toda obra del maligno. Involucrarse en la batalla para arrebatar nuestra sanidad es un arduo trabajo, pero la victoria que se puede alcanzar hace digno cualquier esfuerzo.

Existen hoy muchos que presentan objeciones a este tipo de lucha espiritual, y no están a favor de arrebatar por fe la sanidad porque difiere de los métodos conocidos para ser sanados. Otros argumentan que no es necesario batallar para ser sanados,… ¡especialmente el diablo! Otros directamente dicen que la mejor manera de no tener problemas con el enemigo es ignorarlo, pero el Espíritu Santo fuertemente está hablando a la Iglesia de Cristo, invitándola a renovar la mente y prepararse para ser participantes activos del mayor mover sanador del Espíritu Santo de todos los tiempos. ¿Será usted parte pasiva o activa de esta historia?  No lo olvide: Ser sanados y protegidos a través de la guerra espiritual es una lucha digna de pelear, más sabiendo que de nuestro lado está el Gran Sanador-Vencedor: ¡Jesucristo!

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