Por Ritchie Pugliese

La amargura es mucho más que una reacción negativa del alma, si lo analizamos profundamente en realidad es una fuerza sobrenatural, un principado del enemigo que intenta flagelar nuestra alma y contaminar nuestra vida.

En Efesios 6:12 leemos que nuestra lucha no es contra personas sino contra los principados, potestades, gobernadores de las huestes de maldad que operan en este mundo. El enemigo se vale de nuestra debilidad de carácter y se entromete para contaminar nuestras vidas.

La Palabra de Dios nos advierte a no darle lugar a la amargura para que no haga raíces en nuestro corazón: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;” (Hebreos 12:15)

Se ha dicho con razón que vivir con amargura es como pretender tomar veneno y que la persona que nos hizo el daño se muera. La amargura es realmente un veneno que destruye a la persona si no la extirpa de su corazón.

Quizás usted esté pensando que la amargura es solamente una reacción natural a conflictos negativos que hemos tenido en la vida, generalmente con personas. Esto es verdad externamente, pero si miramos hacia el interior de lo que es la amargura, nos daremos cuenta que es algo inflamado por el mismo diablo para destruirnos.

En este artículo quiero mostrarle que cuando damos lugar a la amargura, en vez de decidir hacer lo que Dios dice, perdonar y bendecir a los que nos han hecho daño, empezamos a deslizarnos y a caer en niveles más oscuros que nos llevan a la destrucción. Es como una especie de bola de nieve que cae desde la cima de la montaña, la cual a medida que rueda hacia abajo se hace más grande.

Existen siete niveles descendentes de la amargura, los cuales están encadenados unos con otros y que operan simultáneamente. Veamos cuáles son:

1. Falta de perdón/Decidir no perdonar

En menor o mayor grado todos alguna vez hemos alojado en la mente imágenes de las cosas malas que otros nos han hecho. A nuestra memoria aparece la imagen de la persona que nos hizo algo malo y lo que ésta persona ha hecho en nuestra contra. La reacción natural es no perdonar y llenarse de amargura, pero existe una reacción espiritual que puede detener a la amargura: Decidir dar el paso de perdonar a la persona que nos hizo mal. Perdonar es una decisión, no un sentimiento. Perdonar significa moverse por fe y actuar basado en lo que dice la Palabra de Dios, sobre lo que uno piensa y siente. Cuando Pedro le preguntó a Jesús sobre el perdonar, le dijo: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” (Mateo 18:21-22)

¿Qué sucede cuando no perdonamos y nos quedamos con amargura interior? Nos conduce al segundo nivel.

2. Resentimiento

El resentimiento implica “masticar” o meditar una y otra vez en lo malo que nos han hecho. El resentimiento es un problema espiritual, no psicológico como muchos piensan. Al pensar y hablar sobre el tema una y otra vez nuestro ser interior se resiente y se llena de amargura.

¿Qué sucede si decidimos no perdonar? Nos conduce al tercer nivel.

3. Desquitarse/Desquite o venganza

Aquí se cumple el dicho que dice: “El que las hace las paga”. No hay vuelta atrás hacia el perdón, sino que hay una determinación de devolver de la misma manera, o peor aún, de lo que nos han hecho.

¿Qué sucede si decidimos no perdonar? Nos conduce al cuarto nivel

4. Ira/Enojo enfurecido

La sumatoria de la falta de perdón, resentimiento y el deseo de desquitarse o vengarse alojada en el corazón hace que aún ante la sola mención del nombre de la persona que nos ha hecho daño, la persona herida se enfurezca y llene de rabia furiosa.

¿Qué sucede si decidimos no perdonar? Nos conduce al quinto nivel

5. Odio

En este punto ya pensamos “esta persona que me hizo ese daño está muerta para mí”. Sea que esté viva o no, cerca o lejos, para nosotros es como si hubiera muerto pues no deseamos volver a verla ni tener más relación con él/ella. Es la decisión amarga de no estar donde esa persona esté.

Lo increíble de esto es que a pesar de no ver ni hablar con la persona que nos ha hecho daño, si no decidimos perdonar, seguiremos llenándonos más y más del veneno de amargura.

¿Qué sucede si decidimos no perdonar? Nos conduce al sexto nivel.

6. Violencia

Este paso se denomina “odio violento” donde pasamos del pensamiento a la ejecución física del odio. En este punto la persona piensa: – Así como él/ella me hizo sufrir antes, ahora él/ella va a conocer y experimentar mi odio práctico”

¿Qué sucede si decidimos no perdonar? Nos conduce al séptimo nivel.

7. Asesinato

Una vez que la violencia se manifiesta no se sabe dónde termina, aunque generalmente sabemos que termina con asesinato. El asesinato puede ser físico pero además también puede ser hecho con la lengua, donde nos encargamos todos los días de la vida a hablar mal, desacreditar, deshonrar a la persona que nos hizo un daño. ¡Esta es una horrible manera de vivir!

¡Es posible librarse de la amargura y sus consecuencias!

¡Gracias a Dios que podemos evitar caer en alguno o en todos los siete niveles mencionados si actuamos a tiempo! La solución a esto es decidir perdonar de acuerdo a las palabra de Jesús en Mateo 18:22. Humanamente no es posible, pero con la ayuda del Espíritu Santo, sumado a nuestro deseo de hacer lo que dice la Palabra de Dios, puede ser posible.

De esta manea seremos guardados de muchos problemas, porque la amargura es como el ácido, que come el alma, envenena la mente y luego destruye el cuerpo.

¡Experimentemos la libertad que hay en Cristo y a pesar de todo lo malo que hayamos experimentando, decidamos ser personas libres de toda amargura!

“No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.” (Lucas 6:37)

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