Por Ritchie Pugliese

Mateo l6:13-18 es un pasaje brillante de las Sagradas Escrituras que presenta dos verdades fundamentales. Dice así: “Yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre ésta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”

En este pasaje nos encontramos con Jesús dialogando con sus discípulos y estableciendo los fundamentos de victoria que debían regir sobre su Iglesia, de la cual Él es la Cabeza indiscutible. Aquí Él está enfatizando dos cosas muy importantes:

a) “Sobre esta roca (Cristo) edificaré mi iglesia”

b) “Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (la iglesia)”.

Lo que Jesús aquí estaba declarando era que no sólo su iglesia habría de tener solidez siempre y cuando se lo reconociera como la Roca firme, sino que también él estaba declarando que mientras la iglesia mantuviera la vida de Dios, que viene por el poder del Espíritu Santo, las puertas del Hades no la podrían vencer.

Para poder entender esto, en necesario saber el significado de la frase “las puertas del Hades”. Esta frase significa literalmente “los poderes de la muerte”. ¿Sabía usted que desde que la iglesia nació a partir del día de Pentecostés, y será hasta que Cristo venga a buscarla, que Satanás ha intentado siempre introducirse en ella para sembrar muerte y decadencia espiritual?

Necesitamos saber que el plan supremo y macabro del enemigo contra la iglesia de Cristo es impedir que opere en ella la viva presencia del Espíritu Santo y derramar contra ella los poderes de la muerte. El deleite del enemigo es apagar el fuego de Dios y encender los poderes de la muerte. Esto es un asunto muy serio, ya que la consecuencia inmediata del obrar del poder de la muerte es la DECADENCIA ESPIRITUAL.

Debemos saber que donde opera la decadencia espiritual no opera el poder del Espíritu Santo. Allí es contristado y rechazado. Bien sabemos que la voluntad de Dios para su iglesia (de la cual formamos parte usted y yo) es plenitud, abundancia y poder espiritual. Todo lo que la iglesia haga debe hacerlo en y por el poder de la Tercera Persona de la Trinidad. Algunos pasajes nos confirman esta verdad. Por ej: Gálatas 5:16 dice “andad en el Espíritu”, Efesios 5.18 dice “Sed llenos del Espíritu Santo”, Romanos 8:6 dice: “Ocuparse del Espíritu es vida y paz”, Romanos 8:14 dice “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios”.

Con estos pocos pasajes bíblicos podemos darnos cuenta con facilidad que es responsabilidad de la iglesia mantener viva la presencia de Dios para impedir a los poderes de la muerte obrar. ¿Sabía usted que si descuida su vida espiritual, el fuego de Dios se apaga? ¿Sabía usted que si nuestras vidas no están sustentadas por Cristo, los poderes de la muerte nos vencerán? ¿Sabía usted que si en nuestras congregaciones no reina la vida del Espíritu de Dios, los poderes de la muerte lo harán?

Sería bueno formularnos las siguientes preguntas en la intimidad de nuestro ser:

Nuestra vida espiritual, ¿en qué está sustentada?

Nuestro ministerio ¿sobre qué está sustentado?

¿Realmente opera la vida de Cristo en mi vida, familia y ministerio?

Algunos creen que se ocupan de su vida espiritual porque asisten a los servicios del día domingo por la mañana, otros porque dan sus ofrendas y diezmos, otros porque se visten de religiosos y traen el “libro negro” bajo el brazo. Otros quizás creen que se ocupan de su vida espiritual porque tienen éxito en su ministerio. Estas cosas dentro de su contexto son útiles y buenas, pero si nuestra vida no está sustentada por el poder del Espíritu Santo no fluirá de nosotros la vida de Cristo y prevalecerá sobre nosotros el poder del Hades, el poder de la muerte espiritual.

Quizás tú digas: – a nosotros eso nunca nos puede pasar porque soy miembro de una iglesia grande y numerosa -. Otros pueden argumentar diciendo: -Los poderes de la muerte no pueden operar en mi congregación porque trabajamos mucho en la obra de Dios. Quizás otro piense que los poderes de la muerte no pueden operar en su iglesia porque en ella hay orden.

El ejemplo de un cementerio

Le daré un ejemplo práctico para demostrarle que estas cosas no garantizan la vida de Cristo. La presencia de una de ellas o todas juntas en una congregación no significa que haya Vida: Le daré un ejemplo para demostrarlo. Piense por un instante en un cementerio Allí, ¿Hay crecimiento?, ¡claro que sí! cada día hay más tumbas para enterrar a los muertos. El crecimiento es constante. En el cementerio ¿se trabaja mucho? ¡Sí! los sepultureros no dan abasto con la tarea de hacer más y más tumbas. En el cementerio ¿hay orden? ¡Claro que sí! Si usted va a la oficina vera un archivo donde están los planos de cada tumba, ubicada y registrada ordenadamente por número…. pero… en un cementerio, ¿hay vida? ¡No! Allí reina la muerte. ¿Entiende adonde lo quiero llevar con este ejemplo? En la Iglesia de Dios, lo más importante es la Vida de Cristo y la presencia activa del Espíritu Santo. Esto define si en ella está operando el poder del Espíritu Santo o los poderes de la muerte. ¡Gran diferencia!

¡No importan cuántas y cuáles sean nuestras excusas, pero si descuidamos el poder del Espíritu Santo en nuestras vidas y congregaciones, operará en nosotros el poder de la muerte espiritual que nos conduce a una segura decadencia espiritual!

A continuación quiero mostrarle las consecuencias que trae la operación de los poderes de la muerte en la iglesia (individualmente y corporalmente). Cuando la unción y la frescura del Espíritu Santo, que trae la vida de Cristo son apagadas, se encienden los poderes de la muerte que transforman lo que antes brillaba y tenía vigor en algo completamente distinto a lo planeado por el Señor.

Le invito que a medida que vaya leyendo los grados de la decadencia espiritual se vaya examinando ante el Señor, como hijo de Dios, siervo del Señor y como Iglesia de Cristo. Hoy puede ser para usted un tiempo de nuevos comienzos para volver a dar lugar a la frescura del Espíritu en su vida y ministerio.

Los grados descendentes de la decadencia espiritual

1. EL FORMALISMO

Cuando en una vida o en una congregación operan los poderes de la muerte,el primer grado de decadencia espiritual es caer en el formalismo. ¿Qué es el formalismo?: “Es hacer lo mismo que se hacía cuando había vida, pero sin el poder de Dios”. Esto significa que sigo haciendo lo que hacía antes cuando había poder, plenitud espiritual y respaldo de Dios, nada más (¡y nada menos!) que ahora no reina el poder y la presencia del Espíritu Santo.

Viene a mi mente el ejemplo de Sansón. Debido a que el descuido su santidad, perdió su poder espiritual y “EL NO SE HABÍA DADO CUENTA” (ver Jueces 16:20). Muchos asisten y participan en reuniones de poder y avivamiento pero no reciben poder y avivamiento en sus vidas. Hablan de poder pero no viven realmente bajo el poder del Espíritu Santo.

¿Qué está pasando en nuestras propias vidas? ¿Y en nuestra congregación local? Tantas veces los ministros hacemos y hacemos cosas para figurar y tener la mejor iglesia o ser el mejor predicador y caemos en un activismo que llega a ser contraproducente para la vida del Espíritu de Dios. Quizás los que nos rodean no se den cuenta que hemos caído en el formalismo o no se animan a decírnoslo, pero tú y Dios sí lo saben… El Señor está esperando que hagamos un alto, nos humillemos ante El, reconozcamos este grado de decadencia espiritual y volvamos a la senda antigua donde la frescura espiritual era nuestro estilo de vida. ¡Qué fácil es caer en el formalismo!

2. LA TRADICIÓN

Cuando en una vida o en una congregación se pierde la vida espiritual y reinan los poderes de la muerte, el segundo grado de decadencia espiritual es la tradición. ¿Qué es la tradición?: “No seguir la guía de la Palabra y el Espíritu de Dios sino hacer lo que dice el hombre o las organizaciones humanas”.

Hace varios años escuché a un gran predicador y maestro de la Palabra hablando sobre las tradiciones de los hombres. El mencionó que el término “tradición” es un término latino, “tradere” que se traduce como “traición”. ¡Qué fuerte esto! Allí recibí luz de parte del Señor y me di cuenta que muchas veces la tradición operando en nuestras vidas y congregaciones traicionan el sentir de las escrituras y la presencia del espíritu santo, es decir, traicionan lo que Dios quiere que hagamos y vivamos.

Hay iglesias que todavía se cierran al obrar del Espíritu argumentando que “nosotros no acostumbramos a hacer esto” o “Las reglas de nuestra denominación no lo aprueban”. ¿Sabe algo? En los tiempos de Jesús había personas que eran la tradición caminando. Eran los fariseos.

Los fariseos tenían como característica que a la Palabra de Dios (la Ley) LE AGREGABAN LAS TRADICIONES DE LOS HOMBRES (Mr. 7:9). Es más, hacían valer más a las tradiciones que a la Palabra de Dios. Marcos 7:9 dice: “Invalidáis el mandamiento de Dios para GUARDAR VUESTRA TRADICIÓN”. Colosenses 2:8 dice: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas SEGÚN LA TRADICIÓN DE LOS HOMBRES,… y no según Cristo”.

¿Cómo somos nosotros individualmente y como congregación?

¿Estamos dando lugar con las tradiciones a los poderes de la muerte y estamos descuidando la Vida de Cristo que viene por la poderosa presencia del Espíritu Santo?

¡Guárdanos Señor!

Vayamos ahora al tercer grado de decadencia espiritual:

3. EL LEGALISMO

Cuando en una vida o congregación operan los poderes de la muerte por descuidar la vida espiritual, la tercera cosa que opera, es el legalismo. Este, es parecido al anterior pero es diferente. En este grado de decadencia se comienza a fijar y sobre enfatizar a los reglamentos y normas como algo espiritual, pensando que así se da lugar a la Vida de Cristo. Si bien el orden es de Dios, si caemos en el legalismo, quedaremos impedidos de disfrutar la verdadera libertad espiritual que viene al dar lugar a la presencia del Espíritu de Dios. Gálatas 5:1 dice: “Estad pues firmes EN LA LIBERTAD CON QUE CRISTO NOS HIZO LIBRES y nos estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”.

Aquí no es cuestión de dar lugar al libertinaje carnal sino a la libertad en el poder del Espíritu que se disfruta cuando fluye la vida de Cristo. ¡Cuántas veces pretendemos que la libertad en la vida cristiana consista exclusivamente en cumplir reglas, como ser: “esto no se hace”, “no se toca” y pretendemos con nuestro “santo” legalismo ser más santos que Dios! Vivimos (a los ojos de Dios) una vida cristiana lastimosa que para nada glorifica Su Nombre ¡En El hay libertad para vivir en pureza y santidad, gracias a la fresca y deleitosa presencia del Espíritu del Señor! ¿No nos estaremos confundiendo en nuestras vidas y congregaciones dando lugar al legalismo pensando que es libertad espiritual?

4. EL MATERIALISMO

La decadencia espiritual es como una bola de nieve que a medida que va cayendo se hace más y más grande. Arrastra más y más cosas que no glorifican al Señor. En cuanto a este grado de decadencia, su característica es que ya no se busca principalmente al Rey del reino (Jesús) sino a los beneficios del Rey (bendiciones y gratificación personal). Servimos y vivimos la vida cristiana por interés y no por genuino amor. Miramos a las ovejas que están a nuestro cuidado y contamos “cuanta lana” nos pueden dar. Vemos a las multitudes como un fin para obtener de ellos dinero y enriquecernos, sin importarnos que están necesitadas de la Palabra de Dios.

El materialismo es un grado de decadencia que puede infectar nuestras vidas y ministerios. La vida en el Espíritu nos da el equilibrio justo para principalmente amar al Rey (Jesús) y como resultado recibir sus “regalos” (bendiciones). Mateo 6.33 nos exhorta a primero y por sobre todo buscar el Rey del reino sabiendo que lo demás viene por añadidura. ¿Para que deseamos tener una iglesia más grande?, ¿Solamente para enriquecernos materialmente? Cuando miramos a las multitudes, ¿las vemos con ojos interesados en lo que ellas nos pueden dar, en dinero y posesiones? ¡Qué El Señor nos libre de ser ministros “mercenarios” que servimos por dinero! ¡Qué El Señor nos guarde de semejante degradación espiritual!

El último punto de la decadencia espiritual es:

5. EL LIBERALISMO

Este es el punto más bajo de los grados de decadencia espiritual. A esta altura ya se pierde el concepto entre lo verdadero y absoluto, se cree más lo relativo del mundo que lo absoluto e inamovible de Dios. Ya no se diferencia lo santo de lo profano. Se profana la Santidad de Dios, llamando bueno a lo malo y pecaminoso. Se utiliza al ministerio como una profesión sin importar una vida de santidad e integridad. Aquí da lo mismo mentir o robar el dinero de Dios, aquí ya no hay sensibilidad para decirle no a la lujuria y al pecado. La presencia de Dios ha quedado imposibilitada de obrar debido a la constante actitud pecadora sin deseo de un genuino arrepentimiento y los poderes de la muerte se mueven con “libertad”. De aquí a la apostasía y muerte espiritual solo hay un paso.

¿Qué vamos a hacer?

Todo nuestro ser debe estremecerse al ver los grados de decadencia espiritual en los cuales podemos caer si descuidamos la vida del Espíritu. Como dije anteriormente, la decadencia opera como una bola de nieve que viene cayendo desde lo alto de la montaña. Empieza pequeña, pero se va agrandando a medida que cae.

El Señor está dispuesto a ayudarte si has detectado que en tu vida y ministerio no está operando la vida del Espíritu y  te das cuenta que haz caído en los grados descendentes de la decadencia espiritual. La buena noticia es que ahora mismo puede cambiar tu historia espiritual. Con Cristo puedes hacer un alto para evitar que la “bola de nieve” de decadencia espiritual se haga más y más grande.

Haz un alto y evalúate ante El Señor, detecta tu grado de decadencia y decide arrepentirte. Confiesa tu decadencia al Señor como si fuera un pecado para que su Sangre preciosa te limpie. Recibe su perdón y busca la llenura del Espíritu Santo para comenzar a vivir en  plenitud espiritual. Hechos 3:19 dice: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”

Dios está interesado en levantarnos para que experimentemos la vida y plenitud del Espíritu Santo. Este es un tiempo donde El Señor desea moverse como nunca antes. No pierdas este tiempo de Dios. Déjate llevar por las corrientes del Espíritu para que nunca más vuelva a operar la muerte espiritual y los grados de decadencia en tu vida ni en su ministerio. Jesús dijo que los poderes de la muerte no prevalecerían sobre su iglesia. Vive bajo la cobertura del Espíritu Santo y experimenta en tu vida y ministerio la plenitud que el Señor le ha prometido a su Iglesia. ¡Amén!

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