Recopilado por Ritchie Pugliese

Si somos sinceros en nuestra evaluación, rápidamente nos daremos cuenta que nuestro cristianismo actual poco y nada se parece al ministerio de Jesucristo y al de la Iglesia Primitiva reflejada en el libro de Hechos. No me refiero por cierto a lo estructural sino a lo substancial.

¿Qué es lo substancial? La esencia, aquello que es más importante que todo lo demás. ¿Qué es lo más importante sobre todo lo demás? La manifestación real y tangible de la presencia de Dios. La demostración o evidencia de que servimos a un Dios vivo y real.

Hoy tranquilamente podemos “armar” una reunión con muchas luces, bonitas canciones, una prédica positiva y con varias citas bíblicas, sin que haya una manifestación o evidencia tangible y poderosa de la presencia de Dios.

Al recorrer los Evangelios y el libro de Hechos, precisamente tanto el ministerio de Jesús como el de la Iglesia primitiva se caracterizaban no solo por la palabrería sino por la demostración o evidencia del poder de Dios dondequiera que se movían.

En 1 Corintios 2:4 leemos que el Apóstol Pablo dijo: “y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,”

Lo que él estaba diciendo era que él no era un simple “parlanchín religioso” sino un embajador del Reino de Dios demostrando la contundencia y la evidencia del Reino.

Hoy nos hemos conformado con vivir un cristianismo natural que no tiene nada que ver con la relación sobrenatural que la palabra nos promete si vivimos tomados de la mano de Dios.

Por cierto, lo que tratamos aquí no es la búsqueda desenfrenada o desesperada de “ver milagros” sino darnos cuenta que la falta de sobrenaturalidad en nuestras vidas personales y comunitarias solo hace que la gente nos vea como una religión intrascendente más.

Si haríamos una encuesta nos daríamos cuenta que la mayoría de los creyentes promedio nunca han echado fuera demonios, ni han orado y la gente se ha sanado, y mucho menos que su sombra haya tocado la vida de una persona para bendecirla con la presencia de Dios como lo registra el libro de Hechos.

Pero más allá de lo espectacular de la presencia de Dios, creo que es necesario reflexionar acerca de qué es lo que fluye de nosotros e impacta a los que nos rodean. El llamado de Dios es que seamos mucho más que simplemente “buena gente”. La voluntad de Dios es que seamos agentes transformadores y transmisores de sus principios en el nombre de Jesús.

Algunos argumentan que “No hay que buscar el poder, hay que buscar al Señor” cuando la Biblia dice claramente en dos lugares: “Buscad a Jehová y su poder; Buscad su rostro continuamente.” (1 Crónicas 16:11) y “Buscad a Jehová y su poder; Buscad siempre su rostro “(Salmos 105:4)

Cuando observamos el ministerio de Jesucristo, lo que impactaba no eran solo sus palabras sino lo que fluía de él cuando hablaba y actuaba: “Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (Marcos 1:22).

De eso se trata este artículo, que lleguemos a pensar y reflexionar:

¿Qué es lo que fluye de mí y que impacta a los que me rodean?

¿Qué es lo que tengo y se transmite hacia los demás?

¿Soy en verdad un agente transformador en el nombre del Señor y a través del poder del Espíritu Santo?

Cuando Jesús entraba a un lugar, saludaba como era la costumbre judía, diciendo “Shalom” o paz a vosotros (Lea Lucas 24:36; Juan 20:19, 21, 26). Estas palabras cargadas de la presencia del Espíritu Santo traían sobre la gente y el lugar un manto de paz, armonía, descanso, tranquilidad. ¡A la sola mención de ese saludo, se soltaba una atmósfera de gloria!

Dondequiera que Jesús se movía, algo “especial” fluía de él que impactaba al medio ambiente. Bien sabemos que lo especial era la presencia del Espíritu Santo, la misma presencia que está disponible para nosotros hoy, la iglesia moderna.

Veamos algunos pasajes que nos darán luz sobre lo que estamos tratando:

En Mateo 9:21 vemos a la gente rodear a Jesús y pretendiendo tocarle para ser sanados: “porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto, seré salva.”.

En Mateo 14:36 “…y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto; y todos los que lo tocaron, quedaron sanos.”

En Marcos 3:10-11 “Porque había sanado a muchos; de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él. Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios.”

Marcos 6:56 “Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.”

Lucas 6:19Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos.”

Es probable que luego de leer esto usted pueda decir: – ¡Esto sucedía porque era Jesús! –. Sí, por cierto era Jesús mismo, pero recuerde lo que el mismo Jesús dijo acerca de nosotros en Juan 14:12 “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre.”

¿Qué estaba diciendo Jesús aquí? Que la dimensión de la presencia de Dios sería mayor en la vida de aquellos que creen en él que la que actuaba sobre sí mismo.

Por eso en Marcos 16:15-20 leemos lo que una vez más, Jesús dijo sobre la sobrenaturalidad del Reino y lo que sucedió posteriormente en la vida de los discípulos: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado. Y estas señales (es decir la sobrenaturalidad del Reino de Dios) seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.”

¿Leyó cómo termina el libro de Marcos en el versículo 20? “…ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían.” En nuestra versión moderna diríamos “la sobrenaturalidad del Reino de Dios estuvo confirmando la palabra de los creyentes.”

Hoy cuando nos encontramos con alguien donde la sobrenaturalidad de la presencia del Espíritu Santo fluye a través de su vida, pensamos que es un pastor o líder espiritual, cuando en realidad está sobrenaturalidad es prometida para cualquier cristiano, para todo creyente en Cristo.

La mala enseñanza moderna nos ha acostumbrado a que solo un pastor o líder espiritual es el más ungido y el que tiene “más poder”, cuando en realidad la Biblia enseña otra cosa. La sobrenaturalidad del Reino de Dios debería ser la experiencia normal de todo creyente en Cristo más allá de sus dones o ministerios.

Dondequiera que Jesús iba, la presencia del Espíritu que fluía a través de él, originaba movimiento, acción.

En Mateo 8:28-34 leemos: “Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino. Y clamaron diciendo: ¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo? Estaba paciendo lejos de ellos un hato de muchos cerdos. Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos. Él les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron a aquel hato de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas. Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.

Quiero hacerle pensar en este momento con una pregunta relacionada a la sobrenaturalidad de la presencia del Espíritu Santo: ¿Cuándo los endemoniados vinieron al encuentro de Jesús? ¿Cuándo estaba en el bote o cuando puso un pie sobre la orilla?

Lo que fluía de Jesús era tan poderoso que ni bien puso un pie en tierra, los demonios se enteraron de su llegada y fueron a confrontarlo. Esto fue una confrontación espiritual, es decir, el Espíritu Santo fue “olfateado” por los espíritus inmundos.

Cuando un creyente lleno de la presencia de Dios pone un pie en un lugar, debería suceder algo semejante para la posterior demostración del poder de Dios. ¡Hoy día (hablemos en plural) entramos y salimos y nadie (ni los demonios) se dan por enterado que estuvimos allí! …parecemos personas naturales que no tienen nada en su interior para compartir y ayudar a los demás. ¡Las cosas necesitan cambiar y es tiempo de permitir que la sobrenaturalidad de Dios fluya a través de nosotros!

En el libro de los Hechos tenemos muchos casos donde la sobrenaturalidad del Reino de Dios obraba. Fue por eso que Jesús les dijo antes de ascender a la Diestra del Padre en Hechos 1:8pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” ¿Qué les dijo el Señor? “Van a recibir el mismo poder que yo tuve durante mi ministerio terrenal y serán testigos de mi sobrenaturalidad dondequiera que vayan”

En Hechos 2 vemos como se abre para la Iglesia la era del Espíritu Santo, donde la supremacía tendría que tenerla en la Iglesia el Espíritu de Dios.

Leemos en Hechos 5:15 “…tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos.” ¡La sobrenaturalidad de la presencia de Dios fluía hasta de la sombra de Pedro!

Luego en Hechos 16:16-18 “Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora.”

Este episodio es similar al de Jesús cuando salió de la barca y puso un pie en Gadara. ¡Los demonios se le vinieron encima y el poder vencedor del Señor fue demostrado!

Pedro iba lo más tranquilo, hablando con sus hermanos en la fe y de repente “alguien” (un espíritu inmundo) olfateó la presencia del Espíritu Santo y vino a atacarlo. Ya sabemos el relato de cómo esta joven fue liberada por el poder de Dios. Lo que fluía de Pedro atrajo al espíritu inmundo pero, y gloria a Dios por esto, lo que fluía de Pedro le dio una contundente victoria y demostración del poder superior del Señor sobre toda fuerza de maldad.

Al principio de la Iglesia esto fue así. Los creyentes fluían con la presencia del Espíritu Santo por donde fueran. La normalidad de la Iglesia era su sobrenaturalidad en un marco de pureza y santidad.

Quiero concluir mencionando el pasaje de Hechos 3:1-9 “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.”

En la entrada del templo había un mendigo, enfermo de nacimiento, pidiendo limosna a la gente que entraba. Muchos seguramente le habrían dado algo de dinero, pero si usted lee atentamente el pasaje dice “Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.” Por lo que leemos pareciera decir que solo a Pedro y Juan les rogó que le diesen algo. A los demás simplemente les pedía algo. ¿Por qué el Espíritu Santo registró esta frase “les rogaba”?

El cojo de nacimiento percibió que Pedro y Juan tenían algo diferente a los demás. Él sabía que podía recibir una limosna más especial. Fue allí que Pedro le dijo algo que los creyentes utilizamos muchas veces para decir que los creyentes no tenemos dinero, pero Pedro estaba diciendo otra cosa. Pedro le dijo: “Tengo algo mucho más importante que dinero para ti y es un regalo de Dios”; Pedro le dijo: “pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret…” ¿Qué tenía Pedro? Tenía la presencia del Espíritu Santo activada dentro de su ser. Eso hizo que la sobrenaturalidad del Reino de Dios fluyera y tocara al hombre enfermo, el cual fue sanado completamente.

Pedro dijo: “Lo que tengo te doy…” Pedro estaba completamente seguro que la presencia del Espíritu Santo estaba viva y activa en su interior por su comunión íntima y cercana con Dios.

¿No cree usted que es tiempo de que la sobrenaturalidad del Reino de Dios fluya a través de cada creyente en Cristo y sea restaurada en su Iglesia?

¡El señor quiere restaurar esto en su iglesia hoy y no olvide que la sobrenaturalidad perdida se restaura con la comunión íntima con el Espíritu Santo (Filipenses 2:1)…de nosotros depende!

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