Por Ritchie Pugliese

En el mundo en que vivimos cada vez hay mayor consciencia del cuidado del cuerpo y la salud. Hoy día la gente tiene más conocimiento sobre cómo cuidar el cuerpo y la salud y prevenir enfermedades porque nadie quiere estar enfermo.

Sobre el tema del cuidado del cuerpo, por cierto, existen exageraciones. Están aquellos que caen en la idolatría de la apariencia física y el cuidado extremo de su salud, y por otro lado aquellos que viven en una constante dependencia de los medicamentos. Lo cierto es que cada vez hay más gente que anhela vivir sanos y tener longevidad.

Más allá de los adelantos tecnológicos en la medicina actual, por demás sorprendentes, no han podido encontrar la cura a muchas enfermedades que afectan al ser humano.

Aun los médicos, después de haber hecho todo lo posible para restaurar la salud de una persona, expresan: “Ahora estamos en las manos de Dios…”. O en otras situaciones, cuando no se explican lo que está sucediendo con ciertas reacciones físicas, afirman: “Es un virus”.

Lo que quiero enfatizar es que a pesar de los avances de la medicina moderna, ésta tiene sus límites. La ciencia médica se limita a trabajar en el cuerpo humano porque éste es su campo de acción, en estrecha colaboración con la psicología para tratar la influencia de la mente sobre el cuerpo y la salud.

La perspectiva médica está enfocada en lo físico y su relación con el alma. De allí viene la frase “mente sana, cuerpo sano” y la creencia de que si sanamos el alma podemos curar el cuerpo.

Todos esos descubrimientos han sido positivos hasta cierto punto, pero en realidad no pueden llegar a la raíz del problema, porque existe una dimensión superior para tratar con las enfermedades.

Una dimensión superior

La sociedad ve los problemas físicos como afecciones del cuerpo; ve los problemas psicológicos como afecciones de la mente y pregona que muchas enfermedades pudieran curarse si se sanara la mente, pero no tiene en cuenta al Creador del ser humano y lo que Él puede hacer físicamente en la vida de una persona. A esta dimensión se la conoce como la dimensión espiritual de las enfermedades.

La perspectiva de Dios es ver todas las cosas desde su punto de vista, el espiritual, y partiendo de allí afectar positivamente el campo natural. Por eso la perspectiva de Dios no es solamente somática (enfocada en el cuerpo) ni psicopática (enfocada en la mente), sino principalmente neumática (enfocada en lo espiritual). Cuando partimos primero y principal de lo espiritual, se abre un campo muy grande para explorar el campo de la mente y el cuerpo y traer bienestar.

Esta dimensión espiritual no se puede entender con la mente natural, ya que generalmente se asocia a Dios con el misticismo y se lo encierra entre las paredes de la iglesia. Esa es la perspectiva religiosa, pero no la del Reino de Dios, que quiere influenciar cada ámbito de la vida.

Hebreos 11: 3 declara: “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Es decir, que lo que se ve fue hecho de lo que no se ve. El cuerpo natural fue hecho de lo espiritual, lo visible fue hecho de lo invisible”. Primero Dios pensó y dijo: “hagamos al hombre…” y luego en Génesis 2:7 actuó: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra (cuerpo), y sopló en su nariz aliento de vida (espíritu), y fue el hombre un ser viviente (alma).”

Dios utilizó el polvo de la tierra que Él mismo creó para darle forma física a un ser espiritual, el cual tendría un alma. Esto nos enseña también la incidencia de Dios en cada área de la vida del ser humano: espíritu, cuerpo y alma.

El Espíritu Santo está restaurando varias cosas en su Iglesia y una de ellas es ver la relación directa que existe entre el reino del espíritu y el reino natural, cómo una buena vida espiritual puede beneficiar y proteger el cuerpo y cómo la negligencia espiritual puede derivar en enfermedades o afecciones psicológicas y físicas.

Las causas espirituales de las enfermedades

Algo importante a destacar: La Palabra de Dios nos da la perspectiva correcta para ver las cosas cómo Dios las ve. En el reino espiritual está, por un lado, Dios, el Creador, y por otro lado el destructor de la creación, el diablo. Todo ser humano vive bajo la influencia de uno o del otro, sea por ignorancia o por decisión voluntaria.

No voy a ahondar en la búsqueda espiritual de la salud por medio del ocultismo, brujería o cualquier práctica satánica, las cuales pueden “dar salud” física, pero en realidad se crean un lazo, cadena o atadura que, posteriormente, el enemigo usa para destruir a la persona. El diablo es un ladrón que viene para hurtar, matar y destruir (Juan 10:10ª).

Algunas de las causas espirituales de las enfermedades son:

1. El alejamiento y/o separación de Dios, su amor y su Palabra

La religión ha creado el falso concepto de que Dios es malo y castigador, lo cual ha dado lugar a generaciones de personas incapaces de poder comprender y recibir el impacto del amor de Dios, su amor incondicional.

Los que abrazan este patrón de pensamiento sienten que Dios los rechaza. Creen que Dios siempre “está enojado, listo para castigar a los que pecan” y no quieren tener una relación cercana con Él sino apenas un respeto distante. Eso hace que no puedan experimentar el amor total e incondicional que Él tiene por cada ser humano.

Debido a su cosmovisión de Dios desprecian su Palabra y ven la Biblia como un libro religioso y no como un manual de principios sabios para una vida mejor. Les resulta difícil creer que existe un Dios que puede darles salud y sanidad divina.

La separación de Dios hace que el ser humano quede expuesto a toda clase de males físicos y espirituales. La Biblia dice que el diablo vino para hurtar, matar y destruir y esto hace referencia tanto a lo espiritual como a lo físico.

El acercamiento a Dios y experimentar su amor nos acerca también a su Palabra, la cual nos renueva la mente. Detrás de las enfermedades con raíces espirituales siempre hay sentimientos, pensamientos y emociones que afectan la salud. Por cierto existe una relación entre la mente y el cuerpo, pero su solución viene cuando comenzamos por la raíz: El ámbito espiritual.

Este alejamiento de Dios nos hace vulnerables a cualquier poder oculto que se mueva a nuestro alrededor. La Biblia muestra la relación que existe entre el pecado y la enfermedad, como por ejemplo: Salmos 103:3; Santiago 5:14-15 y Juan 5:14 entre otros.

2. La falta de aceptación de uno mismo

Existen personas que no se aceptan a sí mismas. Tienen una baja autoestima, viven con culpa y, aun peor, se odian a sí mismas. Además, desprecian su apariencia física y su cuerpo. Todo esto las lleva a pensar, intrínsecamente, que están a merced de cualquier enfermedad y temen morir enfermas. En forma directa o indirecta atentan contra su cuerpo y su salud con vicios y todo tipo de excesos. Su falta de aceptación de sí mismas los lleva a una búsqueda constante de lo que está de moda para verse mejor y vivir más años. Sin embargo, la Biblia afirma en el Salmo 90:10-12 que podemos vivir saludables hasta la ancianidad y que partiremos cuando Dios lo disponga y no necesariamente por una enfermedad terminal.

3. Conflictos interpersonales no resueltos

Estos conflictos que perduran en el tiempo sin resolver conducen a la amargura, la falta de perdón y el resentimiento. Aun la medicina ha comprobado que los conflictos emocionales debilitan las defensas y el sistema inmunológico, lo cual deja a muchos susceptibles a contraer una enfermedad terminal. Esos episodios sin sanar, que han quedado en la memoria, son los detonantes de todo tipo de enfermedades.

Sumado a eso está lo que se conoce, científicamente, como la herencia genética familiar. Según la Biblia existen ciclos destructivos que van de generación en generación y que solo se pueden cortar con el poder de Dios (Éxodo 20:5; Deuteronomio 5:9).

¿A quién recurres tú cuando te enfermas?

Recientemente, leí una estadística que revelaba qué hace la gente cuando se enferma:

El 53% va al médico

El 24% investiga en la Internet

El 7% busca información en la radio y la TV

El 5% le pregunta a algún amigo

El 5% consulta en libros y revistas

El 4% realiza cursos

El 2% busca al farmacéutico

Me pregunto cómo puede ser que nadie haya respondido que va a la iglesia, pide oración al pastor y los hermanos, consulta en la Biblia y ni siquiera que busca a Dios.

Aquí hay dos respuestas evidentes:

1. La ignorancia de Dios y su Palabra ha llevado a la gente a buscar cualquier medio menos a Dios, su Palabra y su iglesia. Sumado a ello, como mencionamos antes, la idea equivocada sobre Dios colabora para buscar otras ayudas. La religión ha colocado a Dios en un lugar distante y sacro, que solo sirve para tener una creencia abstracta y, por consiguiente, ineficaz.

Esto ha hecho que se le otorgue, indirectamente, el dominio de la salud y la sanidad a la comunidad médica, la cual no está calificada para pastorearnos y tratar las raíces espirituales que hay detrás de las enfermedades.

2. La Iglesia está adormecida y pasiva y lejos está de cumplir su función de sal de la tierra, y, como tal, ser un agente sanador para el espíritu, alma y cuerpo. Es triste ver que gran parte de la Iglesia de Cristo ha abandonado su posición de autoridad para hacer milagros y ser agentes sanadores y les ha delegado el control a los médicos y psicólogos.

Si bien la medicina tiene su lugar, y gracias a Dios por eso, gran parte de la Iglesia no ha sabido mostrar al mundo el poder sanador de Dios. Ya casi no se ora por sanidad en las reuniones, ni se escuchan testimonios de sanidades como resultado del obrar de Dios. Algunos piensan que la sanidad es solo para los pentecostales o carismáticos y otros prefieren tener un estilo de reunión más social y popular.

El adormecimiento y la pasividad de la Iglesia han empujado a las personas a buscar la solución a sus problemas y la cura a sus enfermedades en fuentes alternativas, como las sectas y las religiones falsas. La Iglesia ha dejado su posición de cabeza para ser cola. A pesar de tener de nuestro lado a Dios, el Gran Sanador y dador de salud divina nos hemos quedado pasivos. Pero… algo está ocurriendo.

Dios está cambiando la cara de su Iglesia y restaurando los conceptos relacionados a la salud y el cuidado del cuerpo.

Dios está comenzando a abrir los ojos de su Iglesia

1. Una renovación del entendimiento de lo que significa el cuidado del cuerpo y la salud

La Biblia declara que nuestro cuerpo es muy valioso para Dios, de tal manera que Él lo considera el templo del Espíritu. Primera de Corintios 6:18-20 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”; y 1 Corintios 3:16-17 declara: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”

2. Un despliegue poderoso del Espíritu Santo que traerá salud, sanidad y vida

Próximamente, el despliegue del poder sanador del Señor será una herramienta indispensable para la evangelización individual y masiva. El poder de Dios no ha cambiado ni menguado; nosotros hemos secularizado y encasillado el poder de Dios. Le hemos dado a la ciencia médica el control de la salud en vez de entregarlo y consagrarlo a Dios. Cuando arrepentidos nos humillemos, como dice 2 Crónicas 7:14, Él comenzará a sanar y a manifestar su poder para que sus hijos gocen de buena salud.

Creo que ha llegado el tiempo de que la Palabra de Dios vuelva a ser confirmada con señales y milagros, como lo vemos en la Iglesia primitiva en Hechos 2:2; 2:43; 5:12; 15:12 y como dice Marcos 16: 20 que Dios respaldaba la palabra que predicaban con señales, las cuales incluían sanidades físicas.

3. Creo, y hablo proféticamente, que se levantarán hombres y mujeres profesionales de la rama de la medicina, que no solo tendrán conocimientos científicos, sino una fuerte unción de sanidad.

La presencia del Espíritu será tan fuerte en los consultorios médicos, las clínicas y los hospitales donde estos profesionales trabajen, que la gente recibirá el impacto del poder de Dios y se sanará instantáneamente.

La restauración de nuestra misión

Parte de la restauración de los conceptos bíblicos de la salud y la sanidad se manifestará con un fluir de sanidad a través de la Iglesia hacia el mundo enfermo. Las sanidades sobrenaturales serán algo cotidiano y normal en la vida de la Iglesia, que además incluirá la resurrección de muertos.

Este mover de salud y sanidad sobrenatural atraerá a muchos a la Iglesia y se convertirá en una herramienta vital para la predicación del Evangelio. Los oyentes no serán impactados por una predicación elocuente o una música a nivel profesional, sino por la contundencia del poder de Dios que irrumpirá sobre sus vidas con salud y sanidad.

El ciego que recibió la vista en Juan 9:25 dijo: “una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo”. Así de poderoso será el testimonio de la gente sanada en los tiempos que vienen. Todo esto servirá para testimonio al mundo de quién es el verdadero dador de vida, salud y sanidad: ¡JESUCRISTO!

¿Quieres saber más acerca de los conceptos bíblicos de salud y sanidad divina?

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