Por Ritchie Pugliese

Dios tiene un negocio, que es extender el Reino de Dios. Tiene un plan, que se llama evangelio; un plano detallado, que se llama Biblia; una fuerza laboral diseñada para implementar su plan, que se llama Iglesia y un director general, que es el Espíritu Santo.

El principal problema es que la fuerza laboral (los redimidos por la sangre de Cristo), al parecer, no ha entendido  el proyecto de trabajo de Dios y se ha enfocado en los beneficios de su jubilación o retiro (el futuro en el cielo).

Como Iglesia, nos hemos enfocado en nosotros mismos pensando en nuestro destino final y nos hemos olvidado que hasta que llegue ese momento glorioso, aquí en la tierra tenemos una tarea que hacer, que es expandir el negocio de nuestro Padre Celestial.

Las palabras de Jesús, que se encuentran en Lucas 2:49, “…en los negocios de mi padre me es necesario estar”, deberían ser un recordatorio diario que nos ayude a vivir enfocados en lo que fuimos llamados a hacer.

Para extender el Reino de Dios es necesario aplicar los principios del Reino en nuestras vidas y lugares de influencia y predicar el evangelio a quienes nos rodean.

Cuando Jesús llamó a sus discípulos, que trabajaban en el negocio de la pesca, les dijo: “os haré pescadores de hombres”. Pero si la pesca es una actividad para atrapar peces, no seres humanos; entonces  ¿por qué Jesús dijo eso? En ese momento, es muy probable que los discípulos no lo hayan comprendido totalmente.

Con la luz que tenemos hoy sabemos que “pescar hombres” se refiere a predicar el evangelio y ganar almas para Cristo.

Cualquiera haya sido la situación, creo que el Espíritu Santo registró esta frase para enseñarnos algo importante. Jesús les hablaba a los pescadores en un lenguaje que ellos pudieran comprender. Por eso comparó la predicación del evangelio con el proceso de la pesca.

Todos sabemos  que para pescar necesitamos una vara o caña de pescar y un anzuelo. Pero además hay que lograr algo muy importante: Atraer a los peces.  Ningún pez se sentiría atraído por el anzuelo a la vista, por eso le colocamos una carnada.  Eso significa que hay que darles algo que a ellos les atraiga, les guste y los seduzca. El pescador coloca la carnada con el propósito de atraer al pez. La carnada es atractiva para el pez, pero no para el pescador.

¿Qué quiero decir con esto? Que nosotros, “los pescadores” (predicadores del evangelio), con la mejor de las intenciones nos hemos equivocado y hemos puesto en el anzuelo una carnada que nos atrae a nosotros los pescadores (creyentes), pero no a los peces (incrédulos). Resultado: Esto ha causado poco o nada de interés en las personas.¿Se imagina que pudiera suceder si un pescador usara la carnada que le gusta a él pero no a los peces? Ya lo sabemos: ¡los peces ni siquiera se acercarían!

Lo que atrae al pez es algo que le atrae es algo que el pez necesita, y que quiere obtener. Por eso muerde el anzuelo inocentemente y queda atrapado.

Quiero analizar brevemente las diferentes carnadas que a menudo se usan para “pescar”) ganar almas en la predicación del Evangelio). Veamos cada una de ellas:

1. La carnada equivocada: La religiosa

La carnada que en muchos sectores de la Iglesia se ha usado es la carnada religiosa, que puede ser apetecible para el “pescador”,  pero es detestable para el pez (el incrédulo). Le animo a salir de las paredes de la Iglesia, de todo lo que representa el sistema religioso, y a convivir diariamente entre la gente, para darse cuenta de lo que ellos dicen, y cuánta repulsión y rechazo sienten hacia la religiosidad que se les ha presentado como “genuino” cristianismo.

La religión ofrecida tanto en círculos católicos como evangélicos cada vez desagrada más a la gente Por eso el ser humano busca constantemente otras “vertientes espirituales”.  Nosotros le hablamos a la gente de “venir a la reunión de la iglesia” y automáticamente responde: “Ese lugar está lleno de farsantes, peores que los de afuera”.

“No, muchas gracias, no quiero que me quiten mi dinero”. “Los pastores son todos mentirosos”. Y muchas cosas más. ¡Lo más triste es que muchos tienen razón, porque han sido víctimas de religiosos que se cruzaron en sus caminos y les presentaron algo que carece totalmente de la sustancia genuina del evangelio y los principios del Reino de Dios!

Debemos reconocer que nuestro sistema religioso ha fracasado y es un impedimento, muy bien utilizado por el diablo, para alejar a la gente del genuino evangelio de la gracia, que es a través de Jesucristo. En este punto creo, sinceramente, que debemos arrepentirnos por pretender introducir a la gente a un sistema religioso más que a un cambio de vida radical en Cristo. En los tiempos modernos que vivimos, ya no basta con invitar e insistir que “vengan a la iglesia”… ¡lamentablemente, ya saben lo que van a encontrar allí, y huyen espantados!

2. La carnada parcialmente correcta: La futurista

La otra carnada que hemos usado es la promesa futurista. Hemos enfatizado exageradamente el ganarse el pasaje al cielo y la felicidad del más allá, como si la vida cristiana fuera tan solo eso. La Iglesia ha vivido mucho tiempo con este tipo de mentalidad. Malinterpretar los tiempos proféticos y hacer demasiado énfasis en que “todas las cosas se van a poner cada vez peor” o que “el Señor viene pronto”, produjo una generación de creyentes desequilibrados, pasivos y atemorizados, que se encerraron en sus iglesias sin hacer nada para que el mundo alrededor cambie. Esta clase de iglesia con mentalidad “escapista” se olvidó de ser sal y luz en la sociedad y conquistar territorios de influencia para Cristo.

Con ese patrón de pensamiento religioso, parcialmente correcto, nosotros les hablamos a las personas del futuro y la eternidad cuando necesitan ayuda en el presente, donde tienen una necesidad urgente y no saben si existirá un mañana mejor para sus vidas.

Lo que necesita el pez es algo concreto y específico,  para el hoy y no para el mañana, porque el pez tiene necesidad ahora.  La preocupación de la gente es por el ahora, no por el futuro.

Dijimos anteriormente que la carnada es lo que atrae al pez. Como Iglesia les hemos dado la carnada equivocada.

Para entender cuál es la carnada correcta debemos analizar qué le preocupa más a la gente, qué busca desesperadamente.

La mayor preocupación de todo ser humano se puede resumir en una frase: “paz y seguridad”. Esto abarca cada área de la vida de una persona. Es la expectativa de cualquier persona en lo más profundo de su ser.

Debido a que el ser humano está ciego en sus delitos y pecados, lo único que pueden ver es lo que lo rodea. El enemigo ha hecho muy bien su trabajo, como lo indica 2 Corintios 4:4: “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo…”.

Las personas, como es natural, no pueden ver ni reconocer su necesidad personal. Solo el Espíritu Santo puede revelarles eso, como lo afirma Juan 16:8: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”.

La carnada correcta: La que utilizaba Jesús

Jesús sabía que la gente estaba cegada a la necesidad espiritual por causa del diablo y que no iba a morder el anzuelo fácilmente. Por eso desarrolló una estrategia adecuada para atraer a los “peces” (hombres).  Jesús recorría los lugares predicando (el evangelio representa el anzuelo) y demostrando el poder de Dios con milagros y señales (la carnada).  Jesús sabía que solo con las palabras no iba a atraer a muchos, por eso usó algo más atractivo.

Las personas se asombraban de las palabras de Jesús porque hablaba con autoridad (Mateo 7:28-29). ¿Por qué hablaban así y daban a entender que había diferencia entre el Señor y los sabios rabinos y maestros de Israel? Porque su palabra estaba acompañada de demostraciones del poder de Dios. 

En Marcos 16 leemos que Jesús comisionó a los discípulos  y les dijo:“Y estas señales seguirán a los que creen… Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían” (Marcos 16:17 y 20). Es como si Jesús les hubiera dicho: “Ustedes ya me vieron tirar el anzuelo (la Palabra) con la carnada (señales). ¡Ahora vayan y hagan lo mismo!”…¡y así fue!

Jesús corrió el riesgo de que la multitud lo siguiera solo por los “panes y los peces”, “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). A pesar de eso, Jesús utilizó la “carnada” de la sanidad, los milagros y la provisión para atraer a la gente al Reino de Dios.

¿Por qué hizo eso Jesús? Ya dijimos que el enemigo había cegado el entendimiento espiritual de las personas para que no les resplandezca la luz del evangelio, pero además porque  Él conoce el pensamiento del hombre.  Lo que Jesús quiso enseñarnos con esto fue que su propuesta no solo es para el “más allá” (la eternidad), sino también para el “aquí y ahora” (la tierra).

El plan de bendición de Dios para la humanidad no es solo para poder “ir al cielo”, sino también para el tiempo presente. Esto solo se puede entender con una mentalidad de Reino, no con una mentalidad de Iglesia.

¿Cuál es el pensamiento que tiene todo ser humano?

La respuesta está en Mateo 6:25-34: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;  pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”.

Según el pasaje que acabamos de leer, ¿qué les preocupa a los gentiles (los no cristianos)?  La Biblia dice “todas estas cosas”. ¿Qué son esas cosas?  Las que se obtienen con dinero y con el fruto del trabajo y la inversión para vivir dignamente; es decir, “las cosas materiales”.

Debajo del cielo todo ser humano vive preocupado por las cosas materiales. Consideremos esta secuencia para entender la preocupación del ser humano. Para tener dinero, debemos trabajar y recibir un salario, que sea lo mejor remunerado posible; pero si una persona no tiene trabajo ni recursos o simplemente lo que gana no le alcanza para adquirir las cosas básicas de la vida, esa persona está en serios problemas. La falta de recursos nos inmoviliza; porque con recursos comemos, bebemos, nos vestimos, pagamos impuestos, saldamos las deudas, hacemos inversiones, viajamos, ayudamos económicamente a otros, pagamos los estudios, adquirimos un seguro médico, etc.

La falta de recursos nos “paraliza”, prácticamente, en cada situación de la vida, lo cual nos conduce a la pérdida, el endeudamiento, la quiebra y, no caben dudas de que al corto plazo, la pérdida de la salud y la falta de paz interior. ¿Qué quiero enfatizar con todo esto? Que sin lugar a dudas, la mayor preocupación de la gente está en tener “paz y seguridad financiera”.

Para ser sinceros, los creyentes tampoco somos inmunes a esta preocupación. Por eso la Palabra nos exhorta:“pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mt. 6:32-34). 

Un creyente puede escuchar estas palabras edificantes  y se fortalecerá; pero un incrédulo no, porque no lo puede comprender. No tiene la revelación del Espíritu Santo. El inconverso se desespera y entra en un estado constante de pánico y temor por  la incertidumbre de no saber qué será de su futuro ni cómo vivir en el presente. ¿Qué busca? Paz y seguridad.

La gente vive preocupada y sin paz por el aquí y ahora y por lo que puede sucederle hoy. No puede ver más allá de lo que ven sus ojos naturales. Muchas personas sufren en este mundo, atormentadas, sin paz ni seguridad financiera.

Hace unos años leí un relato del Dr. David Chó, el pastor de la iglesia más grande del mundo en Seúl, Corea, cuando en sus comienzos ministeriales predicaba en las calles pobres donde hoy se levanta el edificio de la iglesia y donde toda esa zona ha sido transformada por el poder de Dios. En una oportunidad, hablaba con una persona sobre la vida eterna y el infierno venidero, cuando ésta lo interrumpió y le dijo: “Usted me habla del infierno futuro… pero mire a su alrededor….y míreme a mí, yo ya estoy viviendo en un infierno presente… No me hable más de un infierno en el más allá, porque ya lo estoy viviendo en esta vida”.

Así es la realidad de todos los que viven sin Cristo: su presente es un infierno, a veces pueden disimularlo con una vida de lujos y placeres  y otras veces están hundidos en la pobreza, la miseria, la enfermedad, la calamidad, la violencia, la inseguridad, etc.).

Este relato del pastor David Chó refleja contundentemente que nuestro concepto del evangelio ha sido solo para el “más allá” con poca o ninguna injerencia para el “aquí y ahora”. Con la mejor de las intenciones, hemos usado la carnada equivocada y, en el mejor de los casos, una carnada parcial.

Como Iglesia de Cristo necesitamos abrir los ojos y darnos cuenta de que hay un mundo necesitado y para eso debemos predicarles el evangelio con la carnada adecuada; porque la propuesta de Dios a través de Jesucristo es integral: Abarca lo espiritual y lo emocional, lo físico e incluso lo material, el futuro y el presente. Jesucristo vino para erradicar totalmente la pobreza de la humanidad y el planeta.

La necesidad de predicar el evangelio hoy es imperiosa, pero debemos hacerlo con las estrategias adecuadas. En los tiempos que vienen veremos en acción un resurgimiento del ministerio evangelístico. ¡Por eso necesitamos estar preparados!

Durante años el evangelismo tuvo, lo que yo llamo, una “vertiente tradicional” y otra “vertiente carismática”. La primera ha sido a través del testimonio personal de lo que Cristo hizo en la vida de cada uno o a través de actividades de alcance masivo como en las campañas o cruzadas de evangelismo donde el énfasis ha sido la predicación de la Palabra. La vertiente carismática es aquella donde además de la predicación de la Palabra se suman milagros, maravillas y señales.

 Una estrategia de conquista: el evangelismo financiero

Mencionamos anteriormente que para tener una buena pesca debemos usar la carnada correcta y ofrecerles a las personas algo que los atraiga a los pies de Cristo. Hemos visto que la mayor preocupación del ser humano son cosas materiales.

Una de las estrategias que puede darnos buenos resultados en los tiempos que vienen es el evangelismo financiero. La carnada para atraer al incrédulo tendrá que ver con el favor financiero de Dios y su voluntad de sacar al ser humano de la pobreza en todo sentido.

Lo que comparto puede sonar muy extraño, pero el Espíritu Santo le dará al pueblo de Dios luz y sabiduría para lanzar el anzuelo (la predicación del evangelio) con la “carnada financiera”, a fin de atraer a la gente a los pies de Cristo y erradicar de su vida la pobreza de manera integral. En Isaías 61 leemos que el Señor trae buenas nuevas a los pobres. Dios quiere revelarse en ellos como Jehová-Jireh (El Señor que provee y suple toda necesidad).

Esta nueva estrategia debe entenderse y aplicarse de la forma adecuada, caso contrario podemos caer, equivocadamente, en un evangelio social (como, en su momento, lo hizo la teología de la liberación) y no en un evangelio total. La propuesta de Dios a través de Jesucristo es ayudar a las personas a salir de la pobreza total (espiritual, mental, física, ambiental y financiera) para que tengan paz y seguridad en Él.

Para desarrollar esta estrategia debemos considerar algunas actividades a realizar. No están enumeradas por orden de importancia:

1. Actividad evangelística enfocada en la erradicación de la pobreza.

2. Charlas o seminarios sobre la erradicación de la pobreza, abierta a la comunidad en general.

3. Acciones sociales o actos de misericordia para ayudar a los necesitados y mostrar el amor de Dios.

Posteriormente, a aquellos que hayan recibido a Cristo como su Salvador personal.

4. Enseñar los principios de prosperidad bíblica sobrenatural  y administración financiera (conferencias, seminarios, talleres, etc.).

IMPORTANTE:

Para no caer en excesos o desviaciones en esta nueva rama de la vertiente carismática o “evangelismo financiero”,  la Iglesia primero debe entender realmente el significado de: 1) la dimensión de lo que es la vida eterna  y 2) La dimensión de lo que es la pobreza.  De lo contrario estaremos pensando que lo único que ofreceremos es un evangelio social y no cumpliremos el plan de Dios, que es que nadie se pierda y que todos procedan al arrepentimiento.

Para terminar esta sección, quiero mencionar un extracto de mi libro “La unción de riqueza” (publicado por Editorial Vida), donde detallo algunos puntos que tienen que ver con el evangelismo financiero. El párrafo dice lo siguiente: “… para muchos puede sonar sorprendente el significado del pasaje de 2 Corintios 8:9 (NVI): «Ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que aunque era rico, por causa de ustedes se hizo pobre, para que mediante su pobreza ustedes llegaran a ser ricos». La frase «se hizo pobre» se deriva del griego ptocéuo (ptojéuo). Para sorpresa de muchos (lo fue para mí en su momento), la palabra que se usa aquí para «pobreza» equivale en el idioma griego a ptocéia (ptojéia) y se deriva de «ruina», del griego ptósis (véase Mateo 7:27) y «caída» (véase Lucas 2:34), que tienen que ver con el estado económico de la persona.

Lucas 4:18 también dice: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres». La palabra «pobre» ha sido asociada por lo general solo a la pobreza o la miseria espiritual, pero en griego la palabra es ptocós y se traduce como «pobre», «mendigo» (véanse Juan 12:8; Apocalipsis 13:16; Lucas 16:20, 22), refiriéndose a alguien con serios problemas económicos).

Soy consciente que para muchos creyentes sinceros pensar que Jesucristo vino a dar buenas noticias a aquellos que son pobres desde el punto de vista financiero es prácticamente una herejía, pero es lo que dice el pasaje. Durante años, nuestro pensamiento «religioso», pero no bíblico, asoció esta palabra únicamente con la miseria espiritual (que por cierto está implícita); sin embargo, en el original la palabra se refiere en específico a una persona pobre, quebrada económicamente.

El Dr. Nasir K. Siddiki, en su libro Kingdom Principles of Financial Increase [Principios del reino sobre incremento financiero], dice: «El Espíritu Santo ungió a Jesús para dar las buenas nuevas. La vida entera de Jesús consistió en una vida dadivosa… ¿Qué buena nueva Jesús le dio al pobre?: “Tú no tienes que seguir permaneciendo pobre. Puedes vivir una vida en abundancia”. Esta es la única buena noticia que un pobre quiere oír. Si usted viene y les dice cualquier otra buena noticia, ellos dirán: “Está bien, pero yo todavía estoy quebrado”. Las buenas nuevas para el pobre no son: “No podrás pagar la cuota de tu casa este mes”, o “Dios quiere que continúes pobre para que te mantengas humilde”.

He escuchado infinidad de veces a ciertos creyentes decir burlonamente que todos estos principios pueden aplicarse solo en los Estados Unidos u otros países del primer mundo, pero que no funcionan en países pobres o del tercer mundo. Todos tenemos derecho a la libre expresión, pero  bíblicamente hablando  esta clase de pensamiento limita el poder de Dios. Es necesario entender que la idea de Dios es transformar cada lugar en un “jardín” de vida abundante (Edén) y que la idea del enemigo es transformar todo en un desierto como dice Isaías 14:17 “puso el mundo como un desierto”… donde reine la pobreza, la enfermedad, la desolación y la muerte.”

¡Que el Señor nos ayude a trazar estrategias evangelísticas con la carnada correcta para que muchas almas vengan a los pies de Jesucristo!

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