En los tiempos que vivimos pareciera que viviéramos inundados de un aluvión de propaganda en favor de la homosexualidad y que por todos los medios de una manera u otra se la presenta como una opción sexual o como “el tercer sexo”.

Este es un tema delicado de hablar, ya que generalmente cuando uno intenta dar una opinión contraria a la homosexualidad, aquellos que practican este tipo de inclinación sexual responden con ira y hasta con violencia, además de pretender enjuiciar a los que hablan del tema “en contra”.

¿Qué podemos hacer como creyentes en Cristo, nacidos de nuevo, practicantes de las demandas de la Palabra de Dios? ¿Debemos callar o podremos utilizar la libertad que hay en nuestros países para dar nuestra opinión?

Lo importante aquí no es estar a favor o en contra del tema. Hay algo mucho más importante aquí y es que como creyentes redimidos por la sangre de Cristo lo más importante es saber, ¿Que dice la Biblia? ¿Qué dice el Manual del Creador de la sexualidad?

Como creyentes que amamos a Dios, la BIBLIA, es la Palabra de Dios, la Ley de Dios, la regla infalible y eterna por los siglos, que no puede ser cambiada.

Los humanistas y los que tienen una perspectiva de la vida SIN DIOS, no les interesa y se burlan de lo que dice la BIBLIA, PERO ESO NO PUEDE CAMBIAR LO QUE LA BIBLIA ES: UNA LEY ESPIRITUAL ESTIPULADA BAJO EL SOL, DADA POR DIOS, PARA QUE EL SER HUMANO VIVA BIEN BAJO SU BENDICIÓN.

Antes de entrar en la Palabra es conveniente decir que no todos los que han estado o están mezclados en la homosexualidad son necesariamente homosexuales. Muchas de las personas que fueron introducidas a esta práctica ha sido por medio de adultos que en la infancia, o en algún momento de sus vidas, se aprovecharon de su inocencia para cometer actos perversos con ellos. Estas personas fueron víctimas inocentes, que han quedado afectadas por lo que les sucedió.

Otros fueron introducidos a estas prácticas por amigos que los invitaron a probar o experimentar sexualmente  esta alternativa sexual y decidieron adoptarla.

Otra cosa que a veces inexactamente se dice es que todos los que practican tales prácticas están endemoniados. Si bien muchos de los homosexuales son afligidos por demonios, y por cierto el diablo controla toda esta tendencia, no todos los homosexuales están endemoniados. Esto debe tratarse en la privacidad del consejo pastoral utilizando el discernimiento de espíritus necesario.

Vayamos ahora a ver qué dice la Biblia

Las Sagradas Escrituras consideran un pecado toda actividad homosexual y la condena enérgicamente. La homosexualidad de la menciona por primera vez en relación con las ciudades de Sodoma y Gomorra en Génesis 19 y es de las prácticas perversas de los habitantes de aquellas dos ciudades (v.5 y siguientes) de donde se deriva la palabra “sodomita” utilizada varias veces en Deuteronomio 23:17; 1 Reyes 14:24; 15:12; 22:46; Job 36:14; y 1 Timoteo 1:10).

La mayoría de las referencias tienen que ver con la practica abominable de la prostitución idolátrica masculina, muy común entre las naciones paganas que estuvieron en contacto con Israel, y en los tiempos de decadencia espiritual fue practicada también por los israelitas (Jueces 19:22; 1 Reyes 14:24; 2 Reyes 23:7).

La homosexualidad fue  categóricamente prohibida por Dios en las leyes del Antiguo Testamento que regulaban la vida sexual de su pueblo (Levítico 18:22; 20:13; Deuteronomio 23:18). Se le llama abominación cinco veces en Levítico 18:22, 26, 27, 29-30 y una en Levítico 20:13; lo cual es coherente con su raíz, que significa “abominar”, “detestar”, “odiar”. Era un pecado tan abominable a los ojos de Dios que la pena que se aplicaba a los que la practicaban era la lapidación (Levítico 20:13).

El Nuevo Testamento describe este pecado sexual en Romanos 1:18-32 como una de las terribles consecuencias de la rebelión de la humanidad contra el señorío de Dios. En los vv. 26-28 el apóstol escribe: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.”

La homosexualidad estuvo tan extendida durante los tiempos del Nuevo Testamento como en la época del Antiguo, por eso, Pablo la menciona en Romanos 1:26-28 y 1 Timoteo 1:9-10.

La homosexualidad es un problema común a ambos sexos. La palabra “homo” significa “semejante” o “igual”. No se refiere a la masculinidad. El lesbianismo es solamente una palabra utilizada para describir la homosexualidad femenina.

La actividad homosexual no se origina principalmente en la constitución biológica de ciertos hombres o mujeres. Es sobre todo una conducta aprendida. Y todo lo que se aprende puede, con ayuda si es necesario, olvidarse. Por lo tanto, a los homosexuales les es posible abandonar este comportamiento sexual pecaminoso, del mismo modo que los heterosexuales que se entregan con persistencia a la inmoralidad pueden hacerlo.

La Biblia no trata específicamente la cuestión de los orígenes sociales frente ni los orígenes biológicos de la homosexualidad, sino que simplemente la presenta como pecado y condena su práctica. Muchas autoridades del ámbito secular dejan claro que nadie nace invertido, como afirman buen número de homosexuales.

En un artículo titulado “The Homosexual in America” (El homosexual en America) publicado en la revista Time del 31 de Octubre de 1969 el autor dijo: “La única cosa en la que la mayoría de los expertos coinciden es que la homosexualidad no se origina por ningún gen pervertido ni por predisposición hormonal alguna,… los distintos componentes psicológicos de la masculinidad y la feminidad, “la identidad del rol de género”, se aprenden. El género es como el lenguaje. La genética ordena únicamente que se desarrolle la capacidad de hablar, no que una persona hable en árabe o inglés. Esto no significa que la homosexualidad está latente en todos los seres humanos maduros, como se ha creído por una mala interpretación de las teorías de Freud. En la cultura Americana, el lugar donde los roles sexuales se determinan con más vigor es en la familia, y a una temprana edad (generalmente en los primeros años de vida) que la identidad psicológica de la mayoría de los homosexuales, como también de los heterosexuales, se establece antes de que ellos lo sepan”.

La homosexualidad no es un estilo de vida aceptable, por naturaleza, para los seres humanos. A la luz de Mateo 5:27-30 las fantasías homosexuales son pecaminosas y la pornografía homosexual algo a lo que se debe resistir. Sin embargo, la conducta homosexual, al igual que cualquier otro pecado, es totalmente perdonable a los ojos de Dios.

La homosexualidad era muy común en las épocas del Antiguo y Nuevo Testamento, y era fomentada por los cultos de las religiones idólatras de la madre naturaleza y la fertilidad. Esos cultos incorporaban la prostitución heterosexual, la homosexual, la bestialidad y otras perversiones relacionadas con el sexo. Se practicaba como rito religioso este vicio abominable y antinatural como lo hacían en Sodoma y Gomorra. Esta consagración a sus dioses consistía en practicar toda forma de aberración sexual como parte de su adoración idólatra. Se practicaba en Fenicia (tierra de Canaán) Siria, Frigia, Asiria, Babilonia.

Algunos que se habían convertido a Jesucristo de las religiones paganas en el tiempo de Pablo, anteriormente habían sido homosexuales practicantes, por eso él le dice a la Iglesia de Corinto en 1 Corintios 6:9-11: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”

En este pasaje Pablo enumera los pecados comunes en el mundo gentil de sus días, que predominaban de un modo especial en Corinto y otros centros del comercio, así como en los santuarios y templos religiosos paganos. La mención que se hace a los pecados (fornicación, adulterio, los afeminados y los que se echan con varones, en relación con los idolatras, apuntan al hecho de que estaban particularmente asociados con los ritos paganos del cual el apóstol Pablo les advertía. (Romanos 8:13; Gálatas 5:19-20; 1 Timoteo 1:9-10; Tito 1:12).

La palabra griega “malakós” se traduce como “afeminado” y se refiere en su contexto al pecado homosexual. El término no solo servía para indicar a un varón que practicaba diferentes formas de lascivia, sino a aquellos afeminados que se abusan de sí mismos con hombres y para designar respectivamente a homosexuales pasivos y activos. La idea de un rol pasivo y otro activo en la homosexualidad constituye un estereotipo incompatible con los hechos, pues los homosexuales pueden cambiar de roles a voluntad. Algunos estudiosos creen que los “afeminados” se refieren a jóvenes que se vendían a hombres mayores para ser sus amantes o que adoptaban el papel pasivo como prostituto religioso.

El estudioso Barclay presenta algunas sugerencias interesantes con la palabra “malakos” (afeminado) y dice lo siguiente: “La homosexualidad era el pecado más antinatural y se había extendido como un cáncer por toda la cultura griega y había invadido a Roma. Incluso un personaje tan famoso como Sócrates lo practicaba. El Symposion (simposio), un dialogo de Platón, considerado como una de las obras más grandes del mundo en cuanto al amor, se ocupa de hablar del amor antinatural y no del natural (hombre-mujer). Catorce de los quince primeros emperadores romanos practicaban la homosexualidad. En aquel tiempo, el emperador era Nerón, quién había hecho castrar a un  muchacho llamado Esporo, y luego se había casado con el haciendo una ceremonia nupcial. Después lo había llevado al palacio y vivir con el cómo su esposa…”

La liberación de la esclavitud homosexual que solo Jesucristo puede dar:

En 1 Corintios 6:11 el apóstol Pablo comienza diciendo “y esto érais algunos”. En el griego la frase es “kai tauta tines”. El término “tauta” es despectivo y se lee “esta abominación (tauta) erais algunos de vosotros”

Luego de mostrar lo malo del pecado, comienza con las buenas noticias al revelar el quíntuple poder transformador de Dios que hace a estas personas libres de la esclavitud de los terribles pecados de los vv. 9-10

Primero dice: “ya habéis sido lavados”, se refiere a la sangre de Cristo y el lavamiento de la regeneración cuando alguien se convierte a Cristo,  que le quita toda culpa e inmundicia. Leemos en Apocalipsis 1:5 “al que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre”. En el original se refiere a una acción conclusa, finalizada.

En segundo y tercer lugar Pablo dice; “ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados” y luego en cuarto y quinto lugar el habla que su santificación y justificación la recibieron “en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios”

¿Qué nos dice todo esto? Que hay esperanza en Cristo para el homosexual. Aunque la homosexualidad ejerza un poder seductor sobre la vida de muchos hombres y mujeres, la potencia limpiadora, perdonadora, justificadora, santificadora de Jesucristo, y el accionar del Espíritu Santo, tienen mayor capacidad para transformar. ¡El mismo Dios que ayer convirtió en nueva criaturas a los homosexuales, sigue regenerando y cambiando las vidas hoy (2 Corintios 5:17)!

(Tomado del libro “Manual de Guerra Espiritual”, escrito por Dr. Ed Murphy, páginas 159-166), año 1994)

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