Por Ritchie Pugliese

Un llamado a la Iglesia de Dios

Este mes de marzo se cumple un año desde el inicio de la pandemia del COVID-19. Sin duda, hemos vivido tiempos que jamás hubiéramos imaginado. Quién hubiera pensado que seríamos asolados por una pandemia de características letales y peligrosas para la salud con sus consecuentes trastornos debido al encierro y la soledad del aislamiento social impuesto, y, no menos importantes, las dificultades económicas que todo esto nos ha ocasionado.

Más allá de la sospecha de que “todo esto ha sido armado por alguien con algún fin tenebroso”, debemos ir a la raíz para entender lo que se mueve detrás de esta pandemia.

Un poco de historia para llegar a nuestra realidad

Cuando estudiamos las Sagradas Escrituras, vemos que la propuesta de Dios siempre ha sido hacer de este mundo un lugar floreciente, bendecido. Esto lo vemos revelado en la creación. Todo lo que Dios creó ha sido bueno y productivo para el beneficio del ser humano como lo expresa Génesis 1:31. Todo era “bueno en gran manera”; pero, paralelamente, vemos que el diablo ha tenido una agenda contraria a la de Dios con la firme intención de hacer de este mundo un desierto, un lugar maldecido.

En Isaías 14:17, capitulo que habla de la caída de Lucero —y su consecuente transformación en Lucifer o el diablo, adversario de Dios— se revela su intención. Allí leemos: “… puso el mundo como un desierto”. Los estudiosos de las Escrituras coinciden en que entre el v. 1 y el v. 2 de Génesis 1 se originó la rebelión de Lucero, motivo por el cual fue expulsado del tercer cielo a la tierra. Por eso el v. 2 dice que la tierra estaba “desordenada y vacía”. La palabra “desordenada” en el hebreo es “Tohuw”, que significa “desierto, confusión, estéril, una masa sin forma”.

Si hacemos un estudio detallado del capítulo 1 de Génesis, veremos que fue una tarea de reconstrucción de lo creado lo cual había sido previamente distorsionado y desfigurado por el diablo. Isaías 45:18 señala: “Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra el que la hizo y la compuso…” (énfasis añadido). Posteriormente, como resultado de la desobediencia del ser humano la tierra quedó “maldita…espinos y cardos te producirá…” (Génesis 3:17-18)

Para entender los tiempos que estamos viviendo es indispensable entender qué hay detrás de todo esto. Todo gira alrededor de lo que Dios ha hecho y dicho para la bendición del ser humano, y el intento incansable del diablo de contradecir todo lo que Dios ha hecho y dicho para perjudicar a la humanidad.

Volviendo al tiempo actual y entrando en la dimensión espiritual

Antes de la pandemia y su correspondiente crisis financiera a nivel mundial, nuestro mundo ya estaba experimentando el azote de enfermedades, plagas, guerras, hambre, miseria, violencia, descontrol de la naturaleza, sumado a la creciente idea de los gobiernos de implementar una plataforma anti-Dios para promover un “estilo de vida” sin Dios y sin sus valores.

La mayoría de los profetas genuinos y reconocidos del pueblo de Dios coinciden en que, en términos espirituales, la década 2020-2030 es una década caracterizada por la letra hebrea “Pey” que significa “boca” (la letra tiene la forma de una boca abierta). Esto significa que esta década tendría la característica de ser el tiempo de abrir nuestras bocas para hacer declaraciones y decretos proféticos, confesar por fe las promesas de Dios con mayor vehemencia, y, desde luego, continuar predicando y enseñando la Palabra de Dios.

Entonces, si la característica de este tiempo sería abrir nuestra boca para anunciar la Palabra de Dios ¿Qué intentaría hacer el enemigo para contradecir el designio divino? Cerrar la boca del pueblo de Dios a fin de que la gente no reciba el mensaje divino.

¿No resulta curioso que justo en este tiempo hayan impuesto el uso de “tapabocas”, “mascarilla” o “barbijo” como medida de protección para evitar contagiarse y contagiar a otros? Más allá de su utilidad en lo sanitario, en el ámbito espiritual no hace falta tener mucho discernimiento para darse cuenta de que es una manera pública de intimidación al pueblo de Dios; una manera de hacer que se calle, cierre la boca y deje de anunciar la Palabra de Dios en todas sus formas. ¿Puedes entender espiritualmente lo que estoy señalando?

De manera sutil, el enemigo nos ha colocado un “tapabocas” para que el pueblo de Dios no pueda hablar la Palabra de Dios y permanezca callado.

Ahora bien, no hablar la Palabra de Dios significa: 1) Acallar o menguar la predicación evangelística; 2) Desacreditar la Palabra general de Dios, los principios bíblicos y 3) Desautorizar y desacreditar la voz de los profetas de Dios.

Además de lo mencionado para la protección sanitaria, se ha impuesto el aislamiento y el distanciamiento social. Eso ha hecho que las iglesias tengan que cerrar sus puertas y los creyentes no puedan congregarse libremente. Tal reglamentación ha perjudicado inmensamente la vida de la iglesia en muchas de sus formas, si bien, en el aspecto positivo, las reuniones virtuales han impulsado a las congregaciones locales y ministerios a saturar las redes, como una manera de tomar dominio espiritual en las redes.

¿No resulta extraño pensar que detrás de lo natural y sanitario existe una agenda diabólica contra la Iglesia de Cristo, una estrategia anti-Dios?

Si nuestras bocas permanecen cerradas, la Palabra dejará de predicarse y difundirse; si nuestras iglesias locales continúan cerradas, la gente no solo no podrá escuchar la Palabra, sino que tampoco recibirá la liberación y la sanidad que vienen al oír la Palabra. Jesús mismo dijo: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20). ¿Cómo puede la gente experimentar la presencia del Señor con su poder de liberación y sanidad si la Iglesia no puede reunirse?

El desafío

Si bien en el ámbito natural este es un tiempo de utilizar tapabocas, debemos decidir si vamos a quitarnos el tapabocas espiritual, si vamos a abrir nuestras bocas para transmitir, con mayor ahínco, todo el consejo de Dios y declarar proféticamente todo lo que Dios está diciendo.

Piensa por un instante: ¿Nos dejaremos intimidar por el enemigo? ¿Cerraremos nuestras bocas y dejaremos de proclamar la Palabra de Dios? El mismo Jesús dijo a sus discípulos: “Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19:40).

La Palabra de Dios se propagará de cualquier manera, pero no permitamos que las piedras nos quiten el privilegio que tenemos los redimidos por la sangre de Cristo de hablar la Palabra de Dios a tiempo y fuera de tiempo como nos exhorta 2 Timoteo 4:2: “que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo…”

Ha llegado la hora de experimentar una renovación espiritual, ya sea individualmente y como Iglesia, que nos impulse a dejar la cobardía y el temor y nos quitemos el tapabocas espiritual para comenzar a hablar con denuedo la Palabra. Si ya lo veníamos haciendo, sigamos siendo fieles voceros de la Palabra de Dios a los inconversos y al pueblo del Señor con el fuego del Espíritu Santo.

En este tiempo, el Señor nos dice, como le dijo a Pablo en visión de noche: “No temas, sino habla, y no calles” (Hechos 18:9).

Iglesia, el Señor te dice, ¡no temas, sino habla y no calles!

¿Anhelas servir al Señor con el poder del Espíritu Santo?

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