Recopilado por Ritchie Pugliese

Cuando el tiempo de Hechos 2 llegó, el día de Pentecostés marcó el comienzo de una gran cosecha bendecida por Dios. ¡Pentecostés fue realmente la puerta hacia la cosecha, fue el tiempo para una cosecha espiritual!

Jesús había invertido tres años y medios preparando a un pequeño grupo de discípulos, enseñándoles y entrenándolos para darles su plan. ¡y ahora ellos estaban listos para multiplicarse!

¡Así que en Pentecostés, Dios derramó de Su Espíritu, soltó de sus dones milagrosos y la iglesia nació! ¡Una cosecha masiva e increíble se originó! El crecimiento de la iglesia primitiva asombró al mundo.

La iglesia irrumpió en el mundo en Hechos 2 y nada ni nadie tuvo el poder para prevalecer contra ella. Las religiones paganas no podían competir con ella, la filosofía griega no podía comprenderlo ni refutarlo y aún la persecución la purificó y la hizo crecer más rápidamente.

En el día de Pentecostés (Hechos 2) el Espíritu Santo se derramó sobre los ciento veinte y el proceso multiplicatorio comenzó a operar. Al final del día el crecimiento de la Iglesia de Jerusalén, fue de más de 3.000 personas que Dios había agregado.

A partir de allí y en el lapso de un año, la iglesia de Jerusalén se triplicó y ya eran más de 10,000 (Hechos 4). Algunos estiman que en el tiempo cuando Esteban fue apedreado (Hechos 6-7) la Iglesia había crecido a 20.000 personas. Con el tiempo la Iglesia estaba compuesta por la mitad de la población de Jerusalén. ¡La iglesia se expandía por todos lados como lo podemos ver en la historia posteriormente!

En Hechos 5:28 leemos que se decía de los cristianos: “habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina” y en Hechos 17:6 leemos: “Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá;”

En los primeros 67 años, la iglesia primitiva llevó el Evangelio a todo el mundo conocido.

Dondequiera que la iglesia iba, crecía rápidamente. Una iglesia casera era plantada en una ciudad y rápidamente se multiplicaba en cientos de otras Iglesias caseras con 30/40.000 cristianos. Algunos estiman que al final del siglo tercero después de Cristo, la mitad de la población del Imperio se había convertido a Cristo.

Pentecostés fue la puerta hacia una increíble cosecha. ¿Cómo la iglesia primitiva obtuvo esa masiva cosecha? La clave para una gran cosecha es siempre la multiplicación, pero para que la gran cosecha viniera debían estar algunas piezas en su lugar.

Esta es la parte de Pentecostés que debemos reconocer. Dios no solo les dio a los apóstoles el poder del Espíritu Santo, él les dio Su plan para la multiplicación.

Jesús enseñó a sus discípulos cómo multiplicarse, ¡y esto fue la clave para una masiva cosecha mundial! Dios tiene un plan de multiplicación.

El plan de multiplicación de Dios para la Iglesia tenía un secreto

El secreto de la Iglesia Primitiva era que tenía no solo las bases o fundamentos correctos, siendo Jesucristo la Cabeza principal, sino la estructura adecuada para contener la Gloria de Dios y experimentar multiplicación.

La estructura adecuada

Al mencionar la frase “estructura adecuada” me refiero a los principios de gobierno o liderazgo de la Iglesia, que a continuación voy a detallar, pero antes creo conveniente analizar la estructura que se observa en la generalidad de las congregaciones hoy.

La mayoría de las Iglesias funciona con un sistema piramidal de liderazgo, al cual llamo “El estilo de Moisés”. ¿Recuerda el episodio cuando él era el caudillo al frente del pueblo y cuando tuvo demasiado trabajo, su suegro le dijo que delegara en otros bajo su autoridad? (Éxodo 18:13-14).

La sugerencia de su suegro era que necesitaba ayudantes bajo su gobierno. No serían líderes “iguales” a Moisés, sino debajo de él. Esto representa la forma piramidal de gobierno. Moisés era el “número 1” y todos los demás estaban debajo de su mandato. (El sistema “piramidal”, ¿Moisés lo habrá aprendido de Egipto?)

Trayendo este concepto a nuestra actualidad, lo que se ve en la mayoría de las Iglesias es también una estructura piramidal donde hay una figura principal (llámese “el pastor” o “el pastor principal” que puede ser el fundador o no de la obra) y según la extensión de ese ministerio puede tener otros líderes, considerados como ayudantes que no están “al mismo nivel” que él sino debajo de su posición “principal”, a los cuales se les da una variada cantidad de nombres, como ser: pastor asociado, co-pastor, pastor de jóvenes, pastor de células, etc. (Generalmente se omite la palabra “pastor” y les dan otros nombres, como ser: líderes, obreros, etc.)

¿En la Iglesia Primitiva existía este sistema piramidal de liderazgo o había otra estructura espiritual para el gobierno de la Iglesia?

Al comienzo de la Iglesia (por lo cual la llamamos Iglesia Primitiva) las autoridades podrían haber elegido la estructura de liderazgo piramidal de Moisés, pero vemos que fue diferente.

Ya no habría una persona sola al frente del ministerio y todos los demás debajo, sino un equipo de ministros, iguales en autoridad pero con diferentes gracias o dones. Sería un trabajo ministerial en equipo donde solo Jesucristo sería exaltado y reconocido como el príncipe de los pastores.

Lo interesante de notar es que el liderazgo Neotestamentario es compartido. El concepto es un liderazgo compartido entre iguales pero con diferentes dones. No existe el “número 1”, “el principal y luego los que están debajo de él”, sino que es un trabajo en equipo ministerial dónde el Principal o Príncipe de los pastores, y digno de toda la gloria y el honor, solo es Jesucristo.

El principio de gobierno Neotestamentario tira por la borda toda idea de magnificar a un solo hombre o el intento de que alguno pretenda destacarse por sobre los demás, ya que toda la Gloria le pertenece al principal: JESUCRISTO y debajo de Su autoridad operan los ministerios de la iglesia.

En este punto nos encontramos con un grave problema, pues la Iglesia en su mayoría no tiene la estructura adecuada para que Dios derrame de Su presencia, no es el recipiente adecuado para que Dios lo llene de Su Gloria. ¡Se hace necesario tener la estructura o el recipiente indicado! Por cierto muchos reconocen a Jesucristo cómo la Cabeza de la Iglesia pero no siguen el patrón Neotestamentario para el gobierno de la iglesia estipulado por Jesucristo, la Cabeza.

Nos encontramos entonces con un problema pues por un lado anhelamos y pedimos un avivamiento, pero carecemos de la estructura espiritual adecuada, no somos el recipiente indicado para que Dios derrame de Su Gloria. Somos cómo dijo Jesús, “odres viejos”, que no pueden contener al Vino Nuevo del Espíritu.

Odres nuevos del Espíritu

Para capacitar a la iglesia a multiplicarse y movernos con la guía y dirección del Espíritu Santo, necesitamos pensar en la figura de un odre de vino. El odre representa a la Iglesia o el creyente.

En la antigüedad, los odres eran hechos de piel de oveja. El odre cuando está bien preparado, es flexible, y para contener el vino en su interior se expande como si fuera un globo. A medida que se llena del vino, el odre toma todo tipo de formas. ¡Un bulto por aquí, otro por allá!

Los odres tomaban formas originales y no había dos odres iguales. Una vez que el vino ha estado curándose y añejándose durante varios años, el odre se vuelve rígido, inflexible y tieso y corre peligro de romperse y debe ser reemplazado o renovado. Los odres viejos para ser renovados eran sumergidos en agua por varios días (Ef.5:26) y luego eran untados con aceite. Luego de ese proceso volvía a tener flexibilidad.

La flexibilidad espiritual es absolutamente necesaria si queremos seguir y obedecer a Dios, hacer su voluntad y respetar sus parámetros de gobierno para la Iglesia. Sin esa flexibilidad nos volvemos duros, tiesos, secos lo cual significa que no podremos hacer lo que Dios dice y seguir haciendo “la nuestra” en la vida de la Iglesia.

Las palabras de Jesús en Mateo 9:17 muestra una gran realidad espiritual: “Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.”

Jesús aquí detalla el proceso de colocar el vino nuevo en los odres adecuados. El odre debía estar en condiciones (ser nuevo o estar renovado) caso contrario se rompería y se perdería el vino.

Es interesante notar que las palabras “nuevo” y “nuevos” que utiliza Jesús, en el original griego son dos palabras diferentes. El pasaje dice: “vino nuevo (neos) en odres nuevos (kainos)

El vino nuevo (neos) es una referencia al Espíritu Santo y siempre es el mismo Espíritu de Dios. El no cambia y su vigencia es eterna. Aunque el Vino de Dios es siempre el mismo, el odre (kainos, que representa la Iglesia o el creyente) en cambio necesita ser cambiado o renovado para que no se vuelva tieso, duro e inflexible.

Eso significa que debemos ser cambiados, transformados. Cuando lo dejamos a Dios obrar en nuestras vidas, nos transformamos en odres nuevos y/o renovados que podemos contener el Vino del Espíritu Santo.

La Iglesia hoy en su mayoría desea recibir el Vino Nuevo del Espíritu y experimentar avivamiento pero su odre está viejo y seco por formas e ideas de hombres implantadas por muchos años que no son las estructuras adecuadas que Dios ha diseñado para el gobierno espiritual eficaz de la Iglesia.

Dijimos recién que los odres pueden ser renovados por el agua y el aceite. Estas son figuras de la Palabra de Dios y el Espíritu Santo. Dios está trayendo sobre su Iglesia un nuevo entendimiento a la luz de Su Palabra y con la iluminación del Espíritu para darse cuenta que es tiempo de reflexionar, hacer un alto y volver a los patrones bíblicos iniciales de la Iglesia, los cuales la catapultaron para experimentar multiplicación.

¿Qué dice la Biblia sobre el gobierno de la Iglesia?

Dios le dio a la Iglesia cinco dones-ministeriales que representan cinco funciones específicas. Estos dones conforman un ciclo bendecido para multiplicarse por todo el mundo. Vemos a estos cinco ministerios operar en todo el libro de Hechos, antes que las Epístolas fueran escritas: Apóstoles (14:14); Profetas (11:27); Maestros (13:1); Pastores (20:28); Evangelistas (21:8).

Estos ministerios son los mencionados en Efesios 4:11 y son llamados dones ministeriales o dones personas. Efesios 4:12 dice que Dios puso en la Iglesia a los cincos ministerios para “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio…” ¡Es necesario entender bien el alcance y potencial de esta frase!

El trabajo primordial de los cinco ministerios no era el de hacer la obra del ministerio. Su llamado era enseñar, entrenar y equipar a los santos (cada creyente) a ministrar, a que hicieran la obra del ministerio. El plan de Dios era tener una iglesia completa de creyentes-ministros donde todos pudieran predicar, todos pudieran sanar, todos pudieran echar fuera a los demonios y todos pudieran profetizar…. ¡esto es la demostración de lo que es la unción corporativa en el liderazgo y en el pueblo!

Esto difiere bastante de la generalidad de las congregaciones donde hay un “principal” o “ungido” que siempre predica, enseña, impone manos, echa fuera a los demonios, aconseja, etc. y que desea ser reconocido por sobre todos los demás como “el que tiene” la unción principal ¿Le suena familiar todo esto?

El resultado del liderazgo piramidal ha sido en muchos casos devastador en la Iglesia, donde detrás de la fachada ministerial existen motivaciones ocultas y deseos impuros de edificar “reinos propios humanos con la forma de ministerio” donde predomina el ego, y la vanagloria. ¡La idea de Dios es completamente diferente!

Los cinco dones de liderazgo ministerial de Efesios 4:11 eran el secreto para la multiplicación apostólica. Los cinco ministerios debían estar siempre presentes si la iglesia deseaba multiplicarse.

Veremos a continuación qué sucede cuando los cinco ministerios operan juntos para equipar a los santos para la obra del ministerio. Observemos el gráfico e iremos viendo una secuencia bendecida, como si fuera una rueda, que al girar o rodar hace que la Iglesia avance y experimente bendición y multiplicación.

¿Cómo gira la “rueda” de los cinco ministerios?

1. El evangelista da a luz a nuevos hijos al Reino de Dios.

El evangelista se goza cuando un nuevo creyente nace de nuevo en el Reino, pero esa emoción le dura unos pocos minutos, pues el evangelista ayuda al recién convertido a venir a los pies de Cristo, pero luego lo deja y sale para dar a luz nuevos hijos. Debido a esto es que muchos bebés cristianos no reciben el cuidado que necesitan. Ellos no pueden crecer solos. Necesitan de alguien más. No es la misión del evangelista hacerlo, por eso ellos necesitan un PASTOR… ¿Qué hace el pastor?

2. El pastor provee cuidado, nutrición y protección para que los nuevos creyentes puedan crecer.

El pastor alimenta al recién nacido haciendo que este se sienta realmente protegido y confortado, sanado en sus heridas, pero… si todo lo que el recién nacido obtiene de la vida Cristiana es ser pastoreado, está en problemas y no podrá crecer ni desarrollarse. Dios tiene más para nosotros que simplemente estemos a salvo, protegidos y confortados…. Por eso necesitamos de los PROFETAS…. ¿qué hace el profeta?

3. El profeta da visión y dirección.

El profeta dice: – “es bueno que te encuentres a salvo y confortable, ¡pero tú tiene un llamado de Dios sobre tu vida! -.Necesitas comenzar a moverte hacia tu destino”. Los profetas imparten visión, pero el recién nacido no sabe ni está seguro cómo hacer para llegar allí… es por eso que el creyente necesita de un MAESTRO… ¿Qué hace el maestro?

4. El maestro es el que provee entendimiento, conocimiento y entrenamiento.

El maestro le muestra al creyente cómo caminar con Dios y la manera correcta de utilizar los dones espirituales, pero hay mucho más que el creyente todavía necesita… ¡necesita de un APÓSTOL! ¿Qué hace el apóstol?

5. El apóstol establece las cosas en orden y establece a la gente en su ministerio adecuado, ubica a cada uno en su lugar.

El apóstol le dice al creyente: – Ya estás listo para entrar al ministerio, por eso aquí te doy tu primera asignación -.¿Qué sucede si el creyente fracasa en su asignación y regresa herido, frustrado?

Cuando el creyente trata de hacer algo pero fracasa, se golpea, se frustra y queda herido. ¿Qué hace entonces el Apóstol con el creyente herido? ¡Se lo envía de vuelta al pastor para que sea sanado y restaurado y la “rueda” ministerial comience a funcionar otra vez!

El pastor viene para cobijarlo, sanarlo, consolarlo y animarlo “La próxima vez lo harás mejor”. Una vez que el pastor lo ve restablecido, lo vuelve a insertar en la “rueda bendecida”. Se lo envía de vuelta al profeta para clarificar conceptos y obtener una mejor visión. Luego este se lo envía de vuelta al maestro para que pueda entender y/o repasar aquellas cosas que no ha entendido bien, y luego este lo vuelve a enviar al apóstol que le dice: “¡Creo que ya estás listo para intentarlo otra vez!”

El resultado de la operación de los cinco ministerios de Efesios 4:11 es que el creyente en ese proceso ya no es más un bebe o niño sino que madura. Ya está entrenado y capacitado para ministrar a otros.

Los cristianos maduros son los que hacen las obras de Jesús con poder. Cuando la iglesia le da lugar a los cinco ministerios y la “rueda ministerial” comienza a funcionar, CADA CREYENTE es equipado para ministrar. La Iglesia llega a ser un poderoso ejército en la tierra y el resultado es MULTIPLICACIÓN.

Veamos como esto funcionaba en el libro de Hechos:

En Hechos 2 la iglesia comenzó con la SUMA, y el INCREMENTO. Eran 120 en el aposento alto cuando el Espíritu Santo se derramó y en ese día de Pentecostés se agregaron 3.000 más. Luego de eso El Señor continuaba agregando más creyentes diariamente, entonces los apóstoles comenzaron a enseñar y entrenar y equipar a los santos. Los creyentes estaban constantemente recibiendo las enseñanzas de los apóstoles, en el atrio del templo, de casa en casa y así se desarrollaban los cinco ministerios.

Cuando leemos en Hechos, comenzamos a ver más y más personas siendo identificadas como apóstoles, profetas, maestros, evangelistas, hasta que llegamos a Hechos capítulo 8.

En Hechos 8:1-7 “En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.” (v.1)

Aquellos que habían sido esparcidos predicaban la palabra dondequiera que iban: “iban por todas partes anunciando el evangelio. Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados;” (vv.4-7)

Note lo que sucedía allí: “todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles”.

La persecución había comenzado y Esteban había sido apedreado. ¡La mayoría de la gente de la iglesia abandonó la ciudad! Note quiénes se fueron y quiénes se quedaron.

¿Quiénes se fueron? Todos. Los 3000 más los que se convertían todos los días. Se calcula alrededor de 20,000 personas. ¿Quiénes se quedaron? Los apóstoles (los líderes espirituales).

¡Con nuestra mentalidad de Iglesia moderna es probable que en este punto muchos hubiéramos pensado que la iglesia estaba en problemas! ¿Por qué? ¡Porque los miembros de la iglesia habían huido para salvar sus vidas y los apóstoles no se fueron con ellos!… quizás hubiéramos pensado: – ¿Qué será de todas estas “pobres ovejitas” que fueron esparcidas sin un pastor que las cuide ni nadie que les ministre? -. ¿Puede imaginar que sucedería en una iglesia típica de hoy?

En la mayoría de las iglesias de hoy a los miembros no se les enseña a ministrar ni a hacer la obra del ministerio, ¡a ellos se les enseña a depender del pastor para el ministerio, a estar sentados y apoyar la obra solamente con sus diezmos y ofrendas solamente! ¡El pastor ES EL QUE MINISTRA solamente y/o principalmente! Así que cuando leemos en Hechos 8 es probable que hubiéramos pensado: – sin un pastor que cuide de ellos, estas “pobres ovejitas” se perderán y se apartarán del Señor –

Si la iglesia primitiva hubiera funcionado como muchas congregaciones de hoy, todo esto hubiera originado un verdadero desastre, pero… algo inesperado sucedió, observemos lo que sucedió con “las pobres ovejitas esparcidas”…

En Hechos 8:1-8 vemos que aquellos que habían sido esparcidos predicaron la palabra dondequiera que fueron, muchos enfermos fueron sanados y los milagros se manifestaron. ¡Las “pobres ovejitas” sabían ministrar! En Hechos 9:31 leemos: “Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.” ¡Las “pobres ovejitas” fueron y fundaron iglesias fuertes dondequiera que iban porque habían sido equipadas!

¿Puede imaginar esto sucediendo en la iglesia de hoy? ¡Las “ovejitas esparcidas” que fueron separadas de sus líderes espirituales, fueron y predicaron el evangelio, hicieron señales y milagros y plantaron fuertes y saludables congregaciones por todos lados! ¿Cómo pudo suceder esto?

Los cinco ministerios de Efesios 4:11 habían equipado a los santos para hacer la obra del ministerio. Así que en vez de tener UNA iglesia, ellos de repente tuvieron CIENTOS de Iglesias. Las Iglesias comenzaron a florecer por todos lados y el proceso continuó por todo el imperio. ¡Esto es multiplicación! ¡Y así fue como ellos alcanzaron al mundo en una generación!

La mayoría de nosotros no tenemos claro lo poderoso que puede ser la multiplicación porque no hemos entendido el principio de gobierno de los ministerios de Efesios 4:11 y lo que ellos hacen con los creyentes para equiparlos a ministrar.

¡Esto fue lo que la Iglesia Primitiva hizo y se multiplicó! ¡Esto es lo que los cinco ministerios de Efesios 4:11 producen cuando equipan a los creyentes!

Preguntas para la reflexión

¿Estamos dispuestos a reconocer el modelo patrón de liderazgo Neotestamentario?

¿Estamos dispuestos a realizar los cambios necesarios para que esto suceda?

Como pastores, ¿Estamos dispuestos a menguar, en lo que a reconocimiento se refiere, para trabajar en equipo con otros al mismo nivel que nosotros?

¿Nuestro orgullo y deseos de poder oculto pueden ser los causantes por lo que cual no aceptamos el patrón de trabajo en equipo ministerial Neotestamentario?

¿Estamos dispuestos en nuestras congregaciones a cambiar el sistema piramidal por el de los cinco ministerios?

¿Estamos dispuestos a menguar individualmente para poder trabajar en equipo y que otros también puedan ser reconocidos al mismo nivel que uno?

El plan de Dios para su Iglesia es multiplicación. ¿Cómo lo logramos hoy? ¡Estableciendo en nuestras congregaciones locales las bases adecuadas, equipando a los redimidos, que es el patrón de los cincos ministerios de Efesios 4:11!

De este estudio surgen otras preguntas que la trataremos en otro momento:

¿Qué puede hacer una iglesia que tiene un solo pastor al frente y que desea cambiar el formato de liderazgo piramidal por el patrón Neotestamentario de liderazgo en equipo?

¿Si en su congregación el pastor no tiene apóstoles, evangelistas, profetas, maestros, cómo realiza el cambio al patrón Neotestamentario?

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