Por Ritchie Pugliese

Vivimos en una sociedad que padece de insatisfacción. Ella afecta cualquier área de la vida y es el desencadenante de la infelicidad en el ser humano. No en vano la propaganda “marketinera” con sus diferentes productos nos vende la idea de alcanzar satisfacción. La gente busca satisfacción muchas veces sin importar el costo y las consecuencias.

La insatisfacción es un tema del cual hay que hablar debido a que es un enemigo exterior que pretende conquistar nuestra vida interior… ¡y los cristianos no somos la excepción, sino que también podemos caer bajo las garras de la insatisfacción!

Para comenzar debemos saber que existen dos clases de insatisfacción: La saludable y la mala. La saludable es aquella que nos da el ímpetu en la vida para seguir adelante y alcanzar logros o nuevas metas preestablecidas. Es un motor impulsador hacia adelante que nos anima a no bajar los brazos hasta haber alcanzado la meta sin desmayar.

La insatisfacción saludable es muy importante también en la vida espiritual, porque crea en nuestro interior hambre y sed de Dios y nos impulsa con desesperación a buscar más de la presencia del Espíritu Santo para ser saciados. También es importante para lo ministerial pues nos da el ímpetu para alcanzar lo que Dios nos ha encomendado.

En este artículo quiero enfocarme en la mala insatisfacción, la cual si no aprendemos a detectarla y erradicarla de nuestras vidas, puede causarnos mucho daño.

He llegado a la conclusión que cuando caemos presa de la mala insatisfacción, dejamos la puerta abierta para que el enemigo nos ataque y nos afecte. Allí corremos el serio peligro de transformarnos en cristianos insatisfechos.

La insatisfacción puede ser personal, individual, grupal, familiar, laboral, ministerial, entre otras cosas y está muy relacionada con la codicia. El diccionario define a la codicia como “desear algo con ansias, con afán o en forma desmedida”.

Si somos sinceros con nosotros mismos, y ante Dios, debemos reconocer que todos en mayor o menor medida hemos caído en esto, en algunos casos aún sin pensarlo ni desearlo. El espíritu de insatisfacción nos ha conducido por el sendero oscuro de la codicia, de anhelar lo que no conviene en forma desmedida y desesperada o simplemente anhelar más de algo que es bueno.

Pensemos por un instante en estos ejemplos:

En el matrimonio estamos insatisfechos sexualmente con nuestro cónyuge, y salimos a buscar “satisfacción” afuera, en una relación adúltera para saciar “ya” nuestra insatisfacción…

… estamos insatisfechos con nuestro estilo de vida y nos desesperamos por ganar más para comprar más, cayendo presos de la avaricia. Esa desesperación descontrolada nos conduce a endeudarnos y a hacer cosas deshonestas para obtener más dinero (robar, estafar).

… nos sentimos insatisfechos porque somos pastores de una iglesia pequeña y vivimos frustrados y desesperados por las multitudes lo que nos conduce a hacer lo que sea (aún lo indebido) con tal de tener una iglesia “más” grande…

… estamos insatisfechos porque como siervos de Dios no tenemos la fama o el carisma que otros predicadores exitosos tienen y corremos desesperadamente para promocionarnos a cualquier costo o copiar lo que hacen los demás.

La insatisfacción la podemos tener a cualquier situación en la vida (¡piense en su situación presente de insatisfacción!). Podríamos mencionar muchas cosas más donde la insatisfacción pudiera introducirse en nuestras vidas para hacernos daño, mucho daño.

La insatisfacción es un espíritu que se mueve en nuestro mundo. Nuestra sociedad vive insatisfecha y busca por todos lados la salida hacia la satisfacción, por eso la gente se involucra en todo tipo de vicios y propuestas que solo conducen a un aumento de la insatisfacción.

Una vez le preguntaron al famoso millonario griego Aristóteles Onassis: – ¿Cuánto dinero hacía falta para ser feliz? -, y el respondió: – ¡Un poco más! – Su respuesta refleja el sentir de insatisfacción que hay en el ser humano, del cual como cristianos debemos cuidarnos.

El antídoto de Dios para la insatisfacción

La Palabra de Dios nos provee el antídoto contra la mala insatisfacción y es el contentamiento. El diccionario define la palabra “contentar” como “alegría, satisfacción”.

Hay varios pasajes en las Escrituras que nos hablan del contentamiento. Veamos algunos de ellos:

1 Timoteo 6:8 “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.”

Hebreos 13:5 “…contentos con lo que tenéis ahora;”

Filipenses 4:11 “…he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.”

Por lo que dicen estos pasajes, podemos aprender a contrarrestar al espíritu de insatisfacción con el contentamiento.

Según la Palabra de Dios, el contentamiento es una cualidad que se puede aprender. Filipenses 4:11 dice: “…he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.” Note las palabras de Pablo, que estaba encarcelado al escribir esto: “he aprendido”.

El apóstol Pablo podía escribir y recomendar esto porque él había trabajado en su vida para crear el hábito del contentamiento.

El contentamiento es una cualidad sobrenatural, que el Señor le provee a los suyos. Necesita por cierto de nuestra colaboración y decisión para cambiar nuestra actitud de insatisfacción por la de contentamiento. Viene como resultado de dar lugar a la presencia del Espíritu en nuestras vidas. Con la ayuda del Espíritu Santo podemos formar un carácter de contentamiento, en un proceso.

Ahora bien, es probable que a esta altura usted pueda decir: – Pastor Ritchie, ¿tener contentamiento significa, entonces, que debo ser una persona conformista, abandonada, y no hacer más nada para avanzar en la vida y hacer que mis circunstancias actuales cambien?

No, esto no es lo que la Palabra nos anima a hacer. Hebreos 13:5 dice otra cosa: “contentos con lo que tenéis ahora;” El pasaje nos exhorta a que vivamos en contentamiento con lo que tenemos ahora, en este preciso momento de la vida.

La insatisfacción viene cuando nos comparamos con otros que generalmente tienen mucho más que lo que tenemos nosotros o que tienen lo que a nosotros nos falta en este momento de la vida.

Es probable que nuestro “ahora” no sea muy productivo, positivo y las cosas no se den como anhelamos. Es allí donde debemos dar lugar al Espíritu Santo para que produzca en nosotros un espíritu de contentamiento. Hacer esto no significa vivir rendido y entregado a la “buena suerte” sino confiando en el Señor, porque el pasaje de Hebreos 13:5 sigue diciendo: “contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;…”

La segunda parte del pasaje nos revela el motivo de vivir con contentamiento ahora, en este preciso momento de nuestras vidas donde las cosas no están como anhelamos: ¿Cuál es el motivo? ¡Dios nos dice que nunca nos va a desamparar ni abandonarnos! ¿Entiende lo que esto significa? Que lo que usted tiene (o no tiene) ahora en este momento de su vida NO ES TODO LO QUE DIOS LE VA A DAR EN TODA SU VIDA, SINO QUE EL LE DARA MUCHO MAS.

Lo que usted ahora tiene (o no tiene) no necesariamente será lo que tendrá después. Dios está de su lado para bendecirle. Eso significa lo que él dijo: ¡No te desampararé, ni te dejaré!, que en nuestro lenguaje sería de esta manera (Y el Señor se lo está diciendo a usted en esta hora): – Hijo/a mío/a, lo poco que tienes o no tienes ahora, no significa que sea para toda la vida. Yo estoy contigo para darte más de lo que necesitas y/o proveerte aquello que te falta y que tanto anhelas, ¡porque Yo soy el Señor Todopoderoso! –

Recuerde que Jeremías 29:11 dice que Dios piensa bien de nosotros y tiene nuevos planes, cosas para hacer y realizar en nosotros en los tiempos que vienen. ¿Se da cuenta porque es conveniente vivir con una actitud de contentamiento por lo que tenemos ahora, en este preciso momento? ¡Dios no ha terminado con nosotros todavía y seguramente seguirá haciendo grandes cosas!

Igualmente, debemos saber por sobre todas las cosas, que nuestra saciedad y satisfacción total solo proviene de Dios. Nada en este mundo, por bueno que sea, puede dar la satisfacción total que nuestro Dios puede dar.

Viene a mi mente el Salmo 17:15 que dice: “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; Estaré satisfecho…” Es en la comunión íntima con Dios, por medio de su Espíritu Santo, que podemos ser saciados y ser personas con una actitud bendecida de contentamiento.

Le invito en este momento a que busque al Señor y a que le entregue ese “espíritu de insatisfacción” que le está envenenando la vida y le afecta tanto en lo espiritual como en lo físico y emocional.

Si luego de leer este artículo ha descubierto que hay en usted una carencia de gratitud hacia Dios por lo que tiene AHORA, en este momento, si hay en un usted una insatisfacción al ver que las cosas no salen como esperaba ni suceden como está creyendo, reconózcalo ante Dios y deje que el Señor le limpie con su sangre preciosa. Comience con sus labios a darle gracias por lo que tiene ahora, aunque sea poco e insuficiente. Dele gracias al Señor porque él seguirá a su lado para bendecirle y cambiar sus circunstancias. Dele libertad al Espíritu Santo para que comience a crear en usted contentamiento. Desarrolle su fe sabiendo que Dios hará muchas más cosas en su vida en los tiempos que vienen, pues él es Dios que obra de repente.

No espere a vivir con contentamiento cuando las cosas cambien para mejor en su vida. Empiece hoy en el “ahora” que está viviendo, a ser de esa clase de creyentes que viven confiados en el Señor y que viven cada día con la hermosa cualidad del contentamiento.

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