Recopilado por Ritchie Pugliese

¿Cuál es el patrón del Nuevo Testamento para reconocer a un apóstol verdadero?

En Apocalipsis 2:2 el Señor alabó a la Iglesia de Éfeso al decirle: “yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;”

En 2 Corintios 11:13-15 el apóstol Pablo habló acerca de algunos que habían ministrado entre los Corintos y los describió como “falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.”, y luego el comentó en los vv.14-15: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.”

Es claro, entonces, que el Señor quiere que  su iglesia sea responsable, cuando sea necesario, de examinar, evaluar,  a aquellos que dicen ser apóstoles y ver si ellos no pasan la prueba, para rechazarlos y considerarlos engañadores.

Para rechazar lo falso debemos primero saber cómo es lo genuino. Entonces, ¿cómo reconocemos a un verdadero apóstol?

Primero, debemos entender lo que significa la palabra “apóstol”. El significado literal de la palabra en el original griego es “uno enviado a….” Una persona que no ha sido enviada no puede ser un apóstol.

En Efesios 1:22-23 Pablo dice que Dios ha hecho a Jesús “cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo,”. Es Jesús, la cabeza de la Iglesia, el que envía a los apóstoles. En 2 Corintios 3:17 Pablo dijo: “Porque el Señor es el Espíritu…”

Esta declaración indica que Jesús es Señor sobre la Iglesia, pero que el Espíritu Santo es Señor en la Iglesia.

Esta verdad es ejemplificada en la manera en que los apóstoles eran promovidos (o señalados) y enviados de la Iglesia de Antioquía.

Hechos 13:1-4 dice: “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo. Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.”

En este suceso, Jesús, como cabeza sobre la Iglesia, obró a través del Espíritu Santo, su divino y personal representante en la Iglesia.

Originalmente los cinco hombres de Hechos 13:1 son descriptos como “profetas y maestros”. Luego que Bernabé y Saulo (Pablo) fueron enviados, se los llamó “apóstoles”, como lo dice Hechos 14:14Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo…”

Debido a que fueron enviados desde Antioquía, Bernabé y Pablo calificaron para ser llamados “apóstoles”.

Más adelante en Hechos 16:1-4, se registra como un discípulo llamado Timoteo fue convocado por Pablo y enviado para ser parte de su equipo. De esta manera, Timoteo también fue calificado para ser llamado “apóstol” o “uno que es enviado a….”.  Esto es confirmado en 1 Tesalonicenses 1:1 donde la epístola comienza hablando de tres hombres: Pablo, Silvano (Silas) y Timoteo. Más adelante en 1 Tesalonicenses 2:6, hablando de estos tres hombres, Pablo dijo: “ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.”

Este versículo indica que Timoteo, habiendo sido enviado para estar con Pablo y Bernabé, era ahora reconocido como un apóstol.

Pablo dijo en 2 Corintios 12:12: “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros.”

Claramente, también se esperaba que todo ministerio genuino apostólico fuera autenticado por señales, prodigios y milagros apropiados.

Previo a eso, la primera señal de autenticidad que Pablo menciona es una marca distintiva de carácter: “toda paciencia” (perseverancia). Cuando los demás están listos para darse por vencido, el apóstol es el que se mantiene a pesar de la oposición o el desánimo. Así lo describe 2 Corintios 1:8-10: “Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aún perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte;”

Una vez que Pablo mencionó ese rasgo de carácter, menciona las “señales, prodigios y milagros”. El ministerio de un apóstol debe estar certificado también por los milagros o el obrar sobrenatural del Espíritu Santo.

Una lectura objetiva del Nuevo Testamento indica que la predicación del Evangelio debería normalmente ser confirmada por las diversas clases de certificación sobrenatural descriptos en Hebreos 2:4: “testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.”

Las señales y maravillas de aquellos que son apóstoles genuinos están relacionadas a la predicación del evangelio y la fundación de nuevas iglesias locales.

Las señales sobrenaturales solamente no son lo único que se necesita para certificar a un ministerio como apostólico de acuerdo a los parámetros del Nuevo Testamento. En 2 Tesalonicenses 2:9  Pablo advierte que el anticristo viene “por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos,”

Todo el Nuevo Testamento es el producto de la doctrina de los apóstoles. Esto indica que la doctrina de un genuino apóstol debería armonizar en todo con la total revelación del Nuevo Testamento.

Tener la doctrina correcta en sí misma, sin embargo, tampoco es suficiente. Esta debe ser la resultante de un estilo de vida que demuestre en su diario vivir las verdades que se proclaman. En Efesios 3:4-5 Pablo dice que el misterio de Cristo ha sido revelado en este tiempo a el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu”. La verdad revelada siempre debe ir de la mano con una vida de santidad.

En 1 Tesalonicenses 2:10 Pablo habló en lugar de Silas, Timoteo y de sí mismo y les pidió a los tesalonicenses que testificaran “Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes;”

El fruto primordial de un ministerio apostólico es la iglesia local. Primero y principal, el apóstol es el que sabe cómo colocar el buen fundamento de la iglesia local. Pablo, hablando como un apóstol a los corintios les dijo en 1 Corintios 3:10 “yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima;”

Además de eso, el apóstol también ministra a las varias necesidades de la iglesia local después de haber sido nombrado. Él puede ser utilizado por Dios para traer ánimo, corrección, reprensión, y disciplina. En relación a la iglesia local el apóstol es el “perito arquitecto”. El apóstol entiende y supervisa cada etapa del crecimiento del edificio espiritual, desde el fundamento hasta el techo.

Este breve análisis del ministerio de un apóstol nos conduce a dos conclusiones: La primera es que los ministros que se hacen llamar apóstoles deberían cumplir los requisitos y calificaciones para este ministerio como está descripto en el Nuevo Testamento. Segundo, si una iglesia local tiene relación con ministros que reclaman ser apóstoles, los líderes de esa iglesia son responsables de examinarlos de acuerdo a los parámetros establecidos en el Nuevo Testamento antes de invitarlos a ministrar.

Esta fabulosa enseñanza le pertenece a Derek Prince, registrada en su libro en inglés “Judging”, página 109. Lo hemos traducido para que usted sea equipado y bendecido.

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