Por Ritchie Pugliese

Génesis 1:26 dice:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.”

Cuando Dios creó el ser humano lo hizo con una sola idea: Que fuera una extensión de él mismo, que fuera un reflejo terrestre de lo que Dios era en el cielo.

La imagen de Dios en el ser humano:

A continuación veremos algunas de las cosas que Dios quería que se reflejaran en el ser humano, las cuales están descriptas en Génesis 1 y 2:

1.            1:26 “Le dio potestad para señorear”, es decir estar en control, dominar.

2.            1:28 “lo bendijo”

3.            1:28 “fructificar”

4.            1:28 “Multiplicarse”

5.            1:28 “juzgar o capacidad para tener autoridad sobre toda criatura”

6.            2:7  “vida, salud y longevidad”

7.            2:8  “le dio una propiedad, un lugar dónde vivir”

8.            2:11-12 “le dio prosperidad”

9.            2:24 “le dio el principio matrimonial hombre-mujer”

10.          2:24 “le dio una vida saludable sexual para la vida matrimonial”

Todo esto tendría el ser humano para siempre si solamente hiciera una cosa: Obedecer a Dios (Génesis 2:17).

Lamentablemente, en Génesis 3 encontramos que el ser humano decidió desobedecer a Dios y todo cambió, pues la imagen de Dios en el ser humano comenzó a deformarse, desfigurarse, a degenerarse, a perderse de generación en generación. ¡A partir de ese momento todos hemos perdido nuestra imagen original!

La imagen original bendecida por Dios se desfiguró notablemente. Debido al pecado de la desobediencia el hombre (ser humano) pasó a un estado posterior muy alejado de lo diseñado por Dios: De señorear, pasó a ser dominado y controlado por el pecado; de ser bendecido, a ser maldecido; de fructificar, al fracaso; de juzgar, a ser acusado y atormentado por el diablo; de tener vida, a experimentar el deterioro físico, como la vejez, la enfermedad y la muerte; de tener una tierra segura, a vivir errante sin un hogar; de tener prosperidad, a vivir en pobreza; de tener una familia estable y bendecida, a vivir en separación, divorcio, hijos sin padres reconocidos o con sólo una madre para cuidarlo; y de una saludable vida sexual, pasó a experimentar toda clase de perversión sexual.

¡Con sólo mirar a nuestro mundo de alrededor nos daremos cuenta acerca de las graves consecuencias que se pagan por vivir la vida alejados de Dios y de sus principios bendecidos!  ¡Siempre se paga un alto precio por desobedecer a Dios y hacer lo que a uno le da la gana!

Ahora bien, Dios en su gran misericordia diseñó un camino de vuelta, para volver a acercarse a él y experimentar un nuevo comienzo. Dios está muy interesado en cambiar nuestra imagen por una mejor.

Ahora bien, ¿Cómo se puede hacer para recuperar la imagen bendecida inicial preestablecida por Dios?

Detallaré a continuación algunos pasos importantes a tomar:

1. Establecer una relación con Dios, recibiendo a Cristo como el Salvador personal.

Todos somos criaturas de Dios por nacimiento pero para ser hijos de Dios y que la imagen de Dios se restablezca en nuestras vidas, se hace necesario tomar la decisión de cambiar de vida, viniendo a los pies de Cristo. 2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura  es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

Estar “en Cristo” significa prácticamente recibir a Cristo en el corazón y reconocerlo como el único que me puede acercar a Dios, como el único que me puede ayudar a cambiar la imagen de pecado.

Sólo Dios puede cambiar la imagen de uno mismo. ¡Éste es el mensaje glorioso del Evangelio transformador de Jesucristo! ¡Él es el único que puede cambiar nuestra imagen para mejor!

2. Como hijos de Dios, conocer quién es nuestro Padre celestial

Debido al pecado, el ser humano tiene una idea distorsionada de Dios.  Lo ve como un Dios malo y castigador, como el causante de todo lo malo que le sucede a la gente. Por eso ahora, que somos sus hijos, debemos conocerle tal como él es.

La Biblia dice que Dios…

… es el Rey Todopoderoso (Salmo 24:8; 1 Crónicas 29:11-12; 2 Crónicas 20:6)

… es bueno y recto (Salmo 25:8)

… es amor (1 Juan 4:8)

… es verdad (Salmo 31:5)

… está en todo lugar (Salmos 139:7-10)

… es fiel (Romanos 15:5; Éxodo 34:6)

… es puro y santo (Apocalipsis 15)

La Biblia dice también que Jesús es la imagen visible de Dios (Juan 14:8-9). No se refiere por cierto a la parte física pues Dios es Espíritu, sino a sus atributos, cualidades, su personalidad y carácter.

3. Creer en los principios verdaderos de la Palabra de Dios

La verdad de Dios siempre es positiva, para nuestro bienestar,  provee fe, aliento, esperanza y garantía de éxito (Josué 1:8)

4. Perdonar a los que nos han herido y lastimado

En 1 Juan 1:9 leemos que  Dios es perdonador, es decir que él nos perdona. Ahora como hijos de Dios somos llamados a reflejar esa actitud perdonadora hacia todos, inclusive los que nos han hecho algún daño Por eso Efesios 4:32 dice: “perdonándonos unos a los otros” dando a entender que en las relaciones interpersonales, se hace necesario incorporar el ingrediente del perdón.

En realidad existe un grave problema por no perdonar: Nos ata al pasado pecaminoso, nos impide cambiar y avanzar en la vida. La falta de perdón desfigura la imagen de Dios en la vida del creyente en Cristo porque le hace vivir resentido, con amargura, y eso lo llena de “veneno”.

La falta de perdón nos hace vivir en continuo conflicto, donde se crean paredes divisorias y máscaras falsas. Nos hace vivir, en definitivas, alejados de Dios y ¡eso es muy perjudicial para nosotros!

Dicen los estudiosos que la falta de perdón produce estrés emocional y a la vez nos destroza físicamente, pudiendo causar hasta un cáncer.

¡Debemos aprender a vivir libres de todo pecado de no perdonar, confesando nuestro odio, rencor, dejando que la sangre poderosa de Cristo nos limpie de todo mal! (1 Juan 1:9).

En cuanto al perdón no sólo debemos perdonar a otros, sino también a nosotros mismos. A veces decimos “jamás me perdonaré por lo que hice”, debido a pecados, errores que hemos cometido en algún momento. Mateo 22:39 dice “amarás a tu prójimo como a ti mismo” Cuando no me perdono a mí mismo quedo imposibilitado de amar a otros.

Una buena pregunta para formularse sería: ¿Qué pecado he cometido que, a pesar de que Dios está dispuesto a perdonar, yo no me lo puedo perdonar?

Debemos saber que cuando no nos perdonamos a nosotros mismos, quedamos atrapados con un espíritu de condenación y tortura mental, proveniente del diablo destructor, que apagará nuestra vida espiritual.

Cómo hacer para perdonarse a uno mismo:

1. Creer que Dios me perdona si me arrepiento genuinamente de mi pecado (Hechos 3:19). La confesión debe ser específica y hecha una sola vez, pues Dios no es sordo y cuando lo hacemos, el escucha y actúa.

2. Creer que fui perdonado (1 Juan 1:9). Aquí debemos aprender a no depender de lo que sentimos sino de lo que creemos. Recibir el perdón es un acto espiritual no sentimental.

3. Entregarle a Dios mi carga, lo que me abruma y tortura específicamente. Algunas veces a pesar de haber hecho lo descripto en el punto “2”, seguiremos teniendo la sensación de “no sentirnos” perdonados. Cuando los pensamientos negativos vuelvan, debemos aprender a rechazarlos en el Nombre de Jesús. A medida que lo hagamos una y otra vez, cada vez sentiremos menos culpa y comenzaremos a sentir el perdón divino.

4. Pedir sanidad para el alma (mental y emocional. Esto requiere la disciplina de renovar la mente y hablar lo que Dios dice en Su Palabra. Esa un cambio total de mentalidad.

5. Pedir la llenura del Espíritu Santo (Efesios 5:18). Esta es la única manera de vivir en plenitud espiritual, y bendecidos, en cada área de la vida. La vida en el Espíritu se vive por fe, una fe que cree, dice y hace lo que la Palabra de Dios ha dicho. De esta manera se puede controlar la mente y los apetitos desordenados de nuestra carne.

¡Hoy puede ser un nuevo día de victoria, renovación espiritual y restauración de la imagen de Dios en tu vida!

Isaías 43:18-19 dice:

“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”

Filipenses 3:13-14 dice también:

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”

¡Hoy es el día indicado para que puedas comenzar a cambiar tu imagen y vivir como Dios quiere!

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