MARAVILLAS, PRODIGIOS Y MILAGROS

MARAVILLAS, PRODIGIOS Y MILAGROS

En Hechos 2:22 leemos: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;”

En las Palabras del Apóstol Pedro, mencionadas el día de Pentecostés, encontramos tres palabras que el Espíritu Santo utiliza para hablar acerca del poder del Señor.

La primera palabra que se utiliza es “maravillas” y la palabra griega utilizada es “teras”. Esta palabra no se refiere a la obra sino al efecto que produce aquella obra en los pensamientos y emociones del espectador. Ese despliegue de poder trascendía toda imaginación humana y por lo tanto, dejaba a las personas atónitas y llenas de admiración.

La segunda palabra es “prodigios” y la palabra griega utilizada es “dunamis”, palabra que se traduce como obras ponderosas también. Esta palabra no se refiere solamente a la obra en sí, sino que va más allá y tiene que ver con el poder o la virtud que origina la obra. Esto explica claramente a través de lo que dice Pedro “que Dios hizo por El”. De modo que este despliegue del poder de Dios es algo que se realiza debido a un poder extreme y sobrenatural, que es Dios, y no por la operación de leyes naturales.

La tercera palabra que aparece en el pasaje es “señales” y la palabra griega es “semeion”, y significa que las obras sirven como señales o son el sello de autenticidad conferido por Dios a Jesucristo.

Las tres palabras mencionadas se usan juntas en tres ocasiones (Hechos 2:22; 2 Corintios 12:12; 2 Tesalonicenses 2:9), y describen diferentes aspectos que se notan en la mayor parte de los Milagros.

También debemos mencionar que hay otra palabra que se utiliza en relación a los milagros, especialmente en el Evangelio según San Juan y es la palagra griega “erga”, que quiere decir “obra”.

Es muy significativo ver que estas obras que hizo Cristo, fueron las que dieron testimonio de que Dios le había enviado al mundo (Juan 5:36)

 


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