LAS 7 ARMAS LETALES DEL DIABLO

LAS 7 ARMAS LETALES DEL DIABLO

La Palabra de Dios nos exhorta a no ser ignorantes, sino conocedores de las artimañas o estrategias del diablo. Segunda Corintios 2:11 lo resume de la siguiente manera: “para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones”.

La Palabra de Dios también nos advierte que el diablo es un enemigo que anda siempre al acecho de los cristianos para devorarlos. Segunda Pedro 5:8 dice: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar…”.

En este enfrentamiento espiritual es importante y decisivo saber que este enemigo ataca, mayormente, de manera sigilosa y oculta. Para ello utiliza diferentes disfraces que ocultan su verdadera esencia y evitan que lo reconozcan, así lo leemos en 2 Corintios 11:14 donde dice: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza…”.

A continuación detallaré cuáles son las siete armas letales que el diablo utiliza en forma oculta y disfrazada para atacar al creyente en Cristo:

1. Engaño
El engaño fue lo primero que hizo el diablo para atrapar a Eva y conducirla a desobedecer a Dios. En Génesis 3:13 leemos: “Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí”.

En 2 Corintios 11:3 leemos algo muy interesante: “Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo”, lo cual da a entender que este engaño viene sobre el área de los sentidos, lo sensorial, donde fácilmente el enemigo puede confundirnos.


2. Pecado
Una buena definición de pecado sería: “hacer lo que nos parece sin tener en cuenta lo que Dios dice en su Palabra”. El pecado no confesado es una puerta abierta para que el enemigo de nuestras almas se aproveche y nos aflija, nos atormente y nos condene. El pecado da lugar a la operación de la muerte. Romanos 5:21 declara que donde reina el pecado, reina la muerte: “para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro”. Vivir hundidos en el pecado es como vivir muertos en vida según Efesios 2:1: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”.

La práctica del pecado o vivir continuamente haciendo lo que nos parece sin tener en cuenta a Dios nos asocia con el enemigo. Así lo afirma 1 Juan 3:8 “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio…”.


3. Tentación
La tentación es el estado medio o intermedio entre obedecer o desobedecer a Dios. Mateo 4:1 dice que el tentador es el diablo: “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo”. El enemigo quiere aprovecharse de nuestra humana debilidad para seducirnos y anularnos espiritualmente. Por lo general, la tentación viene con propuestas agradables a nuestra carne, que nos promete gratificación inmediata. Pero bien sabemos que cuando cedemos a la tentación y caemos en el pecado, luego viene la condenación y el remordimiento continuo.


4. Acusación
Una de las armas que más resultado le ha dado al enemigo ha sido la acusación y la calumnia. Algo que, lamentablemente, podemos ver dentro de la Iglesia. Muchos hombres de Dios han sido acusados injustamente de cosas que jamás cometieron y, en muchos casos, su honra fue tan manchada que los “hermanos y consiervos” que los acusaron terminaron por destruir su ministerio. Esto mismo sucede también entre los mismos hermanos en la fe.

La acusación es el pasatiempo predilecto del diablo, así consta en Apocalipsis 12:10: “Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”.


5. Aflicción
La palabra aflicción encierra una serie de dificultades que el cristiano puede padecer. Según Salmos 34:19 las aflicciones no son pocas: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová”. Algunas de ellas pueden ser aflicción de espíritu, aflicción física, financiera, familiar, sentimental e incluso ministerial.

Estas vienen con el propósito de quitarnos la paz y hacernos vivir atados y encarcelados como lo dice Salmos 107:10 “Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros”.


6. Condenación
La condenación tiene varios vértices: Uno puede ser la condenación propia ante nuestros errores y fallas. Otra puede ser la condenación de otros hacia nosotros por diferentes motivos (sean justos o injustos). Cualquiera sea, el enemigo la utiliza para molestarnos y hacer que pensemos que no merecemos ser más cristianos, que no somos hijos dignos de Dios, que perderemos la salvación, entre otras cosas. Primera Timoteo 3:6 dice que ella proviene del mismo diablo: “… caiga en la condenación del diablo”.


7. Oposición
La oposición implica correr con el viento en contra, nadar contra la corriente y querer avanzar con las puertas cerradas. La oposición del diablo es lo normal y corriente entre el pueblo de Dios, aunque existen diferentes niveles de oposición: Suave, severa y extrema. Eso fue lo que le sucedió al apóstol Pablo cuando dijo en 1 Corintios 16:9: “porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”.

La oposición muchas veces es una señal de que estamos haciendo lo correcto, aunque para llegar a esta conclusión debemos ejercer el discernimiento y la autoridad espiritual. Esto fue lo que le sucedió a Daniel hace mucho tiempo. Leemos en Daniel 10:13: “el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia”.

No ignorar las maquinaciones del enemigo no significa llenarse de temor. Sino, por un lado, estar vigilantes y alertas, y, por otro, saber que Jesucristo ha ganado la batalla en la cruz del calvario y que ha vencido al diablo para que nosotros hoy tengamos victoria sobre toda fuerza de maldad.

Si en este tiempo eres víctima de una o varias de estas armas letales del diablo, recuerda lo que dice Apocalipsis 12:11: “y ellos (tú y yo, todos los redimidos por la sangre de Cristo), le han vencido por medio de la sangre del Cordero (Jesucristo)…” y que Jesucristo vino para deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8).

¡No importa cuántas armas tenga el enemigo, tú y yo estamos del lado del Ganador: Jesucristo!

 


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