LA VIRGINIDAD Y LA PUREZA SEXUAL

LA VIRGINIDAD Y LA PUREZA SEXUAL

En los tiempos que vivimos, donde “todo vale o todo se puede”, pareciera que tratar el tema de la virginidad y la pureza sexual fuera algo ridículo y fuera de contexto.

No es nada ilógico que la sociedad sin Cristo pueda pensar de esta manera, pero en varios círculos de la iglesia, lamentablemente, encontramos hoy una especie de mixtura y adaptación a la cultura moderna con respecto a la vida sexual. No se les enseña a los niños, adolescentes y jóvenes acerca de los beneficios y conveniencias de conservar la virginidad y la pureza sexual, y se los deja a merced de la cultura callejera o lo que piensa la mayoría.

Los adolescentes y jóvenes solteros que aman a Cristo, que no han sido correctamente adiestrados sobre el tema, sienten vergüenza y temor de que sus amigos sepan que todavía son virgen y los traten de anticuados o ridículos. Esta es la pregunta que afecta a nuestros jóvenes: - ¿Todavía eres virgen? Pregunta con la cual se sienten culpables de seguir siendo virgen y puros en su sexualidad.

Para comenzar debemos saber que el tema de la virginidad y la pureza sexual no es algo promovido por la iglesia católica o evangélica, sino que es un tema que nace del corazón del Creador del sexo: Dios. Luego Dios transmitió esos parámetros a su pueblo elegido, Israel.

En Israel la virginidad y la pureza sexual era lo normal entre los jóvenes. Una y otra vez se mencionan a aquellos que vivían este estilo de vida, que solo cambiaba al contraer matrimonio. Tan importante era la virginidad, que un matrimonio podía disolverse si alguno de los cónyuges no era virgen. (Leer Génesis 24:16; Levítico 21:13; Deuteronomio 22:14, 17, 19, 23; 2 Samuel 13:18; Ester 2:17; entre otros pasajes).

La propuesta de Dios, Creador del sexo, para el ser humano es la virginidad y la pureza sexual hasta llegar al matrimonio y a partir de allí disfrutar de este regalo divino, en un marco de fidelidad y pureza, con la misma persona del otro sexo durante toda la vida.

La idea del Creador, más que reprimir al ser humano era ayudarlo a canalizar una fuerza muy poderosa, que a menos que sea regida por el Creador puede conducir a verdaderos desastres.

No hace falta decir mucho para darnos cuenta de las consecuencias de vivir una sexualidad a mi manera y no a la manera de Dios. Si miramos a nuestro alrededor vemos algunas de las consecuencias de alterar el orden de Dios, como ser, enfermedades venéreas y otras infecciones sexuales, embarazos no deseados, etc.

Mucha gente se burla de aquellos cristianos que desean guardarse en pureza sexual hasta el día de la boda con la pareja que Dios les ha dado. Esta gente es la que dice “lo que no se utiliza se atrofia”. ¡Hoy día la persona promiscua sexual no se avergüenza, pero sí el que pretende vivir conforme a los principios de la pureza sexual!

Está comprobado que la práctica de la vida sexual antes del tiempo estipulado por Dios origina muchas más complicaciones que solo físicas. La mayoría de las personas ingresa a la vida matrimonial con un caudal de experiencias sexuales previas de todo tipo, algo que está visto y recomendado aun por los especialistas como algo bueno y necesario. Hoy día es ridículo pretender que alguien se case sin haber tenido experiencia sexual previa.

Hoy día las parejas ya no esperan al matrimonio para disfrutar de la vida sexual. La idea de casarse para disfrutar de la vida sexual ya no existe y se la ha cambiado por el pensamiento de pasar un buen tiempo de sexo, generalmente casual y sin compromiso, sin importar lo que suceda después. Hoy día son frecuentes los encuentros de sexo casual, para posteriormente seguir cada uno por su camino como si nada hubiera pasado.

Este nivel de vida de liviandad sexual ha tergiversado el ideal de Dios de esperar hasta el matrimonio para disfrutar de la vida sexual. Nuestra cultura cada vez valoriza menos al matrimonio, por eso las parejas conviven sexualmente a manera de prueba y si todo va bien, en el mejor de los casos, contraen matrimonio y aún otros prefieren vivir en pareja libre.

Toda esta moda de libertad sexual parece innovadora y moderna, pero si somos sinceros hoy más que nunca existen personas insatisfechas sexualmente e incapaces de desarrollar una relación estable y madura con alguien del sexo opuesto para toda la vida.

Los estudiosos afirman que la primera experiencia sexual que tengamos quedara marcada a fuego en nuestro ser y que siempre la recordaremos. Esto tiene un propósito divino: El ser humano ha sido diseñado para tener su primera experiencia sexual con la persona del sexo opuesto que ama, luego de haber recibido la bendición del cielo y de haber realizado un pacto con Dios y con su pareja para toda la vida en el altar. El sello de ese acto, sería adornado con la unión amorosa sexual de dos inexpertos, que de allí en más se brindarían sexualmente el uno al otro durante toda la vida.

En la Biblia encontramos que el sexo dentro de los límites de Dios (el matrimonio) tiene primero un propósito, luego una misión y tercero una causa: El propósito es honrar y glorificar a Dios, utilizando el sexo dentro de los parámetros del Creador, la misión es extender la raza humana y, en tercer lugar, la causa es experimentar deleite mutuo entre los cónyuges.

La secuencia bendecida para establecer una relación de amor entre un hombre y una mujer es:
1. Amistad. Primero conocerse como amigos, compañeros, hermanos en Cristo.

2. Relación de noviazgo. Cuando entre ambos haya una atracción y comience el enamoramiento.

3. Un deseo de profundizar la relación. Cuando la etapa del noviazgo va avanzando, la idea es pensar en dar el paso importante de vivir toda la vida unidos y juntos.

4. Casamiento. La bendición del cielo y el sello del primer encuentro sexual entre los nuevos cónyuges.

5. Intimidad y deleite sexual. El disfrute mutuo, lo cual conlleva la procreación.

6. Multiplicacion. Embarazo. La extensión de la raza humana.

¡Hoy generalmente se comienza por el punto “5” y la relación se termina cuando el varón se entera que la mujer está en el proceso del punto “6”, momento en el cual muchos varones incluso se escapan!.... Allí comienzan todos los problemas que ya conocemos y vemos a nuestro alrededor.

Como creyentes en Cristo y ciudadanos de su Reino debemos hablar y defender los principios de Dios, porque sabemos que es la manera de hallar propósito y sentido en la vida.

Quiero mencionar a continuación algunos beneficios de la virginidad y de mantenerse puros para Dios desde la juventud y hasta el día del casamiento:

1. Nos guarda de problemas emocionales. Muchas mujeres han experimentado su primera experiencia sexual de manera traumática, sea por la fuerza o bajo ciertas circunstancias (efectos del alcohol, drogas) con un hombre que bajo la “promesa de amor eterno” o simplemente “pasar un buen momento”, lo único que hizo fue aprovecharse de su inocencia. La conocida “prueba de amor” (si me amas, tengamos relaciones sexuales), lo único que ha logrado son embarazos no deseados y jóvenes que escapan y dejan a la que amaban sola con “el paquete” (así se le dice en algunos lugares al embarazo no deseado). Estas mujeres terminan por sentirse “sucias” y culpables de lo sucedido y algunas incluso desprecian de por vida a esos hijos que son fruto de una relación casual.

2. Nos guarda de infecciones y enfermedades sexuales que se contraen en la relación sexual con personas que tienen ciertas infecciones contraídas en anteriores aventuras sexuales. Esto incluye la transferencia de demonios por la vía sexual.

3. Realza los valores del Creador, de cuidar al ser humano y valoriza la virginidad como una virtud moral de alta estima a los ojos de Dios.

4. Desarrolla una mentalidad de disciplina para prepararse y cuidarse sexualmente durante toda la vida de soltero para el compañero o la compañera que Dios le dará a su tiempo.

5. La virginidad no es una forma de reprimir al hombre o a la mujer, sino una salvaguarda y una corona de virtud. Está comprobado que aquellos que han llegado virgen al matrimonio tienen muchas más posibilidades de mantenerse unidos y felices y disfrutar de una extraordinaria vida íntima sexual, que aquellos que han llegado al matrimonio luego de haber tenido experiencias y parejas sexuales de todo tipo.

A pesar de ridiculizar a la virginidad, más de una mujer que ha vivido su sexualidad fuera del contexto divino, daría lo que sea si le dieran la posibilidad de recuperarla. Existen hoy operaciones reconstructivas para que la mujer vuelva a ser virgen, pero la pérdida de la virginidad va mucho más allá que la pérdida del himen. En el fondo de su ser a ninguna mujer le gusta que la traten como un objeto de satisfacción masculina y como un material descartable una vez que el candidato logró su propósito. Toda mujer anhela ser amada y valorada como persona, más que como un simple objeto sexual.

Para el joven varón quizás sea aún más complicado conservar la virginidad. En la calle, en la escuela o en el lugar trabajo se habla todo el tiempo de sexo y se bombardea la mente de los jóvenes con la idea de que lo máximo para disfrutar de la vida es tener la primera experiencia sexual. En las conversaciones entre jóvenes uno de los temas principales es contar aventuras sexuales (reales o ficticias), para mostrar ante los demás que es el “más macho”. Muchos padres se deleitan en llevar a sus hijos con prostitutas para que tengan su “debut sexual” pensando que de esa manera su hijo será “un verdadero hombre”. ¡Nuestra juventud se siente avasallada con la perspectiva que la sociedad tiene sobre el sexo!

Si nuestra sociedad tiene razón con su propuesta de ridiculizar la virginidad y la pureza sexual, ¿por qué vivimos en un mundo donde hay cada vez más gente insatisfecha con su sexualidad? La respuesta sigue siendo la misma, lo creamos o no: Cuando utilizamos nuestra sexualidad a nuestro antojo, o por la presión de la sociedad, sin tener en cuenta los principios de Dios, estamos expuestos a todas las consecuencias negativas y lamentables que hemos mencionado.

Como cristianos necesitamos formar nuevas generaciones donde la virginidad y la pureza sexual sean las características.

A aquellos jóvenes que han venido a Cristo y han vivido una vida sexual promiscua, primero y principal debemos ministrarles con un espíritu de misericordia para que sean sanados. Luego enseñarles a renovar la mente conforme a los principios de la Palabra de Dios. Y por supuesto explicarles el estilo de vida sexual de los ciudadanos del Reino de Dios.

Restauremos en la Iglesia la valorización de la virginidad y la bendición de vivir en pureza sexual. No solo es más saludable sino principalmente más agradable al Creador del sexo: Dios. Y además levantemos una generación de hombres y mujeres que puedan disfrutar de su sexualidad como Dios ha diseñado.

 


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