LA BENDICIÓN QUE SE DESATA AL ORAR POR LOS ALIMENTOS

LA BENDICIÓN QUE SE DESATA AL ORAR POR LOS ALIMENTOS

La Palabra de Dios se caracteriza por ser muy práctica, y estar a la vez dirigida a bendecir nuestras vidas completamente (espíritu-alma- cuerpo). Romanos 12:1 dice algo muy interesante referido a nuestro cuerpo físico: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

El Apóstol Pablo aquí está diciendo que “nuestro culto racional” o “nuestro servicio de adoración espiritual” consiste en presentar nuestros cuerpos a Dios. En otras palabras, ser espiritual es algo muy práctico y ligado a algo de la tierra. La espiritualidad comienza con lo que hacemos con nuestros cuerpos.

Para entender lo que Dios nos quiere mostrar, necesitamos saber que en éstos capítulos del libro de Romanos, Pablo trata sobre varios temas relacionados con la vida cristiana y en el capítulo catorce trata con el tema de la alimentación. Este tema para nuestro cuerpo es realmente importante. El escribió acerca de dos clases de creyentes en Romanos 14:2: “Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres.”

Lo que está diciendo es que el que tiene fe come de todo y el que es débil come vegetales. Es conveniente aclarar que Pablo no quiere decir que sea absolutamente correcto comer carne y no comer vegetales y viceversa.

Mas bien, el dice que todo lo que hacemos por fe es correcto y lo que no hacemos por fe es incorrecto. Por eso el v.23 dice: “Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.”

Por cierto, Pablo va mucho más allá de la simple discusión de si hay que comer carne o vegetales y está en realidad afirmando lo que él vino tratando al comienzo del libro de Romanos en 1:17: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.”

Recién leimos en Romanos 4:23 “todo lo que no proviene de fe, es pecado”. De la manera como lo veamos llegamos a la misma conclusion: La fe es el fundamento de toda la vida Cristiana, inclusive con la alimentación y lo que comamos.

Basados en esto, entonces podemos aceptar el desafío de aplicar nuestra fe a lo que comamos. Ya leímos que se nos exhorta a “comer por fe”, lo cual parece una extraña frase.

Ahora bien, ¿Cómo se aplica esto de una manera práctica? ¿Qué significa realmente comer por fe?

Existen varios puntos a tener en cuenta pero el primero de todo es que debemos reconocer nuestra dependiencia de Dios para nuestra alimentación. Recibimos los alimentos como un regalo de Dios. Si él no nos supliera nos moriríamos de hambre. Por eso le damos gracias antes de empezar a comer.

La segunda cosa es por consecuencia que debemos agradecerle a Dios por los alimentos o lo que vamos a comer. Por hacer esto, como tercera cosa, Dios hace algo poderoso, reflejado en 1 Timoteo 4:4-5: “Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.”

Cuando recibimos nuestros alimentos del Señor con oración y acción de gracias, ellos son santificados, es decir llegan a ser algo santo, designado por Dios para nuestro bienestar, inclusive cuando originalmente algunos de ellos sean impuros o dañinos, ese efecto puede ser anulado por nuestra fe al orar y darle gracias antes de comer. ¿Lo había pensado?

La cuarta cosa acerca de “comer por fe” es que tiene implicaciones que van más allá de la mesa. Nuestro alimento es la fuente de nuestra fuerza natural y Dios es la fuente de nuestros alimentos. Entonces, eso significa que nuestra fuerza en si misma es un don de Dios. Por eso no utilizamos nuestro cuerpo en forma egoísta o pecaminosa, sino que para agradar a Dios consagramos nuestros cuerpos para que el sea glorificado.

Cuando aplicamos este principio de fe al comer, ésta area de nuestra vida cobra un nuevo y real significado. Por eso ahora podemos entender las Palabras de Pablo en 1 Corintios 10:31 que dice: “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.”

Por medio de la fe, aún nuestras comidas diarias se transforman en algo sagrado y limpio. Así era en la vida de los cristianos de la Iglesia Primitiva. Ellos comían y el momento de sentarse a la mesa llegaba a ser una fiesta espiritual de alabanza y adoración como lo dice Lucas en Hechos 2:46-47: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

Había algo especial y diferente en la manera en que estos cristianos comían, pues el pasaje dice que tenían el favor del pueblo y ellos venían a convertirse al Señor. Hoy nosotros podemos hacer lo mismo si ponemos nuestra fe en obra en el momento de comer. ¿Lo había pensado?

Ya hemos visto lo que la presencia de Dios puede hacer si decidimos “comer por fe”, pero ¿qué sucede si hacemos lo contrario y decidimos no comer por fe ni dar gracias a Dios antes de comer?

La respuesta la encontramos en Eclesiastés 5:17: “Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho afán y dolor y miseria”

¿Este es un pasaje muy fuerte!, dice que la persona que no tiene al Señor “comerá en tinieblas” ¿Qué significa esto? Es precisamente lo opuesto a comer por fe. Esta clase de persona no reconoce que su comida es un regalo de Dios, no le agradece por los alimentos, por eso su mesa no es bendecida ni santificada y lo contaminado e insaluble de los alimentos no son eliminados. ¿El resultado? “mucho afán y dolor y miseria”. Comer sin darle gracias a Dios es una invitación a padecer todas estas cosas.

¿Se da cuenta por qué es importante darle gracias a Dios antes de comer?

 


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