LA BENDICIÓN DE ABRAHAM PARA NOSOTROS HOY

LA BENDICIÓN DE ABRAHAM PARA NOSOTROS HOY

Gálatas 3:13-14 dice: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”

En las Sagradas Escrituras leemos que Dios es nuestro padre (Juan 14:6; Mateo 6:9) pero también dice que Abraham es nuestro padre (Romanos 4:12; Santiago 2:21). ¿Qué significa esto?

Un poco de historia…

La vida de Abraham se detalla en el Antiguo Testamento donde se dice que él vivió en Ur de los caldeos, la ciudad más próspera del mundo de aquél tiempo, y que salió de allí sin saber adónde iba (Hebreos 11:8), hasta que llegó a la tierra prometida y se le dio hermosas promesas. En Génesis 12:2-3 leemos: “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

Aquí Dios le da una promesa a Abraham de bendición…. Ahora bien, ¿Qué es una bendición?

Una buena definición que he leído dice así: “Es el incremento o aumento de lo que es bueno, productivo, beneficioso y placentero en la vida.”

Por el otro lado, la maldición es todo lo contrario. Es el incremento o aumento de lo que es malo, improductivo, dañino y no placentero en la vida.

Vivimos en un mundo caído y hay problemas, hay muchas cosas malas en este mundo pero vivir con la bendición seria que lo positivo supere ampliamente a lo negativo, y la maldición seria que lo negativo siempre supera a lo positivo.

La buena noticia es que Dios quiere bendecirnos y que vivamos siempre bajo su bendición.

Debemos resistir todo ataque de la maldición que reina en el mundo para poder caminar con la bendición en aumento.
En el cielo ya sabemos que allí todo es bendición, pero lo bueno es que ahora en esta tierra podamos experimentar la bendición de Dios.

El plan de bendición de Dios

Dios comenzó su plan de bendición para la humanidad con Abraham cuando le dijo: “te bendeciré” y agregó además que esa bendición se trasladaría a sus descendientes, y a través de ellos, a todo el mundo.

Dios hizo un pacto de bendición con Abraham. Romanos 4:13 revela la magnitud de esta promesa: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.” Esta promesa era que sería heredero del mundo o que todo le pertenecería a él. La bendición se aumentaría o incrementaría hasta heredar el mundo entero.

Dios tomó tan en serio esta promesa que la selló con un pacto de sangre como se detalla en Génesis 15:9-18 para confirmar su palabra. En el contexto hebreo no se hacía un pacto sino que se “cortaba” un pacto. Se hacía un acto donde se sacrificaba un animal y se lo partía en dos. Una vez hecho esto los participantes del pacto caminaban en medio de las dos partes y declaraban que les sucediera lo mismo que al animal en caso de no cumplir ese pacto.

En Deuteronomio 7 se detalla lo que incluye el pacto de bendición. En los vv. 12-15 leemos: “Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren.”

¡Esta era la bendición de Abraham, la que disfrutó todos los días de su vida y posteriormente se trasladó a sus descendientes! ¿Cómo pasó la bendición a sus descendientes?

El pacto de la bendición entre Dios y Abraham (llamado Pacto Abrahámico) fue trasladado hacia sus descendientes en el pacto del Sinaí o el pacto de la ley, donde se enfatiza que esa bendición seria para cualquiera que obedeciera las palabras de la ley.

Para recibir esa bendición la persona tenía que obedecer perfectamente la ley, y si fallaban en algo quedaban expuestos a la maldición de la ley. Esto lo vemos en Deuteronomio 28 donde de los vv. 1-14 se detalla las bendiciones por obedecer la ley y de los vv. 15-68 se detalla las maldiciones por no obedecer perfectamente la ley.

No había opción: La única manera de obtener la bendición era obedecer perfectamente la ley de Dios….había un problema muy grande: ¡Nadie podía hacerlo a la perfección por más que lo intentara! Obtener esa bendición bajo la ley era imposible.

Por eso en Jeremías 31:33 dice: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.”

Este es un pasaje profético que apunta a Jesucristo y a un nuevo y mejor pacto: El pacto de la gracia que vendría a través de Jesucristo. Jesús al derramar su sangre hizo un pacto de bendición con la humanidad (1 Corintios 11:25).

El nuevo pacto para acceder a la bendición de Abraham sería ahora únicamente y a través de Jesucristo. El pacto que el hizo en la cruz fue un pacto de gracia, no de obras. Antes bajo la ley estaba la frustración, la culpa y se merecía la maldición, pero ahora en Cristo seriamos merecedores de la bendición.

Por eso es tan importante y relevante para nosotros hoy el pasaje de Gálatas 3:13-14. Aquí se habla de un intercambio divino: Al Señor le doy mi pobreza y el me da a cambio su abundancia; le doy mis enfermedades y el a cambio me da su salud y sanidad; yo le doy mis pecados y el me provee su justificación; yo le entrego mis impurezas y el me imparte de su santidad.

Por otro lado, la maldición y su alcance es resumida en Deuteronomio 28:48 “servirás, por tanto, a tus enemigos que enviare Jehová contra ti, con hambre y con sed y con desnudez, y con falta de todas las cosas; y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte.”

Todo lo que acabamos de leer es lo que Jesucristo experimentó en la cruz: hambre, sed, desnudez, falta de todas las cosas, rodeado de los enemigos que se burlaban de él. Jesucristo padeció todo esto para que nosotros hoy recibamos todo lo contrario: El tomo mi culpa y la cambio por su justicia (Isaías 53:5-6); tomo mi enfermedad y la cambio por su sanidad (Isaías 53:4); tomo nuestra pobreza y la cambio en abundancia (2 Corintios 8:9), tomó nuestras maldiciones y las cambio por bendiciones (Gálatas 3:13-14) ¡Este hecho fue un intercambio divino en la cruz!

Gálatas 3:13-14 lo puso de esta manera: “para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles,…” ¡Esto no fue solo para los judíos sino para los gentiles (no judíos), es decir tú y yo y todos los redimidos por la sangre de Cristo!

En Cristo, la Biblia enseña que somos hijos de Abraham, es decir ¡somos los herederos legítimos de las bendiciones de Dios! ¡Alabemos al Señor y démosle muchas gracias por semejante bendición!

 


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