FORO DE PASTORES AMIGOS – Reunión 28 de Enero, 2015 – Miami, Florida

CURSO BIBLICO: EL CARISMA DE LA PROFECÍA
Por Orville E. Swindoll

INTRODUCCIÓN
En la iglesia de hoy se observa un gran interés en el tema de los dones espirituales y, en general, en todo lo que tiene que ver con la inspiración y operación del Espíritu Santo. El propósito del presente estudio es ilustrar a los interesados sobre la enseñanza que proviene directamente del texto sagrado en relación con el hablar profético, que es uno de los dones del Espíritu mencionado por el apóstol Pablo y otros.

Quizá de entrada conviene distinguir entre este don y los otros dones del habla; me refiero al hablar en lenguas y la interpretación de lenguas. En algunos sectores se ha enseñado que el don de profecía es equivalente al don de interpretación de lenguas, o al menos que ambos dones apuntan al mismo objetivo. Pero no es esto lo que enseñan las
Sagradas Escrituras. El apóstol Pablo afirma que el que habla en lenguas “no habla a los demás sino a Dios” y que «habla misterios por el Espíritu» (1 Corintios 14:2). En cambio, elque profetiza «habla a los demás…» (14:3).

Ya que es así, sería obvio que una interpretación del don de lenguas también sería una expresión dirigida a Dios, como por ejemplo, alabanza, intercesión, plegaria, etc. Dios, que tiene infinitas maneras de obrar, no precisa dar dos dones para el mismo fin. Hemos de apreciar aun las distinciones sutiles entre uno y otro, pues todos revelan algún aspecto distinto de la multiforme sabiduría de Dios. Si el don de lenguas tiene su propio espacio y propósito en la amplia gama del obrar del Espíritu, pues también lo tiene el don de interpretación de esas lenguas. La idea implícita en la palabra interpretación es que su propósito es comunicar en un idioma conocido el sentido de lo que fue expresado como un misterio entendible sólo a Aquel que conoce lo más profundo de nuestro ser.

El hablar profético tiene otro fin. Su propósito es comunicar a los oyentes una palabra o un mensaje de parte de Dios, sea ésta una exhortación, una palabra de consuelo, una advertencia, una reiteración de la voluntad expresa de Dios, etc. La predicción ocupa un espacio muy reducido entre los grandes fines de este don carismático. Haremos bien en dejar la predicción prudentemente en las manos de personas más experimentadas que tienen una vocación muy específica entre el pueblo de Dios.

Aquí nos vamos a ocupar preferentemente con el sector mayoritario de la iglesia: los que apenas se han iniciado en el plano carismático, o que quieren introducirse con la esperanza de poder servir a Dios y a sus hermanos allí. En primer lugar, procuraremos establecer las bases bíblicas para luego disponernos a incursionar en el uso de este maravilloso don de profecía. Comencemos con una exhortación al respecto en las palabras del mismo Pablo.

En cuanto a los dones espirituales [pneumatikón], hermanos, quiero que entiendan bien este asunto. 1 Corintios 12:1 [NVI, y griego] hay diversos dones … [carismáton = dotes de gracia] diairevsei" deV carismavtwn eijsivn hay diversas maneras de servir… [diakonión = servicio] hay diversas funciones… [energuemáton = energía, eficiencia] 1 Corintios 12:4–6 Pero a cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás [Aquí manifestación podría traducirse expresión o exhibición]. 1 Corintios 12:7

Quizá, la mejor traducción de la palabra pneumatikon sería «manifestaciones del Espíritu». Algunos eruditos católicos han definido «dones espirituales» así: …dones sobrenaturales y libres, que perfeccionan el conocimiento, el habla, el servicio y la habilidad administrativa de los hombres, no para provecho personal, sino para el bien de la
iglesia.

A continuación presentamos algunos textos bíblicos para nuestra orientación con respecto al tema del presente estudio:

16En realidad lo que pasa es lo que anunció el profeta Joel:
17»“Sucederá que en los últimos días —dice Dios—, derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos. 18En esos días derramaré mi Espíritu aun sobre mis siervos y mis siervas, y profetizarán.
Hechos 2:16–18 (véase también Joel 2:28–29)

Aquí vemos que la profecía es una de las señales de la nueva era del Espíritu Santo, a la vez que es una evidencia del derramamiento del Espíritu Santo.

Cuando Pablo les impuso las manos, el Espíritu Santo vino sobre ellos, y empezaron a hablar en lenguas y a profetizar.
Hechos 19:6

En este caso algunos discípulos recién bautizados profetizan en Éfeso cuando Pablo les impone las manos (también hablan en lenguas).

Éste tenía cuatro hijas solteras que profetizaban.
Hechos 21:9

Cuatro hijas del evangelista Felipe manifestaron esta gracia profética.

Todo hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta deshonra al que es su cabeza. En cambio, toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra al que es su cabeza; es como si estuviera rasurada.
1 Corintios 11:4–5

Pese a otras restricciones del apóstol a las damas en la reunión de la iglesia, reconoce su libertad para ejercer el don profético.

Entonces Samuel 1 tomó un frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y le dijo: —¡Es el Señor quien te ha ungido para que gobiernes a su pueblo! 2Hoy mismo, cuando te alejes de mí y llegues a Selsa, en el territorio de Benjamín, cerca de la tumba de Raquel verás a dos hombres. Ellos te dirán: “Ya encontramos las burras que andabas buscando. Pero tu padre ya no piensa en las burras, sino que ahora está preocupado por ustedes y se pregunta: ‘¿Qué puedo hacer para encontrar a mi hijo?’” 3»Más adelante, cuando llegues a la encina de Tabor, te encontrarás con tres hombres que se dirigen a Betel para adorar a Dios. Uno de ellos lleva tres cabritos; otro, tres panes; y el otro, un odre de vino. 4Después de saludarte, te entregarán dos panes. Acéptalos. 5»De ahí llegarás a Guibeá de Dios, donde hay una guarnición filistea. Al entrar en la ciudad te encontrarás con un grupo de profetas que bajan del santuario en el cerro. Vendrán profetizando, precedidos por músicos que tocan liras, panderetas, flautas y arpas. 6Entonces el Espíritu del Señor vendrá sobre ti con poder, y tú profetizarás con ellos y serás una nueva persona. 7Cuando se cumplan estas señales que has recibido, podrás hacer todo lo que esté a tu alcance, pues Dios estará contigo. 8»Baja luego a Guilgal antes que yo. Allí me reuniré contigo para ofrecer holocaustos ysacrificios de comunión, y cuando llegue, te diré lo que tienes que hacer. Pero tú debes esperarme siete días. 9Cuando Saúl se dio vuelta para alejarse de Samuel, Dios le cambió el corazón, y ese mismo día se cumplieron todas esas señales. 10En efecto, al llegar Saúl y su criado a Guibeá, un grupo de profetas les salió al encuentro. Entonces el Espíritu de Dios vino con poder sobre Saúl, quien cayó en trance profético junto con ellos. 11Los que desde antes lo conocían, al verlo profetizar junto con los profetas se preguntaban unos a otros: —¿Qué le pasa a Saúl hijo de Quis? ¿Acaso él también es uno de los profetas?
1 Samuel 10:1–11

El rey Saúl profetizó entre los profetas (véase vv. 6 y 10), aun cuando no tenía ese oficio.En los capítulos 24 y 25 del libro de Números se destacan las profecías de Balaam, un adivino (véase Josué 13:22). Dios frenó la locura de Balaam que tuvo la intención de maldecir al pueblo de Israel, con fines lucrativos (2 Pedro 2:15–16).

Debemos entender que la calificación de «falso profeta» tiene que ver más con la vida que con la palabra de una persona. Si la vida es falsa, si la intención no está alineada con los intereses de Dios, si se procura desviar a otros del camino de santidad y entrega a Dios, se trata de un falso maestro o un falso profeta. Y es así por más que las palabras sean acertadas y verídicas.

Me postré a sus pies para adorarlo. Pero él me dijo: «¡No, cuidado! Soy un siervo como tú y como tus hermanos que se mantienen fieles al testimonio de Jesús. ¡Adora sólo a Dios! El testimonio de Jesús es el espíritu que inspira la profecía.»
Apocalipsis 19:10

El que testifica de Jesús es el Espíritu Santo que inspira el don de la profecía.

25El Señor descendió en la nube y habló con Moisés, y compartió con los setenta ancianos el Espíritu que estaba sobre él. Cuando el Espíritu descansó sobre ellos, se pusieron a profetizar. Pero esto no volvió a repetirse.

26Dos de los ancianos se habían quedado en el campamento. Uno se llamaba Eldad y el otro Medad. Aunque habían sido elegidos, no acudieron a la Tienda de reunión. Sin embargo, el Espíritu descansó sobre ellos y se pusieron a profetizar dentro del campamento. 27Entonces un muchacho corrió a contárselo a Moisés: —¡Eldad y Medad están profetizando dentro del campamento! 28Josué hijo de Nun, uno de los siervos escogidos de Moisés, exclamó: —¡Moisés, señor mío, deténlos! 29Pero Moisés le respondió: —¿Estás celoso por mí? ¡Cómo quisiera que todo el pueblo del Señor profetizara, y que el Señor pusiera su Espíritu en todos ellos!
Números 11:25–29

Este suceso tomó lugar cuando Israel peregrinaba en el desierto, poco después de salir de la esclavitud en Egipto. Setenta ancianos profetizan cuando Moisés les impone las manos.

Timoteo, hijo mío, te doy este encargo porque tengo en cuenta las profecías que antes se hicieron acerca de ti. Deseo que, apoyado en ellas, pelees la buena batalla […]

Ejercita el don que recibiste mediante profecía, cuando los ancianos te impusieron las manos.
1 Timoteo 1:18; 4:14

En estos dos textos Pablo se refiere a las profecías dadas sobre Timoteo.
19 No apaguen el Espíritu.
20 No desprecien las profecías.
1 Tesalonicenses 5:19–20

Aquí el apóstol advierte contra la tentación de menospreciar las profecías.

ALGUNOS CONCEPTOS ELEMENTALES
¿Qué significa profetizar?
Es hablar bajo la influencia e inspiración del Espíritu Santo, en el idioma propio del que habla.

Observemos:
No es el resultado de la premeditación, deducción o raciocinio, pues no procede de la mente, sino del espíritu del individuo.

Es sobrenatural, una manifestación del Espíritu Santo (véase 2 Pedro 1:21;
1 Corintios 12:7–11).

El ejercicio de este carisma no le hace profeta al que profetiza. El oficio de profeta reúne, además del don profético, otros dones y un llamamiento soberano, una vocación particular.

P No es esencialmente un don de revelación. En este sentido es parecido al hablar en lenguas y la interpretación de lenguas. Es decir, no necesariamente incluye elementos desconocidos al que habla o a los oyentes.

No es el resultado de una coacción del Espíritu Santo. Al respecto dice Ludwig Albrecht: Al profetizar, hay una colaboración entre el Espíritu Santo y el espíritu humano. El hombre es un instrumento del Espíritu Santo, pero a modo de colega y socio, racional, libre, cooperador y, por lo tanto, responsable (ver 1 Corintios 14:31–32; 1 Tesalonicenses 5:19–20).
citado por A. Bittlinger, Gifts and Graces, p. 111

Añade Arnold Bittlinger:
Lo maravilloso —y a la vez misterioso— del hablar profético, es que el Espíritu Santo, en toda su perfección, combina con el espíritu humano en toda su imperfección. Una consecuencia de esto en nuestra época, debido a nuestra debilidad, es el hecho de que nuestra profecía es imperfecta (véase «en parte», 1 Corintios 13:9). Además, es obvio que el valor y la pureza de nuestra profecía está condicionada por el estado del canal humano (véase Romanos 12:6).
de Gifts and Graces, London, 1973: Hodder & Stoughton, p. 111

Por esta razón es necesario probar («examinar con cuidado») las profecías (véanse 1 Corintios 14:29; 1 Tesalonicenses 5:20–21; 2 Pedro 1:20; 1 Juan 4:1). Este juicio o discernimiento no es simplemente el resultado de un proceso racional, sino una operación también del Espíritu. Por eso, seguramente, Pablo sugiere que en la reunión de la iglesia son los profetas los más indicados para evaluar las manifestaciones proféticas.

El peligro surge cuando nos extralimitamos; no hay problema si nos limitamos estrictamente a la inspiración del Espíritu Santo. El propósito del discernimiento y examen de las profecías no es para dictaminar sobre lo que dice el Espíritu de Dios, sino para separar de ello lo que pudiera añadir el hombre de su propia mente o intención.

Se requiere orden y respeto en la comunicación de las profecías, como también de las otras manifestaciones carismáticas. Es el sentido general que Pablo comunica en 1 Corintios 14:27–33.

El efecto de la profecía en los creyentes es triple (ver 1 Corintios 14:3-4): «edificación, exhortación, y consolación». Analicemos estas palabras un poco más:

• edificación [oikodomé, de oikos, casa y doma, construir]. Véase 1 Corintios 3:9: «son el edificio de Dios» (vv. 9–16). Pablo considera que el hablar profético contribuye a la construcción de la casa de Dios. • exhortación [paráklesin, de para y kaleo, llamar al lado; es decir, para ayudar, para levantar, para aconsejar]. A menudo, es traducida consolación en el NT. Para contemplar el uso de esta palabra en otros textos, véase 2 Tesalonicenses 2:16–17 («consuelo eterno» y «fortalezca el corazón»); 2 Corintios 1:3–7 (10 veces). •consolación [paramuthían, con un significado muy parecido a la palabra anterior]. Este verbo significa calmar y pacificar. Tiene un mayor grado de ternura, compasión.

Esta consolación hace bien a uno. Calma las tormentas de temor, ansiedad y desesperanza. Nos ayuda a descansar en Cristo Jesús. Esta es una de las más hermosas y gratas funciones del don profético. Filipenses 2:1 — «consuelo en su amor»
1 Tesalonicenses 2:11 — «lo hemos tratado como trata un padre a sus propios hijos»

1 Tesalonicenses 5:14 — «estimulen a los desanimados»
El efecto de la profecía en el incrédulo o indocto (según 1 Corintios 14:24–25): se sentirá reprendido (convicción) y juzgado se postrará ante Dios y le adorará.

La palabra usada aquí para convencer significa, generalmente, atacar, caer encima, avergonzar. Pablo afirma que la profecía descubre las áreas sensibles, pecaminosas, en la vida y las «ataca»: «los secretos de su corazón quedarán al descubierto». Para observar esta operación del Espíritu, véanse Juan 2:25; 6:64; 13:11; 16:19; Hechos 5:3–5; 1 Corintios 2:11,15.

Luego, el pecador es juzgado. El verbo aquí significa un juicio preliminar, que luego puede ser rectificado o ratificado por el Juez supremo. El juicio profético abre el camino a la conversión y salvación del pecador bajo convicción.

El tercer efecto consiste en que el pecador, convencido y juzgado, se postrará ante Dios (14:25). Pablo sabe muy bien que el efecto puede ser negativo (ver Hechos 13:44–45; 14:19; 17:5; 28:25 y sigs.), pero aquí señala lo positivo como la intención divina.

Ya que el hablar profético es capaz de edificar la iglesia y de conducir al pecador a la fe en Cristo, se lo debe procurar más que los otros dones (1 Corintios 14:1,5,39).

Evidentemente, el apóstol creía que este don estaba latente en todo discípulo (v. 31). Debemos estar a disposición del Espíritu Santo para que él pueda despertar en nosotros este carisma.

SUGERENCIAS PRÁCTICAS
¿Cómo podemos hacer caso a la exhortación apostólica de «procurar profetizar» (1 Corintios 14:1,5,39)?

Intensificar la oración y la consulta ante Dios. Esto manifiesta nuestra dependencia de Dios y nuestra disposición de conocer y hacer su voluntad. Tiene el efecto cumulativo de abrirnos a la comunicación de Dios en nuestro espíritu.

Serenar nuestro espíritu y el estado anímico. No ayudamos nada con nuestro afán, impaciencia y entusiasmo. Conviene mantener una actitud de fe y paciencia.

Tomar ánimo y fe para hablar cuando recibimos una inspiración profética (moverse espontáneamente sin filtrarlo mucho por la mente). Recordemos que no es la sensación subjetiva que edifica, sino la articulación profética.

Proceder según la medida de fe, sin extralimitarse por el entusiasmo u orgullo, ni condenarse porque se cortó el fluir por una falta de fe. Recordemos también que las manifestaciones del Espíritu no comienzan en forma perfecta. Debemos proporcionar a Dios un canal limpio y bien dispuesto.

Disponerse para recibir corrección y orientación. No conviene tener muchas pretenciones.

¿Cuáles son las sensaciones que uno tiene cuando se inicia en esta operación del don
profético?
• Puede recibir palabras específicas de parte de Dios.
• Puede tener un sentido claro de lo que Dios quiere comunicar.
• Puede recibir las primeras dos o tres palabras, para comenzar.

 


Publicado en: Cursos

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