FORO DE PASTORES AMIGOS 2 – Reunión 4 de Marzo, 2015, Miami Florida –

CURSO BIBLICO: ¿QUÉ ES EL MINISTERIO CARISMÁTICO?
Por Orville Swindoll

El «nuevo movimiento carismático» (llamado también «neopentecostalismo») nació, según la mayoría de los autores que hacen referencia al tema, en la década de 1960, fruto de un resurgimiento de interés en la actividad del Espíritu Santo en las iglesias protestantes tradicionales. Aunque conserva ciertas características típicas del movimiento pentecostal que surgió a principios del siglo XX, este movimiento carismático tiene una gran diversidad de expresiones, tanto en su teología como en su práctica carismática.

Esta diversidad que desconcierta a muchos teólogos e historiadores se debe, en cierta medida, a la indisposición de incorporar íntegramente tradiciones ajenas, y al deseo de buscar una expresión legítima, fundada en lo que se interpreta de una lectura fresca de las Sagradas Escrituras, o bien en la tradición propia de los que experimentan esta nueva dimensión en su vida espiritual.

A fin de ubicarnos en este cuadro, será conveniente definir algunos términos, contemplar brevemente la importancia de una cosmovisión adecuada y revisar ciertos eventos y personajes clave en la historia de la iglesia. Aunque no proponemos dedicar mucho tiempo a estos elementos, una vista panorámica nos ayudará luego en las cuestiones más prácticas y actuales del ministerio carismático en el marco de nuestras iglesias y de nuestra experiencia de renovación espiritual hasta aquí.

ALGUNAS DEFINICIONES
Carisma: Vocablo adaptado al castellano directamente del idioma griego. Viene de la raíz
caris, que significa gracia. Carisma significa «un don o favor obsequiado gratuitamente o con gracia».

Consideremos su uso en los siguientes textos:

Las dádivas [carismata]de Dios son irrevocables, como lo es también su llamamiento.Romanos 11:29 [NVI] Tenemos dones [carismata] diferentes, según la gracia [caris] que se nos ha dado. Si el don [no aparece en griego] de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe. Romanos 12:6 De modo que no les falta ningún don espiritual [carismati] mientras esperan con ansias que se manifieste nuestro Señor Jesucristo. 1 Corintios 1:7 Cada uno ponga al servicio de los demás el don [carisma] que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas. 1 Pedro 4:10

En el sentido más amplio de la palabra, cualquier operación del Espíritu Santo puede ser considerada carismática. Esto incluye su obra de redargüir, salvar, inspirar, dirigir, etc., pues todas son operaciones sobrenaturales y dependen de la gracia de Dios.

Don espiritual: Cuando carismata se usa con pneumatikón (espirituales, o asuntos espirituales), significa «dones de gracia»: Tengo muchos deseos de verlos para impartirles algún don [carisma] espiritual [pneumatikon] que los fortalezca. Romanos 1:11 [NVI] Pablo exhorta a los hermanos en Corinto que no deberían ser ignorantes con respecto a los dones espirituales: En cuanto a los dones espirituales [pneumatikón][…] Ahora bien, hay diversos dones [carismáton], pero un mismo Espíritu. 1 Corintios 12:1,4 Esta palabra podría traducirse también como «manifestaciones del Espíritu».

Algunos eruditos católicos han definido dones espirituales así:
… dones sobrenaturales y libres, que perfeccionan el conocimiento, el habla, el servicio y la habilidad administrativa de los hombres, no para provecho personal, sino para el bien de la iglesia.

¿Cuántos dones hay? Hay varias listas de los dones en el Nuevo Testamento, a saber:

6Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe; 7si es el de prestar un servicio, que lo preste; si es el de enseñar, que enseñe; 8si es el de animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría. Romanos 12:6–8

4Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. 5Hay diversas maneras de servir, pero un mismo Señor. 6Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas las cosas en todos. 7A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás. 8A unos Dios les da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otros, por el mismo Espíritu, palabra de conocimiento; 9a otros, fe por medio del mismo Espíritu; a otros, y por ese mismo Espíritu, dones para sanar enfermos; 10a otros, poderes milagrosos; a otros, profecía; a otros, el discernir espíritus; a otros, el hablar en diversas lenguas; y a otros, el interpretar lenguas.
1 Corintios 12:4–10

28En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego los que hacen milagros; después los que tienen dones para sanar enfermos, los que ayudan a otros, los que administran y los que hablan en diversas lenguas. 29¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? 30¿Tienen todos dones para sanar enfermos? ¿Hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan todos? 31Ustedes, por su parte, ambicionen los mejores dones.
Ahora les voy a mostrar un camino más excelente. 1 Corintios 12:28–31

7Pero a cada uno de nosotros se nos ha dado gracia en la medida en que Cristo ha repartido los dones. 8Por esto dice: «Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres.» 9 (¿Qué quiere decir eso de que «ascendió», sino que también descendió a las partes bajas, o sea, a la tierra? 10El que descendió es el mismo que ascendió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.) 11Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros… Efesios 4:7–11

Esto parece indicar que no les interesa a los autores bíblicos delimitar estas manifestaciones, sino ilustrarlas. Hemos de creer que el Espíritu de Dios tiene una infinita variedad de maneras de obrar entre los herederos de la salvación.

¿Qué es «ministerio carismático»? De acuerdo con lo planteado arriba, entendemos que «ministerio carismático» es un servicio realizado en plena dependencia del Espíritu de Dios, o que incluye alguna que otra manifestación sobrenatural. Sin embargo, el Espíritu Santo no obliga, no coacciona, no impone su voluntad o su inspiración a la fuerza. De allí vemos la necesidad del ejercicio de la fe, de una obediencia consciente, de una colaboración (que puede ser predispuesta o espontánea). De allí, también, surge la posibilidad de alguna imperfección o de un error humano. El Espíritu Santo no toma control de nosotros a modo de autómatas, sino en un marco de fe y colaboración voluntaria y responsable.

Si no fuera así, no podríamos «juzgar» las profecías, tal como exhorta Pablo:
En cuanto a los profetas, que hablen dos o tres, y que los demás examinen con cuidado lo dicho. 1 Corintios 14:29 ni habría necesidad de «probar» los espíritus:
Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas. 1 Juan 4:1

Obviamente, estamos frente a una necesidad constante de discernimiento. Por eso, Pablo nos exhorta a profetizar «en proporción a su fe» (véase Romanos 12:6). La posibilidad de errar, de discernir y de perfeccionar la actuación en el ejercicio de los dones espirituales implica la necesidad de aprender y de madurar en su uso, como también de disponernos a recibir instrucción y corrección. No debemos ser ignorantes ni miedosos, pero sí humildes, sensibles y reverentes al querer movernos bajo la unción del Espíritu Santo.

UNA COSMOVISIÓN CRISTIANA
La palabra cosmovisión significa una visión del cosmos, o sea, del mundo: una manera de ver e interpretar todo lo que ocurre en derredor nuestro. Hoy estamos casi constantemente bombardeados de expresiones fundamentadas en una visión secularista y humanista del mundo que pretende dejar a Dios de lado. Este concepto no tiene lugar para Dios en su esquema mental del mundo. Además, hay otras perspectivas (como, por ejemplo, del espiritismo, del islam, del hinduismo, etc.) que compiten para ganar adeptos a su visión particular del mundo.

La cosmovisión que entendemos como válida, que nos proporciona una óptica para contemplar y analizar las cosas y los eventos, incluso los misterios, los orígenes y los destinos, es la que surge de la tradición judeo-cristiana. Para ser más específico, es la que se encuentra develada por los autores bíblicos, y especialmente por Cristo y los apóstoles. De plano desechamos como inválida una cosmovisión que no contempla a Dios como creador, sustentador, supremo Señor y juez que determina el destino de todos los seres.

Más aun, creemos que vivimos en un mundo ordenado; vale decir, que afirmamos que Dios estableció un orden y un fin para todas las cosas. Aun cuando admitimos que hay mucho desorden en el mundo que conocemos, tenemos puntos de referencia provistos por Dios para juzgar el desorden y procurar la restauración de las cosas a su orden divino. Dios no ha perdido el control del universo, aun cuando hay voluntades, tanto humanas como diabólicas, que quisieran arrancarle ese control.

El reconocimiento de Jesucristo como Señor del universo es nuestro punto de partida que determina, en su esencia, nuestra cosmovisión. Pues bien, esto implica nuestro compromiso con el mundo espiritual, específicamente con Dios quien es espíritu y se ha revelado en tres personas: el Padre, el Hijo eterno y el Espíritu Santo.

Al confesar eso, estamos diciendo que nuestra vida se rige por valores espirituales, difíciles —si no imposibles— de ilustrar a otras personas de modo objetivo. Sin embargo, los estamentos fundamentales de nuestra fe son los eventos dramáticos relacionados con la persona de Cristo: su nacimiento virginal, su muerte expiatoria, su resurrección victoriosa y su ascensión al cielo, donde está sentado a la diestra de Dios el Padre. Son eventos históricos, pero su gran valor se debe al hecho de que en cada uno de ellos hay una intervención directa de Dios en la materia y en la historia humana que no admite una explicación natural.

La fe cristiana se fundamenta en estos hechos históricos —y sobrenaturales a la vez— de tal modo que si no fueran así las cosas, nuestra fe se desvanecería, tal como la hoja se marchita con el tiempo. Es el argumento de Pablo con respecto a la resurrección de Jesús, que presenta en 1 Corintios, capítulo 15.

Pues si Dios interviene en la historia del hombre, nuestra cosmovisión tiene que contemplar esa realidad. ¡No estamos solos aquí! Dios está con nosotros. Y no como un mero espectador. ¡Es el Señor de nuestra vida! Quiere guiarnos, inspirarnos, instruirnos, corregirnos y obrar a través de nuestra vida de acuerdo con su naturaleza y con su propósito en este mundo. Somos, entonces, protagonistas y colaboradores con Dios, aunque nuestra relación con él es a modo de siervos, de hijos, en plena dependencia de él.

Para movernos en este plano espiritual, que no podemos medir o experimentar con los cinco sentidos, ni con el mero uso de la razón, tenemos que depender de la revelación del Espíritu Santo, de su guía, aun cuando no se trata sólo de valores espirituales. En las Sagradas Escrituras Dios nos ha dejado en claro ciertos parámetros, puntos de referencia, líneas de guía, como también una relación vivencial con el resto de su familia, donde hallamos maestros, modelos y personas experimentadas en la vida en el Espíritu. Dentro de este marco de referencia, es nuestro deber introducirnos en la vida espiritual, que incluye el ejercicio de dones espirituales. Esta no es un área optativa, sino esencial.

Sin discernimiento, y sin el reconocimiento de parámetros estables que sirven de guía, no podríamos incursionar en el área espiritual con seguridad. Pues, apenas entramos en la dimensión espiritual, descubrimos que no estamos a solas con Dios. Justamente, en este plano se liberan grandes conflictos que determinan el destino de muchas vidas y la realización de muchas cosas en el mundo donde vivimos. ¡La Biblia está llena de ilustraciones de esta realidad!

El hecho de que las cosas de mayor importancia en el mundo se determinen por principios y por acciones espirituales constituye una de las razones más fuertes por las cuales tenemos que introducirnos en este plano y aprender a movernos con fe y con discernimiento allí. La vida cristiana no es posible aparte de la guía y la inspiración del Espíritu Santo.

BREVE HISTORIA SELECCIONADA EN RELACIÓN AL TEMA
Los apóstoles: Jesús instruyó a doce hombres en la vida espiritual y la dependencia de Dios el Padre, para poder hacer las obras de Dios. Los introdujo al plano sobrenatural y les prometió el Espíritu Santo que vendría sobre ellos después de su muerte, resurrección y ascensión al trono de Dios. Aparte de un ministerio carismático, habría sido imposible hacer discípulos a las naciones, formar el pueblo de Dios, organizar la vida comunitaria, instruir a los discípulos en la vida en el Espíritu. Eliminar del libro de Los Hechos de los Apóstoles los elementos sobrenaturales —las visiones y los sueños, los milagros y sanidades, las profecías, los juicios divinos, las revelaciones— dejaría la historia sin sentido, insulsa. No es posible imaginar el establecimiento y crecimiento de la iglesia primitiva en un mundo hóstil, aparte del ministerio carismático de los apóstoles.

Los padres apostólicos: Estos fueron los hombres que quedaron con mayor ascendencia espiritual después de la muerte de los apóstoles originales. Su peso de autoridad se debía principalmente al hecho de que fueron los que habían estado en contacto directo con los primeros apóstoles. La historia deja evidencia de que algunos de ellos también tuvieron elementos carismáticos en su vida y ministerio.

Conversión de Constantino: Este hecho de cuestionable valor espiritual, tuvo la virtud de acabar, prácticamente, con la persecución de los cristianos dentro del marco del Imperio Romano, pues Constantino estableció el cristianismo como la religión del estado. Sin embargo, aunque provocó la «conversión» de grandes multitudes, dejó al cristianismo sin su vigor primitivo. Con la entrada en el plano político la iglesia paulatinamente vio desplazada su vida espiritual y su dependencia del Señor.

Agustín de Hipona (354-430): Considerado por muchos como el más grande de los Padres Latinos de la iglesia, su teología marcó rumbos para la iglesia, tanto católicorromana como protestante. Tiene un marcado énfasis en la gracia de Dios. Pero se opuso a las manifestaciones de los dones carismáticos en varias situaciones, considerados prácticamente sin vigencia en su tiempo. En su juventud fue instruido en la filosofía griega que hace una gran separación entre el espíritu y la materia. Quizá a eso se debe su gran apoyo a la vida monástica y al celibato entre los ministros.

Tomás de Aquino (1224-1284): Considerado el más grande filósofo y teólogo de la iglesia de la Edad Medieval, Tomás sostenía que todo conocimiento humano viene por víasensoria y que de este conocimiento parten las deducciones abstractas. Derivaba su método de Aristóteles, con su contraste entre forma y materia. Su teología tendía a reemplazar la fe con la razón.

Escolasticismo, racionalismo: Movimientos dentro de la iglesia que tendían a reducir las cosas espirituales a un plano mental. El hombre se agrandaba a medida que Dios se achicaba en el pensamiento humano.

Represión de los movimientos de renovación espiritual: Aunque ocurrían movimientos de despertar espiritual en repetidas oportunidades, éstos fueron censurados por la iglesia oficial, cortándoles la posibilidad de mayor orientación o integración en la iglesia.

Avivamientos a partir de la Reforma del Siglo XVI: Aunque los reformadores más conocidos (especialmente Lutero y Calvino) no dieron mucha importancia al lugar de las manifestaciones sobrenaturales, por el hecho de que dieron lugar a la posibilidad de disentir con las expresiones oficiales de la iglesia, surgían muchos movimientos de despertar espiritual que pusieron mayor énfasis en la vida espiritual. Algunos incursionaron periódicamente en el plano del ministerio carismático, especialmente a partir de Wesley y Whitefield (ambos de Gran Bretaña en el siglo XVIII).

Movimiento pentecostal: Desde principios del siglo veinte, la experiencia pentecostal, acompañada del don de lenguas, ha llegado a ser conocida prácticamente en todos los variados sectores de la iglesia, tanto católica como en las muchas denominaciones evangélicas, e incluso entre los ortodoxos. Con el tiempo ha ganado entrada y aceptación por muchos que antes se opusieron tenazmente. Es el sector de la iglesia que más rápidamente crece en la actualidad.

Movimiento carismático o neopentecostal: Mencionado arriba, este movimiento tiene diversas características y abre vistas —en parte debido a su gran amplitud— a la posibilidad de un despertar generalizado en toda la iglesia de Cristo.

ALGUNOS ELEMENTOS CARISMÁTICOS
Sueños: Por la abundancia de sueños registrados en las Escrituras, se supone que los sueños constituyen un medio común para que Dios se comunique con el ser humano en el subconsciente, quizá porque ocurren cuando hay menos resistencia. Fueron prometidos como parte del «programa» carismático de Dios en esta era del Espíritu Santo (Hechos 2:17).

Visiones: También fueron prometidas visiones en el pasaje mencionado en el párrafo anterior. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento mencionan las visiones como uno de los medios comunes por los cuales Dios comunica revelación a su pueblo.

Dones espirituales: Son muchos y muy variados los dones que aparecen en las listas de Romanos, 1 Corintios y Efesios. Debemos esperarlos y encaminar su funcionamiento en
las congregaciones, como en la tarea evangelística, con una orientación adecuada y una dirección pastoral que facilita a los discípulos la incursión en esta dimensión.

Guía personal y específica del Espíritu Santo: El libro de Los Hechos, que describe la vida de la iglesia en sus primeros años y en su primera época de expansión, presenta el hecho de la guía directa del Espíritu Santo en la vida de los discípulos como una cosa plenamente normal y relativamente común. Jesús prometió su guía directa y común a sus discípulos, de modo que debemos saber cultivar un oído espiritual en nuestro andar con el Señor.

(Los temas desarrollados por el Pastor Orville Swindoll son lecciones continuadas, enseñadas en cada reunión mensual. Le invitamos a leer la primera lección en nuestra página y a estar expectante por la tercera)

 


Publicado en: Cursos

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