EVANGELISMO CON PODER

La Biblia nos enseña que una de las características de los últimos tiempos es que serían tiempos peligrosos (2 Timoteo 3:1).

Hoy vivimos en esos tiempos, donde la maldad y la malicia han avanzado a pasos inimaginables, donde el pecado y la corrupción moral han llegado a un ciclo sin fin.

En medio de todo este caos, creo que la Iglesia de Jesucristo tiene una inmejorable oportunidad para proclamar el Evangelio.

Creo que no es necesario hablar acerca de la necesidad imperiosa de predicar el Evangelio, pues los creyentes conocemos los pasajes que hablan sobre el tema (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-20).

Vivimos en tiempos de real necesidad, y como Cuerpo de Cristo debemos transformarlos en tiempos de oportunidad.

Por mucho tiempo hemos pensado que evangelizar es simplemente repartir un folleto, explicarle a alguien las “cuatro leyes espirituales”, hacer alguna actividad pública al aire libre o un evento masivo en un estadio.

Todo eso tiene su valor e importancia, pero creo que en los tiempos que vivimos se hace necesario no solo la predicación del Evangelio sino la demostración tangible del Dios que predicamos.

Algunos han llamado a eso “Evangelismo con poder”.

El “evangelismo con poder” es la sumatoria de la predicación del Evangelio acompañado de la demostración del poder del Espíritu Santo con sanidades, señales y milagros contundentes que comprueben lo que estamos predicando. (Hebreos 2:4).

Este es el Evangelio del Reino el cual confronta al reino de las tinieblas, lo anula y destruye en el Nombre de Jesús, para que la gente tenga un encuentro vivo y personal con Dios.

Durante el ministerio de Jesús, lo vemos reflejado cuando en Mateo 10 él llamó a sus discípulos y “les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (v.2). Luego, en los vv.6-8 agregó: “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”.

La Iglesia Primitiva tenía también este “estilo”, aunque en realidad era el único modelo o estilo a seguir, pues el modelo de evangelista Neotestamentario era el de Felipe, donde en Hechos 8:6 se dice sobre el: “Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados…” (Leer también: Hechos 3:1-10; 5:14-16; 16:11-15 y 16:17-20).

En el evangelio con poder, no sólo es necesario decir “Cristo te ama hoy”, sino también demostrar que “¡Cristo te sana y/o te liberta ahora!”. ¡Dios está vivo y vigente, por eso, experiméntalo!

Quizás alguno pueda pensar que no es necesario predicar el Evangelio de esta forma “sensacionalista” o buscando “hacer ruido”, pero en el libro de Hechos vemos la importancia del Evangelismo con poder. En Hechos 9:32-35 leemos: “Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida. Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico. Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó. Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor”.

¡Dos ciudades fueron impactadas y todos, como resultado de una sanidad, se convirtieron al Señor! ¡El evangelismo con poder, con la ayuda del Señor, puede darnos los mismos resultados hoy y ahora!

Sería bueno preguntarnos en esta hora: ¿Estamos dispuestos a predicar el Evangelio de ésta manera?, ¿Estamos preparados y equipados espiritualmente para llevar a cabo dicha tarea, con la unción requerida, para ver resultados?

El tiempo de la pasividad tiene que llegar a su fin, pues lo que la iglesia deja sin ocupar, lo arrebata el enemigo.
Ahora bien, prácticamente, ¿en qué consiste el Evangelio de poder?

Más allá de la idea de celebrar alguna campaña evangelística, con un invitado especial enfatizando el poder milagroso de Jesucristo, creo que la idea de Dios para este tiempo es la movilización del pueblo de Dios, irrumpiendo en las calles y lugares públicos para dar a conocer que Dios está vivo, activo y dispuesto a ayudar a la gente. Sería como una invasión espiritual a través del pueblo de Dios, sobre un territorio determinado.

Para llevar a cabo este tipo de trabajo se hace necesaria una estrategia adecuada espiritual, pero en términos generales, hay ciertas cosas que se pueden hacer en cualquier lugar donde tengamos ubicada nuestra congregación.

A continuación detallaré algunas ideas que pueden ser utilizadas para tocar las vidas de aquellos que están sin Cristo: Usted seguramente podrá agregar otras buenas ideas, conforme a lo que el Espíritu guíe:

1.Recorrer los barrios casa por casa, preguntando si existe alguna persona enferma o alguna necesidad por la cual poder orar a Dios.

2.Ir a alguna plaza o lugar masivo, donde directamente, mientras uno reparte un folleto, le pregunta a la gente si tiene alguna necesidad, pues Dios quiere hacer un milagro para que crea que es real.

3.Utilizar diferentes medios como los mimos, payasos, música, etc, donde juntar a la gente y, con fe y atrevimiento santo, invitar a aquellos que tengan una necesidad a que nos den la posibilidad de orar al Señor para que Dios se manifieste en el momento.

El evangelismo con poder se hace necesario hoy más que nunca, pues la gente está cansada de la religión, del engaño de las sectas y aun está decepcionada con la iglesia cristiana.

La idea no es salir para discutir religión sino para demostrar el amor, la bondad y misericordia de nuestro Dios. La gente quedará impregnada y con una señal indubitable del amor de Dios, como sucedió con el ciego, que cuando fue sanado mucho no entendía de “religión” pero si sabía que algo real le había sucedido: “… una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo” (Juan 9:25).

Para la Iglesia de Cristo, creo que el tiempo de las palabras se han terminado, y ha llegado el tiempo de la contundencia del poder manifestado y tangible de Dios. (1 Corintios 4:20) ¿Aceptaremos el desafío o nos quedaremos pasivos y adormecidos viendo como el enemigo se encarga de destruir todo lo que puede en nuestros barrios y ciudades?

Una última sugerencia para que reflexionemos sobre lo leído ante el Señor:
Respondamos las siguientes preguntas ante el Señor, y de esa manera obtendremos la respuesta de lo que tenemos que hacer en esta hora crucial de la historia:

¿Cuándo fue la última vez que ganamos alguien para Cristo? ¿Hemos ganado alguna vez un alma para Cristo? ¿Cuándo fue la última vez que le predicamos el Evangelio a alguien que no conoce de Dios? ¿Cuál fue la última actividad realizada para predicar el Evangelio en nuestra congregación? ¿Cuáles fueron los frutos? ¿Se enfatiza el evangelismo constante en nuestra congregación local? ¿Hemos sigilosamente reemplazado la predicación del evangelio por otras actividades “más cómodas” y menos confrontativas?

Que el Espíritu Santo pueda poner la misma carga celestial que el Apóstol Pablo tuvo, cuando el dijo: - ¡Ay de mí si no predicase el Evangelio! -. ¿Sentimos dolor, pesar, por no predicar el Evangelio? ¿Hemos pensado que aún mientras leemos éste proyecto, miles de personas se mueren sin Cristo?

¡Ay de nosotros si no predicamos el Evangelio!

 


Publicado en: Artículos

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