EL QUEBRANTAMIENTO

EL QUEBRANTAMIENTO

El propósito de Dios es hacer de nosotros, sus hijos, personas que manifiesten el carácter de Jesucristo. La meta de un discípulo es ser como su maestro (Lucas 6:40). El premio es la vida eterna en el cielo (Romanos 6:22).

Hay cristianos que solo se conforman con ser salvados del infierno, pero mientras ese día llega, aquí en la tierra viven vidas mediocres sin la presencia activa del Espíritu Santo.

Entre el pueblo de Dios encontramos tres clases de “cristianos”:

1)Los que solo les interesa recibir bendiciones y ven al Señor como una especie de “milagrero” o duende mágico donde le piden un deseo y lo obtienen. Lo siguen solo por lo que El Señor puede dar y nos les interesa otra cosa.

2)Los que son religiosos, guardadores de la liturgia cristiana, hacen lo que la tradición dice pero no experimentan ni las bendiciones ni la vida de Cristo. Son cristianos por costumbre pero no por convicción personal.

3)Los que realmente tienen a Cristo en su corazón, quieren conocerle más y anhelan experimentar las profundidades de Dios por estar metidos en el Río poderoso del Espíritu Santo. Ellos son bendecidos totalmente por el Señor y alcanzan madurez por conocer a Aquel que bendice.

Algunos creen que porque tienen años de creyentes son maduros espirituales; otros piensan porque lucen canas sobre sus cabezas que ya son personas con experiencia en las cosas de Dios. ¿Sabe una cosa? Ninguna de estas cosas son señales de madurez espiritual.

La madurez espiritual se mide por otras cosas que les suceden a aquellos que anhelan un mayor crecimiento en sus vidas y solo desean sumergirse en las profundidades del Espíritu de Dios.

¿Deseamos alcanzar madurez espiritual o estamos bien así como estamos hoy?

¿Anhelamos sumergirnos en las corrientes del Espíritu de Dios para ser maduros en la fe o nos conformamos con ser niños espirituales?

La voluntad de Dios es la madurez de sus hijos. Él desea y ordena madurez para todos los suyos. El problema es que nosotros no la queremos y nos conformamos con lo que tenemos, pensando que así todo va muy bien.

A menos que decidamos de corazón hacer todo lo que Dios desee, nunca llegaremos a avanzar en nuestro andar cristiano y las corrientes del Espíritu de Dios serán solo una bella idea mental en vez de una concreta realidad.

Es muy lindo y nos causa ternura ver a un bebe deslizarse por el suelo intentando levantarse para dar sus primeros pasos, pero que eso le suceda a una persona de 40 o 50 años no lo es, ¡es algo anormal, pues ya es tiempo de que camine bien! Lamentablemente muchos somos así ante Dios. Tenemos muchos años de creyentes pero todavía somos niños espirituales.

Dios nos quiere llevar un paso más allá de lo que estamos hoy, para que seamos más semejantes a Cristo y vivamos sumergidos en las corrientes del Espíritu.

Existe una manera para crecer en calidad de vida espiritual y es experimentar el quebrantamiento. ¿Por qué necesitamos atravesar por el quebrantamiento? Nuestra vida nunca llegará a experimentar la presencia de Cristo a menos que nuestro yo sea destronado y nuestra carne pulverizada. El tratamiento efectivo de Dios para eso se llama el quebrantamiento.

En el capítulo 18 de Jeremías, vv.1-6 vemos un episodio desarrollado en la casa de un alfarero, que nos dará la idea del tema del quebrantamiento. Dice así: “Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír Mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí Que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro Que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió Y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.Entonces, vino a mi palabra de Jehová, diciendo:¿No podré yo hacer de vosotros, como este alfarero,oh casa de Israel? Dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel”

Este pasaje tiene mucho para decirnos acerca del trato de Dios para con su pueblo. En la escena aparecen:
a) El alfarero b) la vasija c) La rueda d) Su mano

Ellas son figuras de algo real que Dios hace en nuestras vidas al quebrantarnos:
El alfarero es Dios;
La vasija somos nosotros, sus hijos;
La rueda es el Espíritu Santo trabajando en nuestras vidas;
Su mano es el trato de Dios sobre nosotros, sus vasijas.

Para entender bien el proceso del quebrantamiento, es necesario que sepamos que debe suceder antes de que la vasija sea hecha nueva y transformada en otra vasija más bella.

Lo primero que hay que hacer es ir y tomar las piedras de las laderas de la montaña. Esto nos enseña que El Señor nos rescató del montón de la montaña del mundo para apartarnos para Él para un uso específico: ser vidas transformadas para su gloria y honra.

Lo segundo a realizar es que se deben limpiar las piedras traídas de la montaña y colocarlas en un recipiente lleno de agua para limpiarlas. Esto representa que la sangre de Jesucristo al rescatarnos nos limpia de todo pecado.

El paso siguiente es llevar la piedra al lugar donde están las herramientas necesarias para desmenuzar y pulverizar la piedra hasta que quede como una masa blanda, fácil de moldear y recién allí el alfarero puede darle la forma que quiere haciendo girar la rueda y trabajando con su mano.

Esto mismo es lo que El Señor hace con nosotros en el proceso del quebrantamiento. Una vez que somos desmenuzados y nos transformamos en personas moldeables, la rueda del Espíritu Santo empieza a moverse y la mano de Dios nos da la forma más bella y hermosa para Dios.

Cuantas veces Dios nos habla de muchas maneras diciéndonos: - Dame tu vida pues deseo moldearla en otra vasija – y nosotros le decimos: -Así estoy bien, gracias -. Necesitamos grabar en nuestra mente y corazón que para ser cristo céntricos y vivir en el Río de Dios hay un único camino a seguir llamado quebrantamiento. Para llegar a las corrientes del Espíritu no existe otro camino ni existe un atajo alternativo.

Debemos decir con sinceridad que a este tema no nos gusta mucho hablarlo. Todos queremos las bendiciones y demás, pero pretender sumergirse en las corrientes del Espíritu de Dios sin atravesar el camino del quebrantamiento es lo mismo que pretender andar en automóvil e ir de vacaciones sin querer ponerle gasolina al tanque. Nunca llegaríamos a destino porque tarde o temprano nos quedaremos a medio camino. Lo mismo pasa con el trato de Dios con nosotros. Por eso, sin un verdadero quebrantamiento no veremos las bendiciones espirituales del Señor.

Qué significa ser quebrantados espiritualmente
Marcos 6:41 dice: “Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos”

Este pasaje tiene mucho que ver con el tema del quebrantamiento. En este episodio vemos que hacía falta un verdadero milagro para alimentar a la muchedumbre, la cual era de 5.000 hombres sin contar las mujeres y los niños.

Para que el milagro sucediese, fue necesario que algo ocurriese. Primero vemos que el Señor “bendijo”; lo segundo fue que “partió” y lo tercero fue que entonces “repartió” los alimentos y todos fueron saciados.

Para que la muchedumbre fuera saciada algo tuvo que sucederle a los alimentos: fueron partidos o quebrados. En términos espirituales sucede lo mismo: Cuando Dios nos bendice, nos parte o quebranta y luego nos reparte para que seamos de bendición y alimento a otros.

Cuando nuestras vidas sean quebradas como los peces y los panes, milagros sucederán y seremos un canal de bendición. Ser quebrantados espiritualmente significa ser partidos en pedazos para que nos perdamos en las manos del Gran Alfarero y Él nos haga nuevas vasijas (Jer. 18:4)

Porqué es indispensable ser quebrantados espiritualmente
Lea Jeremías 18:4 “Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla."

a)Porque únicamente así se puede experimentar y practicar la voluntad de Dios en todos sus aspectos e implicancias. Dios desea que lleguemos al nivel espiritual de poder decir: “Señor, haz esto tú por mí. Fluye a través mío para poder cumplir tu voluntad”.

b)Porque toda la gloria y la honra es del Señor. Sin quebrantamiento no podemos darle el control de nuestras vidas para que él pueda reinar.

c)Porque somos canales donde fluye el Espíritu Santo para dirigirse hacia otros y bendecirlos. Si no somos quebrantados, no podremos ser canales limpios y de bendición a otros. Habrá una mixtura e interferencia espiritual y Dios buscará otro canal limpio para utilizarlo.

Como experimentar el quebrantamiento
Juan 15:5 dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho
fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”

Separados de Jesucristo nada podemos hacer que glorifique a Dios. Esta verdad debe penetrar para darnos luz y producir un cambio interior. Necesitamos abrir nuestros ojos y darnos cuenta que sin Él, seremos simplemente unos religiosos, ritualistas pero sin la vida del Espíritu de Dios. Sin un real quebrantamiento en nuestras vidas seremos de poca utilidad para Dios, lo que hagamos no traerá gloria a su santo nombre.

Dios nos ha llamado para que tomados de la mano de Cristo y controlados por el Espíritu Santo edifiquemos oro, plata y no madera, hojarasca y basura (1 Co. 3:11-15).

El pasaje de Juan 12:24 también dice: “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigono cae en la tierra y muere, queda solo; pero simuere, lleva mucho fruto”

El grano de trigo no puede ser un grano toda su vida si es que quiere dar mucho fruto. Una vez que es plantado, debe sucederle algo antes que florezca: Debe morir, es decir, dejar de ser grano para transformarse en fruto. La Palabra de Dios dice “si muere” dando a entender que es la condición previa a dar fruto. En nuestras vidas sucederá lo mismo: “si morimos”. Esta frase es una frase condicional, no dice “cuando morimos” dando a entender que si o si moriremos. Podemos decirle “no” al trato de Dios y decidir no morir y seguir como estamos.

Por otro lado dice: “si no muere”, que no habrá fruto.

La clave como cristianos es “morir” a nuestro yo egoísta, ser quebrantados para que podamos dar mucho fruto y glorificar al Señor. Sin muerte o quebrantamiento espiritual no habrá en nuestras vidas abundancia de fruto. Sin quebrantamiento será imposible ser hechos “vasijas” nuevas modeladas por el Señor Jesucristo.

El pasaje de 2 Corintios 4:7 y 10 dice: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de vosotros … llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que
también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos”

Los vasos de barro somos nosotros los creyentes en Cristo. Así como al nacer espiritualmente tuvimos que morir espiritualmente, para ser más semejantes a Cristo tenemos que ser quebrantados, para que nuestro yo con sus fuerzas e intenciones deje de reinar y en su lugar reine el Señor y en nuestras vidas las corrientes del Río de Dios sean una hermosa realidad.

Jesucristo mismo nos dio su ejemplo al ser quebrantado y morir (Filipenses 2:8). Si Él no hubiera estado disponible a la voluntad de Dios nunca hubiera resucitado y ser el Señor… ¿si Él lo experimentó? ¿Qué de nosotros sus discípulos?

 


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