EL ORDEN DE DIOS VIENE LUEGO DE NUESTRO CAOS

EL ORDEN DE DIOS VIENE LUEGO DE NUESTRO CAOS

¿Todo parece un caos en su vida, familia, negocios, ministerio?

Existe un dicho que dice: “Este fue el mejor tiempo, y a la vez fue el peor tiempo.” Esta declaración describe de forma muy apropiada mucho de lo que nosotros estamos experimentando en el proceso de renovación y transición hacia lo que Dios nos ha mostrado.

Existe una contradicción divina que necesitamos entender: El orden de Dios siempre está precedido por el caos. Siempre que Dios restaura el orden, algo está naciendo desde el caos que Él permitió en primer lugar. Todas las cosas son parte del todo con Dios.

Nosotros miramos una situación de caos, decimos: “Esto no puede ser de Dios.” Sin embargo, la Biblia no coincide con nosotros con respecto al caos. En el caos, ¡Dios está anulando el viejo orden y dando nacimiento al nuevo!

En Hechos 2, vemos el cierre del viejo sistema farisaico, y la creación de un nuevo prototipo: La iglesia. Había 120 personas en un aposento alto cuando el Espíritu Santo cayó, creando un caos. Ninguno sabía lo que estaba sucediendo.

Dentro del grupo elegido había orden porque ellos sabían que era lo prometido por Jesús, pero toda la gente de alrededor veía solamente lo que parecía a un caos.

Por supuesto, es una verdad de la naturaleza humana que si no somos parte de algo y no lo entendemos, siempre lo queremos criticar. Nosotros siempre criticamos lo que no entendemos. Había gente hablando en lenguas que nunca habían escuchado sobre el tema.

¿Por qué la Biblia dice que Pedro se puso de pie para hablar (Hechos 2:14)? Probablemente porque estaba en el piso en ese momento tocado por el Espíritu Santo. Todo parecía muy caótico en ese momento. La interpretación de la mayoría de la gente con respecto a lo que sucedía era que los del aposento alto estaban ebrios (Ver Hechos 2:13).

Un nuevo orden de iglesia estaba emergiendo en circunstancias caóticas. Lo que allí sucedía abarcaba todo el proceso problemático que sucede al dar a luz algo nuevo, extraño y ruidoso de parte de Dios.

Este proceso es una parte de la transición y es mejor pasarlo juntos, en equipo. No se enoje por el aparente caos, más bien, enfóquese en el orden que Dios está desarrollando. En este nivel, la iglesia estaba hecha un desorden. La mayoría de las veces la iglesia es como un edificio público. Un edifico público nunca está prolijo y limpio.

Cuando se construye una casa se comienza por los fundamentos, haciendo pozos en la tierra hasta que la casa se va edificando y está terminada. En medio de ese proceso tenemos desorden y caos.

La iglesia, a veces, representa este proceso. Aunque tengamos un proyecto para el crecimiento y cambio, existirá un desorden antes de crear el orden y crecimiento. Tenemos que regocijarnos en todas las etapas del proceso. Gózate en la obra terminada, y de que algo nuevo está comenzando. Si podemos ver lo bueno en la mayoría de las cosas, nuestra perspectiva estará más llena de fe y menos negativa.

Nuestro problema es que hemos vivido con una cierta clase de orden. Este es el orden nuestro, humano, comprometido con el trabajo de Dios, pero sin entender cómo le gusta trabajar a Él.

Nosotros construimos con nuestra perspectiva de cómo deberían suceder las cosas, no realmente cómo le gustaría hacerlas a Él.

Nuestra versión es predecible. Su realidad no siempre es de nuestro gusto. Él está más preocupado por el crecimiento de la gente que con la prolijidad de la organización. Dios trabaja con su propio estilo de orden en medio de un total caos.

La historia de la creación nos ofrece una perspectiva de cómo le gusta trabajar a Dios. En Génesis 1:2, dice que la tierra era un caos: Estaba “desordenada y vacía”. Las dos palabras hebreas utilizadas aquí son “tohu bohu”. Una expresión totalmente bíblica para referirse a todo lo que era un desorden.

A menudo fallamos pues no podemos ver el orden que Dios está creando en medio del caos que Él está permitiendo. Dios es muy tranquilo. Él es la esencia del descanso, totalmente en paz. Jesús es llamado Príncipe de Paz porque manifestó tranquilidad en varias oportunidades. Él creó paz alrededor de si mismo.

Durante la tormenta en el lago (ver Marcos 4:35-41), Él estuvo en medio de discípulos, temerosos y ansiosos, y declaró lo que Él era. Él estaba totalmente despreocupado y lo demostraba.

Así como los preocupados discípulos con Jesús durmiendo en el bote, nosotros a menudo tenemos la impresión de que a Dios no le importa lo que nos pasa. En medio del caos, Dios frecuentemente está en silencio. ¿Por qué Él está tan quieto y silencioso? Yo creo que es porque quiere enseñarnos a descansar en Él.

Él susurra para que podamos aquietarnos a nosotros mismos para escuchar Su voz. Él habla en una quieta y pequeña voz porque quiere enseñarnos quietud y verdad. En el Salmos 46, el salmista comienza con un terremoto y termina con: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios.” ¡En medio del caos, Dios está trayendo quietud y orden!

El Señor opera desde la quietud. Cualquiera sea el bote en el que estés atravesando la tormenta, Él está en el mismo bote esperando que crezcamos lo suficiente como para pedir Su paz para nosotros mismos. Dios crea el orden sólo desde el caos. Él no crea el orden desde el orden.

Cada nuevo nivel de unción y poder demanda un fresco entendimiento del proceso. Aprender sobre el proceso de la transición nos enseñará cómo esperar la subsecuente voz del Señor cuando envíe la palabra “dijo Dios” (Génesis 1:3; 6; 9; 11; 14; 20; 24; 26; 29), la cual crea el orden desde nuestra actual perplejidad.

El proceso que Dios prefiere es el que desarrolló en la transición del Génesis. La luz de Su palabra irrumpe dentro de la confusión combinada por nuestro razonamiento y experiencia. Nuestro razonamiento es expandido mientras nos movemos con fe y discernimiento nuevos.

En todo este proceso encontramos al Espíritu Santo incubando o gestando, el tohu bohu, y dando vida mientras nos sometemos a la obra de Dios en el proceso de la transición.

El punto es que no podemos mantener nuestro orden y, a la vez, progresar hacia un nuevo nivel de unción. Cuando un nuevo paradigma (ejemplo, modelo) se abre ante nosotros, este nos llevará de vuelta al punto cero.

Los paradigmas no se construyen unos sobre otros, ellos reemplazan al anterior. Nosotros comenzamos otra vez con una nueva dependencia levantándose de una nueva incapacidad. Nuestra dependencia del Señor tiene que ir a niveles más profundos antes que nuestra experiencia pueda alcanzar nuevas alturas. ¡Esto es la transición!

Cuando Él lo considere oportuno, el Señor se levantará en nuestro bote y hablará paz a nuestra situación. La paz viene de la unción con la palabra que el Espíritu libera en nosotros.

En Hechos capítulo uno, ciento veinte personas estaban teniendo una reunión de oración en orden, cuando el Espíritu Santo sopló y creó desorden y confusión. Dios no es autor de la confusión (Ver 1 Corintios 14:33), sin embargo, si no tenemos Su perspectiva de la situación actual, estaremos confundidos.

Mucha gente se confunde porque tienen poca paciencia para detenerse y escuchar a Dios. Nosotros queremos escuchar lo que necesitamos para aliviar nuestra situación. Nosotros estamos comprometidos más con nuestra comodidad que con nuestro desarrollo. El Señor, por otro lado, está comprometido en darnos consuelo en medio de nuestra obediencia a Él en medio de la transición.

La gente estaba confundida en Hechos 2 porque no sabían lo que Dios estaba haciendo. Nosotros, a menudo, inocentemente, pensamos que si el Señor está en algo, no tiene que haber confusión. Ese no fue el caso aquí.

Con frecuencia, cuando Dios entró en acción en alguna situación, trajo confusión. Nosotros vemos gente desconcertada a través de las Escrituras desde Abraham hasta Pablo. Esto es precisamente porque, cuando Dios interviene trae un nuevo orden. Es interesante saber que lo que sucedió en Hechos, según el orden de Dios, dejó a la comunidad cabeza abajo.

Primeramente, hay confusión en la iglesia hasta que se alinean con lo que Dios está haciendo. Entonces su obediencia crea confusión en el mundo y esto coloca a la sociedad cabeza abajo al punto que la gente no se atreve a unirse a la iglesia, pero no puede estar lejos tampoco. ¿Confuso no? Él crea un desequilibrio divino para promover nuestra dependencia de Él.

El Señor está desmantelando los estereotipos y creando un nuevo prototipo de iglesia. Nosotros estamos siendo incomodados por el Señor. Sin embargo, en la medida que nos alineamos con Su propósito, el mundo se sentirá incómodo con nosotros. En definitiva, o se volverán antagonistas o fascinados con lo que el Señor está haciendo. La transición nos lleva a un avivamiento, el cual es efectivo y perseguido, ¡y definitivamente no ignorado!

Hay algo más que está sucediendo que también debemos entender. Hay veces cuando todo lo que intentamos no funciona. Hay una resistencia. Ninguna de nuestras reuniones, intentos de evangelismo, nuevas iniciativas de oración o reuniones de jóvenes parece dar resultado. Nosotros culpamos al enemigo. Como iglesia, ayunamos y oramos. La gente se desanima. Perdemos tiempo tratando de identificar al enemigo que nos está resistiendo… aunque tal vez no sea totalmente la obra del enemigo.

Probablemente la resistencia no sea externa, sino interna. Podría ser que nuestros propios odres son el real problema. Tal vez Dios está tratando de romper nuestro molde para llevarnos a una nueva dimensión de poder y actividad.

No lo olvide: Cuando el caos nos rodea, el espíritu santo está creando o incubando sobre nosotros… el Señor está creando algo nuevo para que podamos cumplir Su santo propósito en nuestras vidas y ministerios.

 


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