EL MATRIMONIO MINISTERIAL Y SUS DESAFÍOS

EL MATRIMONIO MINISTERIAL Y SUS DESAFÍOS

Por Ritchie y Rosa Pugliese

Me refiero a matrimonio ministerial a aquél que tiene un llamado de Dios para cumplir un ministerio especifico según Efesios 4:11 (apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros). Todo matrimonio puede servir con sus habilidades, talentos y dones a nivel general; pero solo ciertos matrimonios reciben el llamado a ocupar una posición de responsabilidad y liderazgo sobre los demás en la Iglesia.

Muchas veces nos deslumbramos por el reconocimiento de la obra del ministerio cuando vemos ministerios con resultados numéricos que los acompañan y gran fama. Pero más allá de las “luces” del éxito, muchos de los que están en el frente espiritual son víctimas de constantes y diversos ataques del enemigo.

El enemigo de nuestras almas tiene en la mira a los que ocupan una posición de responsabilidad y liderazgo en la Iglesia, porque si ellos tienen deslices o caen, el nombre de Dios se manchará, el evangelio se desprestigiará y los matrimonios y ministerios se destruirán.

Junto con mi esposa hemos estado en el frente espiritual desde 1985 y a lo largo de nuestra travesía ministerial hemos atravesado innumerables situaciones que intentaron desviarnos e incluso eliminarnos de la carrera, lo cual por la gracia de Dios no ha sucedido y seguimos creyendo que nunca sucederá.

Sabemos que no hemos sido la excepción y son muchos los que sirven al Señor en el ministerio y deben enfrentar y superar los ataques del enemigo, que pueden venir de la siguiente manera:

1. Criticas y calumnias

Una característica desagradable en la raza humana es la crítica y la calumnia en cualquier orden de la vida. Y servir a Dios en el ministerio no nos exime de padecerlas. Es inevitable que los que están al frente de batalla en el servicio a Dios sean víctima de críticas y calumnias. Con frecuencia se los critica y se los juzga sin conocer la verdad y aunque hagan lo bueno. Si este es tu caso, gózate porque “si haciendo lo bueno [sufres y lo soportas]… [eres] aprobado delante de Dios” (1 Pedro 2:20). Aún mucho más cruel es cuando aquellos que nos prometieron su amistad y confianza son los primeros en traicionarnos y hablar a nuestras espaldas. Sin embargo, como “buen soldado de Jesucristo” (2 Timoteo 2:3) debemos imitar a Jesús y encomendar “la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:23).


2. Desánimo y desaliento

La característica de toda persona que decide servir al Señor es el celo por la obra de Dios. Y en ese celo, muchas veces, renunciamos a muchas cosas de la vida personal y familiar e incluso invertimos recursos económicos sin saber si algún día los podremos recuperar. Sin embargo, cuando los resultados que esperamos no se concretan y nuestros sueños o anhelos ministeriales se demoran o posponen es muy fácil caer bajo el desánimo y el desaliento.

Por eso es necesario protegernos con el escudo de la fe como declara: Efesios 6:16: “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” y desarrollar el hábito de la paciencia y la perseverancia. Esto ya le pasó al mismísimo profeta Elías, quien después de haber logrado una gran hazaña espiritual, cayó víctima del desánimo y el desaliento debido a las amenazas de la malvada Jezabel. No obstante, Dios le envió un ángel para consolarlo y lo mismo te dice a ti: “Levántate y come, porque largo camino te resta” (1 Reyes 19:7).


3. El pecado personal

Con frecuencia, el principal enemigo de los que sirven a Dios no es el diablo, sino ellos mismos. Las falencias, los errores y las debilidades humanas muchas veces son más peligrosas que cualquier ataque del enemigo. No en vano el apóstol Pablo le dijo a su hijo espiritual, Timoteo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16). A menudo el ministerio puede ser una trampa, en la que podemos caer ante el menor descuido. Esta es la trampa de las “tres F”: Fama, Faldas y Finanzas, en la cual muchos matrimonios ministeriales han caído y han sufrido los estragos de las consecuencias en su propia vida y en el ministerio.

De modo que es importante que recordemos siempre, ya sea individual o matrimonialmente, que a pesar del llamado y la unción del Espíritu Santo sobre nuestra vida, seguimos siendo hombres y mujeres falibles, necesitados de la gracia del Señor y el poder del Espíritu Santo.


4. Problemas de salud

La Organización Mundial de la Salud define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de afecciones o enfermedades”. Por muy obvio que parezca, necesitamos salud, en toda su expresión, para poder hacer la obra de Dios y cumplir la misión que Él nos ha encomendado. La máxima popular expresa “salud, divino tesoro”, y no podría ser más acertada. Si tuviéramos millones de dólares en el banco y no tenemos salud no lo podríamos disfrutar. Y desde luego que si estamos postrados en una cama no podemos trabajar en la obra del ministerio. Una de las cosas que, por lo general, más descuidamos los que servimos a Dios es precisamente nuestra salud. En el afán de darle todo a Cristo, no tenemos en cuenta la necesidad de descanso, una alimentación balanceada y la supervisión médica cuando sea necesario. El mismo Jesús declaró “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Mateo 9:12). No podemos prosperar en la tarea del ministerio si no tenemos salud. “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 1:2).


5. Problemas financieros

Sin duda este es uno de los retos más grandes que enfrentan muchos de los que sirven a Dios. Por su puesto que los que trabajan en ministerios grandes y famosos no tienen este problema. Pero son muchos los que sirven en una obra pequeña o en una iglesia que recién se inicia y padecen de escasez económica. Cuando esto sucede, lo primero que se resiente son las finanzas del matrimonio ministerial, hecho que cuando se prolonga puede afectar negativamente la vida del matrimonio.

Creo firmemente y predico que Dios es nuestro Gran Proveedor, que suple todo lo que nos falta conforme a sus riquezas en gloria (Filipenses 4:19). Sin embargo, cuando la situación económica es muy grave toda persona sabia buscará un trabajo secular para su sostenimiento económico y para aliviar la carga que puede ser demasiado pesada de llevar. Muchas veces el enemigo usa la escasez económica para traer destrucción al matrimonio y, por ende, al ministerio. No caigas en su trampa. El Señor conoce tu corazón y sabe que anhelas trabajar para Él y dedicarte a su obra a tiempo completo. Pero tal vez, por un tiempo, tengas que buscar un trabajo secular para el sostenimiento de tu familia y trabajar en el ministerio menos tiempo. “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero” (2 Timoteo 2:6).

Como puedes ver, son muchos los enemigos que intentan hacerte deslizar y retroceder del llamado y ministerio que Dios te ha dado. El desafío de servir a Dios es muy grande, pero puedes tomar aliento en la verdad de Isaías 54:17: “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová”.

 


Publicado en: Artículos | Matrimonios

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