DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS: EL RADAR DE DIOS

DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS: EL RADAR DE DIOS

Hace un tiempo atrás en una iglesia de Sudamérica sucedió algo sorprendente. Un predicador extranjero fue invitado a predicar a una iglesia. Su mensaje fue altamente elocuente y de motivación. Hasta los pastores de esa ciudad quedaron admirados por la exposición. Días más tarde, uno de los pastores de lugar notó algo extraño, casi imperceptible, en la vida del predicador. Comenzó a orar y a investigar acerca de la vida privada del predicador.

Para la sorpresa de todos descubrieron que éste hombre había venido al país con una mujer que no era su legítima esposa. Él había dejado abandonada a su familia y vivía en abierto adulterio. Todo se descubrió porque un siervo de Dios tuvo discernimiento espiritual. De esa manera se evitaron males posteriores.

La Biblia nos habla que Dios tiene un radar para que los suyos lo utilicen y ese es el discernimiento de espíritus.
El discernimiento de espíritus es una frase incomprensible para el reino de lo natural, pero para el reino del Espíritu de Dios es un arma invalorable para desenmascarar lo que opera detrás de una persona, situación o lugar.

La Palabra de Dios nos anima en 1 Juan 4:1 a “probad los espíritus”. Para poder hacerlo es necesario utilizar la herramienta poderosa del reino del Espíritu llamada discernimiento.

Así como en una guerra los radares son de gran utilidad para detectar la llegada de los aviones y fuerzas de enemigo, de la misma manera en la guerra espiritual el discernimiento de espíritus nos alerta de la llegada o presencia del enemigo.

¿Qué es el discernimiento de espíritus? Es un don dado por el Espíritu Santo al Cuerpo de Cristo para evitar la infiltración sigilosa de los demonios. No se obtiene por realizar un curso o estudiar sobre él. Se recibe por la Gracia de Dios.

La Biblia nos dice en 1 Corintios 12:10 que es un don y que es también patrimonio de los que están alcanzando madurez espiritual (Hebreos 5:14). El que es inmaduro en las cosas de Dios puede ser engañado con facilidad. El cristiano maduro, bíblicamente hablando, debería discernir con facilidad.

Cuando alguien esté ministrando, sea por medio de un canto, predicación, o en cualquier otra situación, si estamos en buena comunión con el Espíritu Santo, nuestro espíritu podrá darse cuenta que hay detrás de todo esto: la presencia de Dios, la carne o los demonios.

En los días que vivimos, debemos ejercer discernimiento de espíritus para poder desenmascarar y ver lo que hay detrás de las personas, situaciones o lugares dentro y fuera del contexto de la Iglesia.

Todo aquel que de una forma u otra sirve activamente al Señor, debe desarrollar cierto nivel de discernimiento. Muchas veces las personas vienen a nosotros con mentiras disfrazadas de verdad. Otras veces las situaciones parecen a simple vista tranquilas e inocentes, pero con el radar de Dios las veremos cómo en realidad son. No olvidemos que las maquinaciones del enemigo son constantes contra el pueblo de Dios. Es por eso que necesitamos esta arma tan importante para desenmascarar al diablo y sus demonios.

Todo lo que es de Dios bendice, edifica nuestro espíritu y nos da una sensación de paz interior. Cuando experimentemos un “choque” o una sensación interna de rechazo (que va más allá de todo razonamiento o sentimiento humano), sumada a la falta de paz interior, estemos alertas: Puede haber alguna interferencia en los aires y/o una presencia maligna invisible alrededor.

Es importante aclarar que el discernimiento de espíritus no es un don para ir a la caza de los demonios. Este don se activa automáticamente y fluye ante la presencia oculta o disfrazada de las fuerzas de maldad en aquellos que practican una vida llena del Espíritu Santo.

A continuación veremos tres personas que ejercieron en la Biblia el discernimiento de espíritus: 1) El profeta Natán; 2) El Apóstol Pedro y 3) El Señor Jesucristo.

1) EL PROFETA NATÁN
Leyendo 2 Samuel capítulos 11 y 12 (favor de leerlo) nos encontramos en el tiempo cuando David, rey de Israel, había actuado contra la voluntad de Dios adulterando con Betsabé y enviando a matar al esposo de ella (Urías Heteo). La Biblia dice que luego del duelo realizado por Betsabé, David la tomó como esposa (11:27). A simple vista todo transcurría sin alteración alguna, “como si nada hubiera pasado”. Para el reino de lo natural y externo todo era normal, no así para el reino del Espíritu de Dios. Es posible engañar a los hombres pero a Dios no.

Es posible engañar a un cristiano carnal pero no es posible hacerlo con alguien que es maduro espiritual. Natán era un profeta de Dios. Él sabía cómo moverse en el terreno de lo espiritual y sobrenatural. Por eso el relato bíblico continúa así en 12:1 “Jehová envió a Natán a David”. Natán estuvo alerta a la voz de Dios y estuvo presto a moverse en el Espíritu de Dios. El Señor le dijo: - Siervo mío, ve a corregir a David -. Natán obedeció y fue a verlo.

¡Cuántas veces Dios nos ha mostrado deficiencias o algo “raro” en ciertas personas, situaciones o lugares y nosotros para no quedar mal con ellos les decimos NO a la voz del Espíritu Santo! Si queremos discernir correctamente, primero debemos oír en el Espíritu la voz de Dios.

El pasaje sigue diciendo en 12:1 “viniendo a él le dijo”. Vemos que Natán actuó con fe y por la fe. Visiblemente no tenía ninguna prueba contra David. Si tenemos discernimiento de espíritus vamos a notar, hasta con cierta facilidad, lo que fluye de los demás. La actitud correcta del que ejerce discernimiento no es condenar sino restaurar y edificar al hermano. Además debe tomar autoridad en el Nombre de Jesús, para atar y echar fuera a todo espíritu inmundo de las tinieblas.

Cuando en nuestro espíritu no haya libertad ni una sensación de paz interior frente a alguna persona, situación o lugar, es muy probable que detrás de esto haya algo ajeno a la presencia de Dios. Debemos confiar a cada paso que el Espíritu Santo nos guiará a toda verdad para desenmascarar las mentiras del diablo.

En los vv. 1-4 podemos notar que Natán comienza a contarle a David una historia. Vemos al profeta empezando a corregir al rey con Gracia de Dios. Esa es la actitud que nosotros debemos también tener. Nuestra actitud siempre debe ser la de edificar y ayudar a los demás.

En el v.5 vemos la reacción de David: “… el que tal hizo es digno de muerte”. La reacción de David es lo que generalmente tienen aquellos que han sido desenmascarados. A la carne no le gusta reconocer sus errores y pecados. Sólo ante la presencia del Espíritu Santo, que lo convence, puede reconocer su error. Cuando eso sucede, entonces lo que sigue es la confesión: “pequé contra Jehová (v.13).

El moverse bajo cualquier influencia en el Reino de Dios, menos en la del Espíritu Santo, es una blasfemia contra Dios (v.14).

Utilizando el discernimiento de espíritus debemos por un lado restaurar la presencia de Dios y a la vez desterrar y echar fuera la presencia maligna o carnal.

2) EL APÓSTOL PEDRO
En Hechos 5:1-11 leemos que Ananías y Safira eran hermanos en la fe, discípulos seguidores de la doctrina de los Apóstoles. Este matrimonio había vendido una heredad y retuvieron una parte para sí mismos, que no les correspondía pues era la parte de Dios.

Aparentemente todo marchaba bien y nadie podría darse cuenta. Era un secreto entre ellos dos… y Dios… hasta que se enfrentaron con un siervo del Señor: Pedro (v.3). Este le dijo primero a Ananías (vv.3-4) “… ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo?… No has mentido a los hombres sino a Dios”

Tres horas más tarde veamos lo que le sucedió a Safira su esposa: “Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor?”. La trinidad misma quiso ser engañada pero eso no pudo ser, pues Dios todo lo conoce. Debemos ejercer discernimiento de espíritus para evitar que en el Cuerpo de Cristo se introduzcan las mentiras del enemigo y los deseos retenedores de la carne.

Los vv. 5 y 10 dice cuál fue el final de Ananías y Safira: “expiraron”. No se arrepintieron de lo que habían hecho. Estaban cegados por la carne y Satanás. Por eso la Biblia dice: “la paga del pecado es la muerte” (Romanos 6:23a).

Note que en los vv. 6 y 10 se mencionan la palabra “jóvenes”. En términos espirituales significa que los que son maduros espirituales deben ejercer el discernimiento de espíritus para enseñar a los menos maduros a no ser engañados.

Antes de ofrecerle un puesto de liderazgo u ofrecerle el púlpito a alguien, ejerzamos discernimiento de espíritus para ver con los ojos de la fe que hay detrás de esa persona, cuál es su corazón, su motivación.

De la misma manera, antes de que alguien pueda ocupar un lugar de autoridad y responsabilidad en el reino de Dos deberíamos evaluar cuánto discernimiento tiene. El “radar de Dios” tiene que funcionar bien en todo aquél que tiene un ministerio u ocupa alguna posición de liderazgo espiritual.

Algo importante para destacar es que cuando algo funciona mal en el Cuerpo de Cristo, el mismo Cuerpo de Cristo, en un consenso, debe discernir donde está el espíritu de error. Cuando más madura sea una congregación mayor discernimiento ejercerá. Como consecuencia, menos será la posibilidad de infiltración de algún espíritu ajeno al Espíritu de Dios.

3. EL SEÑOR JESUCRISTO
Durante su ministerio terrenal, el Señor ejerció discernimiento de espíritus. Lucas 5:22 dice: “Jesús… conociendo los pensamientos de ellos…”; Mateo 12:25 dice” sabiendo Jesús los pensamientos de ellos…”. Lo que nadie podía oír, Jesús lo oyó; lo que nadie podía ver, Él lo vio. Esta también debe ser la característica de los siervos de Dios.

Juan 2:24-25 dice: “Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el hombre”. ¡Esto sí es discernimiento! La gente iba en busca de Jesús por las señales y las bendiciones materiales mientras que Él iba en busca de lo que se había perdido para enseñarles el evangelio del Reino de Dios.

Ante el Señor todo ser humano está desnudo, todo es como un vidrio transparente. La luz siempre pone en evidencia a las tinieblas. Si discernimos correctamente podremos saber, aún antes de ver, los pensamientos y/o acciones que atenten contra el buen funcionamiento del Cuerpo de Cristo. Sabremos como desbaratar toda obra infructuosa de las tinieblas.

¿Nos damos cuenta de la necesidad imperiosa que tenemos de discernir los espíritus? Desbaratemos toda irregularidad originada por el enemigo o por los hombres que intente levantarse contra el conocimiento de Dios. ¿Cómo hacerlo? Utilizando el arma estratégica que Dios ha provisto a su pueblo: Discernimiento de espíritus...¡El radar de Dios!

 


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