CÓMO ESTAR ALINEADOS CON EL MOVER PROFÉTICO DE DIOS

CÓMO ESTAR ALINEADOS CON EL MOVER PROFÉTICO DE DIOS

La administración de la revelación de los secretos y misterios de Dios

La Palabra de Dios dice 1 Corintios 2: 9-10 “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.”

En el reino de Dios existen cosas secretas y reveladas como lo expresa Deuteronomio 29:29 dice: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.”

Las cosas reveladas no necesitan descubrirse pero existen secretos y misterios del Reino que Dios sí quiere que conozcamos y que solo pueden ser obtenidos por medio del Espíritu Santo. El Señor no quiere guardarse esos secretos sino compartirlos con los suyos, como dice Amós 3:7 “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.”

Además, Dios quiere que los suyos administren bien lo que él les revela. En 1 Corintios 4:1 leemos: “Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.”

Como Iglesia, y quizás más que nunca en este tiempo, necesitamos estar alineados con lo que Dios quiere hacer y está diciendo. Para poder llevar a cabo todo esto, existe un fluir profético genuino en el cual el Señor quiere que nos introduzcamos.

En cuanto a lo profético podemos decir que en la Biblia se nos anima a buscar los dones del Espíritu pero por sobre todo a profetizar (1 Corintios 14:1), también se nos impulsa a procurar profetizar (1 Corintios 14:39) ya que eso edifica a la Iglesia (1 Corintios 14:4) y aún es efectivo para ministrar a los indoctos o incrédulos (1 Corintios 14:23-25). En síntesis, somos llamados como pueblo de Dios a no menospreciar el mover profético del Espíritu (1 Tesalonicenses 5:20).

Las herramientas que Dios nos ha dado para acceder a lo profético son los dones de revelación de 1 Corintios 12:8-10 (palabra de ciencia, palabra de sabiduría, discernimiento de espíritus) y los de inspiración (profecía).
Para poder estar alineados con el mover del Espíritu Santo se hace necesario entender lo que es el fluir profético, comúnmente llamado en el ámbito carismático como “la unción de Isacar”. ¿Qué es la unción profética de Isacar? ¿Cómo opera la unción de Isacar? ¿Cómo se puede recibir la unción de Isacar?

El trasfondo histórico
Para comenzar leamos lo que dice 1 Crónicas 12:32 “De los hijos de Isacar, doscientos principales, entendidos en los tiempos, y que sabían lo que Israel debía hacer, cuyo dicho seguían todos sus hermanos.”

En los tiempos del Antiguo Testamento en Israel había personas que eran entendidos en los tiempos y sabían lo que Israel debía hacer. Dios les revelaba a ellos cosas y les daba directivas para transmitirlas a los demás. ¡La tribu se caracterizaba por un fluir profético del Espíritu Santo y todas las demás tribus se movían en ese ritmo!

En los tiempos que vivimos como Iglesia, Dios está buscando personas que también sean entendidas en los tiempos y las estaciones de la vida. Dios necesita que su iglesia fluya proféticamente.

Haciendo un poco de historia: ¿Quién fue Isacar?
Fue el noveno hijo de Jacob y el quinto de Lea. No se nos dice nada sobre su persona pero si sobre sus hijos, que tenían habilidades especiales.

Ellos conocían los tiempos de manera profética y esto estaba asociado con los dones de ver (palabra de sabiduría, palabra de ciencia, discernimiento de espíritus y profecía).

Isacar tuvo revelación, conocimiento acerca de los tiempos y las etapas o estaciones de la vida. Ellos podían ver el futuro e interpretar lo que Dios les estaba diciendo y dar sabios consejos. La tribu de Isacar era sin dudas una tribu profética, y por su don ocupaban posiciones estratégicas.

Isacar era la segunda tribu en el orden de marcha de Israel, detrás de Judá y delante de Zabulón. Judá lideraba pero necesitaba a su lado los dones de Isacar.

En la diagramación de las tribus rodeando el tabernáculo, a la puerta de entrada estaban Judá, Isacar y Zabulón como guardianes. En los territorios repartidos en la tierra prometida Isacar estaba al sur de Zabulón.

En la profecía de Jacob sobre Isaac en Génesis 49. Isacar era una tribu valiente. En 1 Crónicas 7 se dice de ellos que eran valientes. Cuando Tola de la tribu de Isacar juzgó a Israel, la tierra reposó por veintitrés años (Jueces 10:1).

El mejor cuadro de Isacar lo tenemos reflejado en una mujer, Débora. Ella vivió en el territorio de Isacar. Ella tuvo la unción de Isacar (Jueces 5:15). Ella fue una esposa y madre de Israel, fue gobernadora, profeta, poeta, cantante y guio a los ejércitos de Israel a la batalla. Hubo un enemigo llamado Sisara que era un cananita que oprimía a Israel. Este tenía un ejército muy poderoso de novecientos carros ultramodernos para la época y oprimieron por veinte años a Israel (Jueces 4:3). Dios utilizo a Débora y junto con Barac liderando lo vencieron. Débora era una mujer profética…ella conocía los tiempos.

Necesitamos saber que tener la unción de Isacar no es algo automático. Debemos buscarla y pedírsela al Señor. ¿Cómo obtenerla?

La dimensión del tiempo
Dijimos anteriormente que la unción profética o la unción de Isacar es necesaria para entender los tiempos y las estaciones de la vida, para saber cómo y hacia dónde debemos movernos o accionar. No solo es para ser utilizada dentro de las paredes de una iglesia y en una reunión sino que abarca cada aspecto de la vida.

Por eso antes de saber cómo obtener esa unción debemos hablar acerca del tiempo. El tiempo es la manera de Dios de hacer que todo suceda paulatinamente.

En la Biblia tenemos tres palabras para definir la palabra “tiempo”: “Cronos” y “Kairos” y “Pleroó”. La primera es el tiempo calendario, cronológico. La segunda es el tiempo específico, oportuno, un tiempo cuando Dios actúa (Mr. 1:15), cuando él interviene insertándose en nuestro “cronos”. Cuando llega ese momento específico “kairos” se le inserta a su vez la tercera palabra, “pleroó” o tiempo del cumplimiento (Gálatas 4:1). El ejemplo del embarazo clarifica el tema de los tiempos. El embarazo es de nueve meses (tiempo cronos), cuando comienzan los dolores de parto es el tiempo “Kairos” y cuando el bebe nace es el tiempo “Pleroó”.

En el tiempo “kairos” es cuando las cosas de Dios suceden y se originan cambios (de viejas estructuras, métodos, tradiciones, hábitos, manea de pensar, etc) a algo nuevo y fresco del Espíritu. Ejemplo: Un tiempo de avivamiento.

Ahora bien, ¿Cómo obtener la unción profética de Isacar?

1. Alinearnos en el mover de Dios
Para entender el mover profético del Espíritu necesitamos saber y entender que Dios tiene su propio calendario profético. Allí el revela su tiempo y lo que él quiere hacer con los suyos en determinados momentos. Allí el revela las estaciones o tiempos proféticos. Dios no cambia pero si sus tiempos y estaciones en la tierra.

El Espíritu Santo se mueve y se hace necesario alinearnos bajo la nube de gloria. Éxodo 4:35-37 dice: “Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo llenaba. Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba.” Números 9:21-22 “Y cuando la nube se detenía desde la tarde hasta la mañana, o cuando a la mañana la nube se levantaba, ellos partían; o si había estado un día, y a la noche la nube se levantaba, entonces partían. O si dos días, o un mes, o un año, mientras la nube se detenía sobre el tabernáculo permaneciendo sobre él, los hijos de Israel seguían acampados, y no se movían; más cuando ella se alzaba, ellos partían.”

La nube representa la manifestación de la presencia de Dios y existía la bendición por estar debajo siempre de esa nube o el peligro de no estar bajo la nube.

Para que su pueblo estuviera siempre bajo su favor, Dios creó un calendario profético (lo cual fue mal enseñado y tratado solo como “fiestas para los judíos”) el cual incluye ciclos repetitivos:

Primer ciclo: El “Shabbat” (semanal) donde cada semana se aparta un día para descansar y gozar de las bendiciones de Dios. Esto fue establecido en Génesis 1 y en Isaías 58:14 se nos da promesas de bendiciones por guardarlo.

Segundo ciclo: Primeros frutos (mensual) donde el pueblo se reunía el primer día de cada mes para recibir revelación profética para ese mes y dar una ofrenda figurativa por fe por lo bueno que vendría en ese mes. Allí ellos escuchaban a los profetas y obtenían dirección.

Tercer ciclo: Las fiestas bíblicas (anual). Eran tres celebraciones o fiestas: Pascua, Pentecostés y Tabernáculos a través de las cuatro estaciones del año y cada fiesta tenía diferentes propósitos especiales:

A. Pascua era un tiempo “Kairos” o específico donde Dios traía liberación.
B. Pentecostés era un tiempo “Kairos” o específico donde Dios traía provisión.
C. Tabernáculos: era un tiempo “Kairos” o específico donde Dios se manifestaba de manera más especial.

Dios mismo “guardó”, por así decirlo, estas celebraciones porque Jesús fue crucificado en el tiempo de pascua. Por eso se le dice “el cordero pascual”. También Jesús, según se cree, nació alrededor de la fecha de la celebración de los tabernáculos (Setiembre-Octubre). Por eso Juan 1:14 dice que el verbo se hizo carne y habitó (habitar en el griego: Hacer un tabernáculo o lugar de morada) entre nosotros. El Espíritu Santo se derramó el día de Pentecostés y era la provisión de Dios para el cumplimiento del Nuevo Pacto.

2. Démosle la bienvenida a lo profético
Esto es necesario para saber hacia dónde vamos. Dios conoce cada etapa, transición, cada puerta por donde debemos entrar, pero nosotros no. En Jeremías 29:11 tenemos el plan general de Dios para nuestras vidas: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.”

Él quiere dirigirnos y para eso la profecía nos revela el camino. Sin esto estaremos como en un camino donde hay niebla que no se ve más allá de nuestras narices.

2 Crónicas 20:20 “… Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.” Note la secuencia: 1) Creerle a Dios por sobre todo es para estar seguros y luego 2) Creerle a sus profetas para ser prosperados.

En síntesis, necesitamos:
Valorar lo profético como algo dado por Dios y no menospreciarlo
Anhelar profetizar
Procurar profetizar
Prestar atención a lo que dicen los profetas
Examinar las profecías
Aprender principalmente a oir a Dios por nosotros mismos y en la comunidad del Reino.

ACTIVA EL MOVER PROFÉTICO
Pasos para tener en cuenta:

1. Por el principio de autoridad espiritual, siempre Dios trabaja de arriba hacia abajo.
El Salmos 133 detalla que la unción se derrama de arriba hacia abajo. Los líderes espirituales de las congregaciones somos llamados primero a sumergirnos en el mover profético genuino de Dios y luego impartirlo hacia aquellos que influenciamos con nuestro ministerio.

En Romanos 1:11 (NVI) leemos: “Tengo muchos deseos de verlos para impartirles algún don espiritual que los fortalezca;”. Los líderes espirituales son llamados a bendecir al pueblo y esto implica impartirles lo espiritual, incluido lo profético. Por la experiencia, cuando un mover del Espíritu se origina entre la gente antes que en los líderes se puede originar un caos espiritual que puede conducir a disputas y divisiones. ¡Cuidado!

2. No tengamos miedo de soltar la unción profética sobre la congregación
Aprendamos del Apóstol Pablo que dijo en Hechos 20:26-27 “estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” Anunciar todo el consejo de Dios incluye por cierto enseñar e impartir todo lo relacionado con lo profético.

No olvidemos que siempre el Espíritu Santo respetará a las Sagradas Escrituras y viceversa. Muchos creen que todo se descontrolara si le damos lugar al Espíritu para que se mueva como quiera. En este punto se hace necesario definir si seguiremos teniendo el control nosotros de la congregación o si se lo dejamos al Señor. El cuidará a su Iglesia de todo posible desvío.

3. El mover profético no es lo máximo sino algo más que Dios quiere que suceda en su pueblo
Podemos caer en la exageración de sobre enfatizar o exagerar lo profético, lo cual no es lo conveniente. Dios nos llama a enseñar y ministrar al pueblo todo el consejo de Dios (aquí está incluido todo lo profético como mencionamos anteriormente).

Cuando lo hagamos, Dios nos dirigirá paso a paso y podremos experimentar su preciosa y bendecida voluntad para nuestras vidas individualmente y como comunidad del Reino.

 


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